¡Quemadme!, por Oskar Maria Graf

Retrato de Oskar Maria Graf, por Georg Schrimpf ((1889-1939)

No he podido resistir la tentación de publicar íntegro este pequeño artículo de Oskar Maria Graf que apareció por primera vez el 12 de mayo de 1933 en el Wiener Arbeiterzeitung. El texto habla y se comenta por sí solo y no tiene desperdicio.

«Como casi todos los intelectuales de izquierdas y socialistas convencidos de Alemania, también yo he sufrido en carne propia las bendiciones del nuevo régimen: durante una ausencia casual, la policía apareció en mi piso de Munich con la intención de detenerme. Confiscó gran parte de mis manuscritos, que será imposible recuperar, material para investigaciones que me costó muchísimo reunir, la documentación comercial al completo y buena parte de mis libros. El destino más probable de todo esto es la hoguera. He tenido por tanto que abandonar mi hogar, mi trabajo y-lo que es quizás más triste-la madre patria para evitar el campo de concentración.

Pero la sorpresa más agradable me la acabo de llevar ahora mismo: según el Berliner Börsenkurier, mi nombre figura en la ‘lista blanca de autores’ de la nueva Alemania y, a excepción de Somos prisioneros (obra del propio Graf, N. del E.), se recomienda la lectura de mis libros; esto es, ¡me acaban de proclamar uno de los exponentes del ‘nuevo’ espíritu alemán!

En vano me pregunto: ¿qué he hecho para merecer esta afrenta? El Tercer Reich ha renegado de la verdadera literatura alemana, ha repudiado a casi todos los escritores de rango, los ha condenado al exilio y ha impedido que sus obras se publiquen en Alemania. la inopia de unos pocos presuntuosos escribidores coyunturales y el desenfrenado vandalismo de los actuales detentadores del poder se unen para exterminar aquella parte de nuestra literatura y nuestro arte que tiene validez universal, y para suplantar la idea de lo ‘alemán’ por el más cerril nacionalismo. Un nacionalismo capaz de aplastar sin pestañear la más mínima aspiración de libertad, un nacionalsocialismo que puede dictar una orden para que mis amigos, soclalistas íntegros, sean perseguidos, encarcelados, torturados, asesinados o incitados al suicidio por pura deseperación.

Y los representantes de este bárbaro nacionalismo, que no tiene nada, absolutamente nada de alemán, ¡tienen la osadía de reivindicarme como uno de sus ‘intelectuales’, de incluirme en su llamada ‘lista blanca’, que ante la conciencia universal sólo puede ser una lista negra!

¡No merezco esa deshonra!

Por todo lo que he vivido y escrito, tengo el derecho a exigir que mis libros sean condenados a las llamas purificadoras de la hoguera y no acaben en las manos sangrientas ni en los cerebros podridos de la banda criminal de las camisas pardas.

¡Quemad las obras del espíritu alemán! ¡Será tan inextinguible como vuestra afrenta!»

Oskar Maria Graf

12 de mayo de 1933

Wiener Arbeiterzeitung

Oskar Maria Graf (1894-1967)

Bertold Bretch y Oskar Maria Graf en Nueva York en 1944

Oskar Maria Graf era el noveno hijo de una modesta familia de panaderos en el pueblecito bávaro de Berg. Cuando Oskar acabó los estudios primarios se puso a trabajar en la panadería familiar, que ahora regentaba su hermano mayor tras la muerte del padre. Como no soportaba la actitud de su hermano, Oskar se fue a Munich con 17 años, con la idea de convertirse en escritor, que era su afición secreta. En la capital bávara trabajó en diversos oficios, pero logró introducirse en la vida bohemia muniquesa, contactando con intelectuales anarquistas y círculos literarios expresionistas. En 1914 publicó sus primeros poemas en la revista Die Aktion.Durante la Gran Guerra combatió en el frente del Este. Poco después fue declarado incapacitado para el servicio militar por razones psíquicas. Tras la guerra participó en la fallida Revolución bávara de 1919, y casi dio con los huesos en la cárcel, de la que se libró gracias a la intervención de Rainer Maria Rilke. Entre 1919 y 1926 fue dramaturgo en el teatro obrero Die Neue Bühne. En 1927 publicó su novela autobiográfica Somos prisioneros y en 1928 El Decamerón bávaro, colección  de cuentos satíricos y eróticos. Con la llegada de los nazis al poder, Oskar Maria Graf emigró a Praga y posteriormente a Nueva York, donde finalizó en 1940 su obra más conocida, La vida de mi madre, donde recuerda Baviera con una mezcla de nostalgia y denuncia. Durante la Segunda Guerra Mundial fue presidente de la German-American Writers Association, y publicó en la revista judeoalemana Aufbau. Regresó esporádicamente a Europa para dar conferencias, pero su residencia la había establecido definitivamente en EEUU, país que le concedió la ciudadanía en 1957. Escribió artículos en publicaciones norteamericanas y alemanas, poemas, relatos y novelas y fue un reconocido pacifista. Murió en Nueva York en 1967.

Oskar Maria Graf fue, según el New York Times, «uno de los primeros y más radicales opositores al régimen nazi». Era un típico bávaro que se paseaba por Nueva York con los típicos pantalones de cuero de su tierra, y supo enseguida que el experimento nazi no traería más que dolor y destrucción. Tras un legendario artículo publicado el 11 de mayo de 1933 en el Wiener Arbeiterzeitung, en el que Graf reprochaba a los nazis que sus libros no fueran quemados junto al de otros muchos intelectuales alemanes y austriacos (muchos de ellos judíos), las autoridades nacionalsocialistas atendieron diligentemente su petición y organizaron una hoguera sólo para sus libros en el patio de la Universidad de Munich. Por cierto, el artículo era toda una declaración de intenciones explícitas, pues se tituló nada más y nada menos que ¡Quemadme!. No deseaba de ninguna manera ser uno de los «exponentes del nuevo espítiru alemán». Claro, Graf era el típico muchachote bávaro. En Baviera había surgido el movimiento nazi, y a éstos les hubiese gustado tener entre sus filas a un intelectual representante de la raza aria como él…, pero no pudo ser.