La Operación Bagration

Operación Bagration.
Prisioneros de la Operación Bagration desfilando por Moscú

La Operación Bagration tuvo lugar entre junio y agosto de 1944, y fue llevada a cabo por el Ejército Rojo, a raíz de la victoria soviética en la gigantesca batalla entre blindados de Kurks. A partir de este momento, y desde hacía ya tiempo, el Ejército Rojo ya tenía la confianza y los medios suficientes para desencadenar una gigantesca ofensiva que le llevaría no sólo a Berlín, sino a ocupar toda la Europa oriental. Toda una exhibición de fuerza ante sus aliados occidentales, que apenas acababan de desembarcar en Normandía y avanzaban penosamente a través de la bota itálica.

La ventaja que habían conseguido los soviéticos se debía a dos razones principales. En primer lugar, en virtud de la Ley de Préstamo y Arriendo norteamericana, recibían una ingente ayuda en forma de camiones, gasolina, alimentos, efectos militares y munición que llegaban a la URSS a través de Irán y el puerto de Murmansk. Este era un factor exterior, pero la URSS, a raíz de la reubicación de su industria en general, y armamentística en particular, en los Urales, lejos del frente de combate, estaba obteniendo sorprendentes resultados en cuanto a fabricación de tanques, aviones y artillería. El incremento colosal de material de guerra soviético significaba que la caída del régimen nazi era sólo cuestión de tiempo.

La estrategia soviética desde la segunda mitad de 1943, una vez levantado el sitio de Stalingrado a comienzos de ese año, tenía tres objetivos fundamentales: acabar con el asedio de Leningrado, que ya duraba desde diciembre de 1941; aprovechar en el frente meridional la victoria de Kurks; reunir en el teatro de operaciones del centro una fuerza de combate gigantesca de cara a la ofensiva de mediados de 1944. El contraataque ya era posible. Una vez se frenó la ofensiva alemana, ahora era posible la contraofensiva con una ingente cantidad de recursos humanos y materiales.

El asedio de Leningrado, en el frente norte finalizó el 27 de enero de 1944, con más de un millón de muertos en su haber. En el frente meridional, el Ejército Rojo había recuperado la región del bajo Don en agosto de 1943, Jarkov en septiembre y Kiev en noviembre de ese mismo año. Los soviéticos comenzaron a arrollar a los alemanes en el frente del río Dnieper, un frente de una longitud de un millar de kilómetros. Quizás tuvo mucho que ver en este retroceso el hecho de que Hitler temía que los aliados anglonorteamericanos abriesen de una vez por todas el tan temido segundo frente en Francia. Los alemanes retrocedían, sí, pero a costa de una salvaje política de “tierra quemada”.

Pero la operación principal del frente del este tuvo lugar en el sector central del mismo. El diseño de la Operación Bagration tenía como objetivo eliminar a las tropas de la Wehrmacht en esta zona, y estuvo a cargo del mariscal Zhukov y del mismísimo Stalin. Se pusieron en manos del por entonces general Rokossovski un contingente de 2,4 millones de soldados, 5200 tanques y 5300 aviones que daban al Ejército Rojo una ventaja sobre los alemanes de cuatro a uno. El comandante del ejército alemán que se oponía al avance soviético en la zona era un nazi recalcitrante, el general Von Busch, que a buen seguro obedecería las fanáticas órdenes del Führer de resistir hasta la muerte. Que por otra parte, es lo que exigió Hitler. Los alemanes adoptaron una estrategia posicional, haciéndose fuertes en “fortalezas” como Vitebsk, Orsha, Bobruisk y Mogilev.

La Operación Bagration se desencadenó de forma devastadora finalmente el 23 de junio de 1944. Todas las plazas fuertes alemanas fueron sitiadas en un abrir y cerrar de ojos. Ante la supuesta incompetencia de Busch, a ojos del Führer al menos, Hitler le relevó del mando y puso en su lugar a Model, uno de los grandes generales de la Segunda Guerra Mundial.

Operación Bagration
Prisioneros alemanes, blindadoTiger incluido, tras la caida de Minsk

La segunda fase de la Operación Bagration se inició en la ciudad bielorrusa de Minsk (hoy capital de la República de Bielorrusia). Model logró salvar los últimos restos del Grupo de Ejércitos Centro alemanes e intentó formar una nueva línea en el oeste, en el río Vístula. Rokossovski continuó el ataque logrando ascender al grado de mariscal cuando sus tropas atravesaron el río Bug el día 19 de julio, y avanzaba imparable hacia Varsovia, la capital de lo que un día había sido Polonia. Otra ala del Ejército soviético enfiló hacia Prusia Oriental para coger desprevenidos al Grupo de Ejércitos Norte alemanes por la retaguardia.

