El Alto Cuartel del Führer y sus ocupantes

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El «Alto Cuartel del Führer» era el búnker de Hitler en Berlín. Contenía la «suite» privada del dictador, su cuarto de baño, el alojamiento de sus perros, el dormitorio y las habitaciones que compartía con Eva Braun; los alojamientos de los criados; una clínica con quirófano; el estudio de Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda; una centralita telefónica y un largo corredor central.

Bormann, tan meticuloso siempre, confeccionó una lista de los ocupantes del búnker al comienzo de la Batalla de Berlín. Esta lista fue utilizada después en la caza de nazis posterior a la caída de la capital alemana y sirvió como pretexto de acusaciones mutuas entre soviéticos y occidentales de ocultarse información sensible respecto al asunto de los nazis escapados. En la lista de Bormann figuraban los siguientes personajes: Eva Braun; Blondi, la perra alsaciana de Hitler; el doctor Stumpfegger, médico personal de Hitler; el dr. Goebbels y familia (esposa y seis hijos); Fräulein Manzialy, cocinera vegetariana (Hitler era vegetariano asímismo); Heinz Lorenz, del Ministerio de Propaganda; el Delegado de Martin Bormann, Zander; el cuñado de Eva Braun, Hermann Fegelein; el coronel Nicolaus von Below, oficial de enlace de Hitler; el almirante Voss, oficial de enlace de Ribbentrop, ministro de Exteriores; el comandante Willi Johannmeier, ayuda de campo de Hitler; dos pilotos, Hans Bauer y George Beetz; Werner Naumann, de Ministerio de Propaganda; el general Burgdorf y su ayudante, el teniente coronel Weiss; el general Hans Krebs, jefe de Estado Mayor; el comandante Bernd von Freytag-Loringhoven, ayudante de Krebs; y por último un oficial ordenanza que posteriormente describió el ambiente de aquellos últimos días del régimen nacionalsocialista, el capitán Gerhard Boldt.

¿Qué fue de ellos? Hitler, Eva Braun y la familia Goebbels se suicidaron (a los hijos más bien, «los suicidaron» con cápsulas de cianuro). Stumpfegger resultó muerto al intentar fugarse en el último instante. Nauman, dado por muerto por entonces, años más tarde volvió a dar señales de vida, y fue acusado de promover un movimiento neo-nazi. El piloto Beetz falleció. Hans Bauer fue capturado por los rusos. De hecho, de los que no se suicidaron, pocos escaparon de caer en manos soviéticas. Por ejemplo, Zander, que fue liberado tras el suicidio de Hitler. Lorenz y Johannmeier lograron abrirse paso entre los cientos de miles de soldados soviéticos que ocupaban la zona de Berlín. Zander se convirtió en jardinero bávaro, y logró llegar hasta los escondites de Baviera, llevando consigo copias del último testamento de Hitler.

Por cierto, de Bormann nada más se supo. Su enigma disparó la imaginación de muchos y la invención de las historias más disparatadas sobre su paradero. Hasta 1972, año en el que se descubrieron dos cadáveres enterrados en las inmediaciones de una estación de metro berlinesa. El análisis forense de uno de los cráneos hizo sospechar a los investigadores que se trataba de Bormann. En 1998, a través de técnicas avanzadas de identificación por ADN, fue confiirmado que uno de los cuerpos pertenecía a Bormann. Así que, asunto zanjado: Bormann había muerto poco después de escapar del búnker de Hitler.

Lida Baarova la amante de Goebbels

lida-baarovaLida Baarova fue la amante más importante de Goebbels.  Lida era una artista de cine Checa, que tenía gran éxito en el cine alemán, vivía con un famoso actor, cerca de la casa del ministro. En un congreso en Nuremberg, Hitler le pregunto si estaba casada con el actor alemán, ella y Goebbels respondieron a la vez que no. Luego se volvieron a ver en la ópera y mientras el cantante decía «Ich liebe dich» te quiero, Goebbels le susurró al oído «Ich dich auch» y yo también.

Goebbels tenía la reputación de ser un hombre que trabajaba día y noche, esto le sería útil en lo que respecta a las mujeres porque sabía cómo dedicarles el halago definitivo por parte de un hombre ocupado y dedicarles tiempo sin que pareciera importarle el que tuviera un compromiso en otro lugar.

Lida asistió a otro recepción en el congreso donde Goebbels  se acercó a ella media hora antes del discurso que debía dar ante un público enorme. Le invito a salir de la sala de la recepción y acompañarle a otras habitaciones donde según dijo podrían hablar en privado, allí la beso y le declaró su amor. Acto seguido dio un discurso en el que la miro y se limpió el carmín, sin que nadie sospechara su gesto.

Estaban profundamente enamorados. Sus altos pómulos, característicos de la belleza eslava, fascinaban a Goebbels. Estuvieron dos años juntos sin una sola riña.

Pero Magda la mujer del ministro la invito a tomar el té. Lida se puso muy nerviosa pero Magda dijo que comprendía que su marido estuviera enamorado de ella. Esto lo admitía, pero le advirtió que nunca tuvieran un hijo. Que fuera su amante, pero nunca la generadora de hijos.

Todo Berlin conocía las andanzas de la pareja, y esto no lo llevaba bien la que era considerada la madre perfecta del régimen nazi.

El matrimonio Goebbels decidió divorciarse, pero Hitler se escandalizó y quiso mediar con Magda, ella, despechada, dijo que no quería hablar con él. El Fuhrer tomó cartas en el asunto y habló con Goebbels, aunque este estaba dispuesto a renunciar a su puesto, por el amor de Baarova. Hitler enfurecido le prohibió volver a ver a su amante. No estaba dispuesto a que Alemania perdiera un hombre tan necesario en el partido. Las órdenes eran inexcusables, Goebbels cabizbajo obedeció a su jefe.

Helldorf Jefe de policía, fue el encargado de comunicárselo a Baarova, que al enterarse se desmayo.  El policía cuando despertó le explicó que si no obedecía no sólo podía perjudicar su carrera sino su vida. Ella se puso histérica y dijo que prefería perder la vida antes que el amor de Goebbels, (por lo visto estaban totalmente enamorados). Hitler tuvo que volver a intervenir, con gran malestar. Y obligar a cumplir su orden, sin embargo dejó que Goebbels se despidiera de ella. Le retiraron sus películas y la desterraron a Praga.

Un día que ella estaba en Berlín sus coches quedaron paralelos en un semáforo y pudieron mirarse fijamente hasta que él dio orden a su chofer de continuar y ya todo acabo.