El dos de agosto de 1944, los soviéticos tenían a la vista la desgraciada ciudad de Varsovia. Y digo desgraciada, porque era pasto de un incendio generalizado como resultado del levantamiento en armas del Ejército interior polaco, fomentado en parte por los propios soviéticos. Pero es que ese mismo día, el general Model había lanzado un poderoso contrataataque, por lo que los soviéticos no pudieron liberar Varsovia hasta más tarde, cuando no era nada que un montón de humeantes ruinas, pues Hitler había ordenado su total destrucción como escarmiento. Quizás la Operación Bagration había pedido algo del poderoso fuelle que la había impulsado desde su inicio, pero la superioridad soviética era todavía abrumadora. En eso estaban, cuando Zhukov y Rokossovski diseñaron una nueva y poderosa ofensiva, un plan que consistía básicamente en contener la contraofensiva de los alemanes, atacar a su vez y liberar Varsovia del yugo alemán…para caer bajo las garras soviéticas lo que quedase de ella…

En paralelo con la Operación Bagration en el frente oriental se iba desarrollando en el frente occidental la Operación Overlord desde el día 6 de junio de 1944.

El asedio de Budapest

Asedio de Budapest. Paisaje después de la batalla
Asedio de Budapest. Paisaje después de la batalla

Menos conocido que los de Stalingrado y Leningrado, el asedio de Budapest fue de una intensidad y violencia inusitadas, comparable a las batallas citadas en territorio soviético y al Levantamiento de Varsovia de agosto de 1944. El asedio de Budapest fue una larga batalla librada entre noviembre de 1944 y el 13 de febrero de 1945, y es catalogada como una de las batallas más sangrientas de la historia de la Humanidad (ya de por sí bastante sangrienta).

Budapest era de importancia vital para Hitler, debido a su cercanía a Viena. Stalin, por su parte quería exhibir músculo y cobrarse una buena pieza delante de los aliados occidentales ante la próxima conferencia de Yalta. El rodillo del Ejército Rojo avanzaba inexorablemente por la Europa oriental.

Los alemanes defendían la capital húngara con un fuerte contingente de panzers y muy bien parapetados en las colinas de Buda. Hitler ordenó a los 150000 defensores resistir hasta la muerte, según era costumbre del Führer: «ni un paso atrás». Fueron cercados por tropas soviéticas y rumanas, que superaban ampliamente el doble de la cifra de defensores alemanes  y húngaros (según el historiador británico Norman Davies). Hubo un momento en que los tanques del 4º Cuerpo de Ejército Blindado llegaron al perímetro de la desgraciada ciudad y podrían haber intentado romper el cerco, pero Hitler ordenó la retirada.

Ante la fuerte resistencia ofrecida por la capital, el Ejército Rojo optó por dar un rodeo para embolsarla por completo y fue conquistando paulatinamente otras zonas de Hungría. Las dos alas soviéticas se encontraron finalmente el 26 de Diciembre de 1944 en el cruce de carreteras de Esztergom, completando el asedio de Budapest, donde quedaron encerrados unos 800000 civiles y los defensores. El 29 de diciembre, el mariscal soviético Malinovski envió emisarios a la ciudad sitiada para negociar la rendición, pero nunca volvieron. Unos pensaron que los habían asesinado los nazis, y otros que fueron liquidados por los propios soviéticos. El caso es que Malinovski continuó el asedio de Budapest al interpretar la desaparación de sus hombres como un desafío de los defensores.

El 13 de febrero de 1945, el comandante alemán de la plaza, el general von Wildenbruch se rindió ante el Ejército Rojo. Cuando Budapest capituló, los soviéticos capturaron más de cien mil prisioneros y hubo ejecuciones masivas. El maltrato y los saqueos se extendieron a la indefensa población civil. Muchos miembros de las SS trataron de escapar, ya que los soviéticos torturaban antes de ejecutar a aquellos del cuerpo dirigido por Himmler que caían en sus manos. Por ello muchos se hacían pasar por soldados húngaros para evitar ser asesinados. El Ejército Rojo se estaba tomando cumplida venganza de las atrocidades cometidas por los nazis en la invasión de la URSS. La mayoría de los oficiales de las SS se suicidaron antes de la rendición efectiva.

Habían muerto unos 40000 civiles, mientras que más de 50000 mujeres fueron violadas por los victoriosos (y en muchos casos ebrios) soviéticos. Los defensores perdieron unos 50000 soldados y los atacantes 70000, además de decenas de miles de heridos. Aunque el número de bajas depende de las fuentes consultadas, pues unas dan más y otras menos. En mi opinión es prácticamente imposible conocer el número más o menos exacto de las vidas humanas perdidas en el asedio de Budapest.

Operación Antorcha

Operación Antorcha

Mientras los soviéticos contenían al ejército de Von Paulus en Stalingrado, en noviembre de 1942 los aliados occidentales decidieron desembarcar en Marruecos y Argelia, como paso previo para atacar la «fortaleza europea». Los barcos utilizados fueron en su mayoría británicos, y las tropas, estadounidenses. Las zonas donde debían desembarcar estaban bajo el control de la denominada Francia Libre, la Francia de Vichy, no ocupada militarmente por los alemanes, pero en la práctica, estado titere de Hitler, bajo la presidencia del héroe francés de la I Guerra Mundial, el mariscal Pétain. El general francés De Gaulle, exiliado en Londres, y los responsables de la Operación Antorcha, pues así se llamó en clave esta iniciativa, esperaban que a los 25000 soldados que pusieron pie en las proximidades de Casablanca y a otros 35000 que lo hicieron cerca de Orán y Argel, se les uniera un potente contingente de franceses del norte de África. Se hablaba de 150000 combatientes galos. La Operación Antorcha fue la primera iniciativa militar seria occidental desde el comienzo de la guerra, dominada hasta entonces a su antojo por el Tercer Reich.

Operación Antorcha. Tanque alemán en Túnez
Tanque alemán en Túnez

Pero los franceses no cooperaron de inicio como esperaba De Gaulle. En el desembarco de Casablanca, los franceses mataron a más de 1000 norteamericanos. Pasaron muchas semanas antes de que los aliados pudiesen avanzar contra las bases alemanas e italianas de Túnez, donde las fuerzas del Eje estaban bien pertrechadas y apoyadas desde Sicilia por la aviación. Frente a ellas, y una vez que los franceses cambiaron de bando por fin y permitieron el paso de los aliados, el 1º Ejército de EEUU avanzaba desde el oeste, y el 8º Ejército británico desde el este, desde sus bases egipcias. Aún así, al frente de las tropas del Eje estaba Erwin Rommel, el mayor estratega germano, que dio una buena lección a las bisoñas tropas aliadas en el paso de Kasserine. En esta batalla, Rommel conducía un contingente de 22000 soldados alemanes e italianos y 250 blindados. Los norteamericanos, británicos y franceses contaban con 30000 efectivos y el doble de carros blindados. Todo parecía a favor de los aliados, pero no contaban con que al frente del enemigo estaba Rommel. Rommel dio una «buena paliza», sobre todo a los norteamericanos, muy poco fogueados hasta ese momento. Hubo 10000 bajas entre los aliados, sobre todo estadounidenses, que además perdieron 235 blindados (además de artillería y vehículos de transporte). El Afrika Korps sólo sufrió 2000 bajas y 34 blindados.

No obstante, Rommel volvió a Alemania obedeciendo órdenes (se le necesitaba para la defensa del frente occidental, que aún no se había abierto, aunque solo era cuestión de tiempo), y las tropas del Eje, optaron por ceder terreno perdiendo el menor número de efectivos posibles, lo que permitió a los aliados controlar la mayor parte de la costa norteafricana. La Operación Antorcha sorprendió a los estrategas del Eje, pues los aliados habían puesto gran cantidad de carne en el asador (nunca mejor dicho) en un frente secundario. La Operación Antorcha supuso una solución de compromiso entre los norteamericanos, que deseaban entrar en combate de inmediato (pese a su falta de preparación) y los británicos, que no deseaban un desembarco arriesgado en Europa. Al menos todavía. Dunkerque estaba aún muy fresco en la mente del premier Winston Churchill.

La Operación Antorcha proporcionó numerosos prisioneros de guerra en manos de los aliados, sobre todo italianos que no tenían el menor deseo de continuar combatiendo. El éxito de esta iniciativa con un objetivos tan remoto ocasionó la ocupaciòn efectiva de la Francia de Vichy por Hitler, lo que debilitaba considerablemente el potencial de la Wehrmacht alemana. Pero la Operación Antorcha significó todavía más: proporcionó la experiencia necesaria a los aliados para una operación de desembarco a gran escala y un trampolín para el siguiente movimiento en la gigantesca partida que se desarrollaba por Europa. El desembarco en Sicilia se efectuaría desde las bases aliadas en el norte de África.

La batalla del Atlántico

Batalla del Atlántico

La fase principal de la denominada Batalla del Atlántico tuvo lugar entre 1939 y mediados de 1943. Tras esta prolongada fase aguda de combate marítimo, la lucha continuó pero con menor intensidad, pues uno de los contendientes, la Alemania nazi, comenzaba a dar muestras de estar exhausta. Fue la batalla más larga de la guerra, con diferencia.

El objetivo de la Batalla del Atlántico fue el control de los suministros que desde EEUU y Canadá llegaban a Gran Bretaña, suministros que los submarinos alemanes trataron de evitar por todos los medios, pues esta logística permitía al Reino Unido su supervivencia, sobre todo mientras quedó solo frente a Hitler tras la caída de Francia y otros países europeos en manos de los alemanes.

Alemania tenía todavía en funcionamiento unos doscientos submarinos a comienzos de 1943. La estrategia de «manada de lobos» del Almitrante Dönitz estaba haciendo mucho daño al transporte marítimo que unía la isla con los EEUU. Pero la pertinaz resistencia británica, alentada sobre todo por el primer ministro Sir Winston Churchill, combinada con los avances tecnológicos que permitieron localizar a los U-Booten (el descubrimiento de las claves de Enigma por Alan Turing y su equipo, por ejemplo), permitió la subsistencia hasta la entrada en guerra de los EEUU. Los norteamericanos incrementaron su producción industrial militar de tal manera, que sus astilleros pasaron de construir 1,18 millones de toneladas en 1941 a 13,7 en 1943. Gracias a este extraordinario incremento del número de barcos puestos a disposición de los gobiernos aliados, se formaron convoyes lo suficientemente poderosos como para resistir los ataques submarinos alemanes. Aritmética pura y dura: EEUU producía más barcos nuevos de los que los alemanes eran capaces de hundir. En estas condiciones, Dönitz ordenó a su flota de submarinos el 18 de mayo de 1943 una retirada táctica en el Atlántico. Los alemanes ya no volverían a recuperar la iniciativa en el mar.

Que la Kriegsmarine alemana no recuperase la iniciativa, no significa que la larguísima batalla del Atlántico se detuviese, pues los alemanes, aun en inferioridad de condiciones continuaron hundiendo barcos (en menor número, eso sí) en la ruta entre el norte de América y Gran Bretaña. Gran Bretaña se había convertido en un auténtico y gigantesco portaaviones para los aliados, el lugar ideal para impulsar el asalto al continente europeo. Es más, a pesar del indudable retroceso alemán en el Atlántico, todavía fueron capaces en una fecha tan tardía como abril de 1945, muy cercana al final del Tercer Reich, de hundir 74000 toneladas de buques aliados. A los aliados anglonorteamericanos se les unió en su empeño de liquidar la Marina alemana la flota soviética en cuanto pudieron maniobrar en el Báltico, gracias a que las naves alemanas que dejaban de operar, no eran reemplazadas. De hecho los soviéticos ocasionaron el mayor desastre naval de la guerra, al hundir un gran buque alemán de pasajeros, el Wilhem Gustloff, con diez mil refugiados a bordo, que huían del devastador avance del Ejército Rojo por el este.

Batalla del Atlántico

Los aliados vencieron la batalla del Atlántico, y sus consecuencias son difíciles de medir, pero es seguro que sirvió para decantar la guerra del lado de los aliados. Si Alemania no hubiese perdido la iniciativa en el mar, hubiese reafirmado sus intereses comerciales en el mundo y evitado el bloqueo aliado. Gran Bretaña hubiese quedado totalmente asediada e incomunicada de sus socios norteamericanos y posiblemente, a causa del hambre y la falta de suministros, hubiera tenido que rendirse. Sin el que he denominado más arriba portaaviones británico, los norteamericanos no hubieran podido desembarcar todos sus recursos materiales y humanos para utilizar la isla como plataforma para asaltar la fortaleza europea, y seguramente no hubieran podido llevarse a cabo los desembarcos de Sicilia y Normandía. Los Bombardeos Estratégicos Aliados, esas brutales razzias que devastaron las ciudades alemanas con sus decenas de miles de civiles muertos bajo las bombas incendiarias, tampoco hubiesen tenido lugar, pues despegaban de los aeródromos británicos. En fin, la Wehrmacht podría haberse centrado en exclusiva en el gran frente oriental, que consumía la inmensa cantidad de sus recursos.

No obstante esto es política-ficción y las cosas sucedieron como sucedieron, por lo que no es posible una vuelta atrás. Lo único incuestionable es que la batalla del Atlántico la ganaron los aliados y la perdieron los alemanes, porque quizás EEUU puso en marcha la más gigantesca maquinaria industrial de guerra que jamás vieron los tiempos. Y es cierto también que esos recursos, que en ocasiones parecían ilimitados, terminaron por superar a los alemanes. Sin olvidar la producción soviética, que una vez repuesta de la sorpresa y la devastadora derrota inicial frente al empuje nazi, fabricó a velocidad de crucero artillería pesada, blindados y aviones que hiceron frente primero, y superaron después, a los ejércitos alemanes. A costa de perder millones y millones de vidas humanas, eso sí.

Batalla de Okinawa

Okinawa es una isla que se ubica ya en territorio japonés. Tiene 100 km de largo y 12 de ancho. Tras la matanza de Iwo Jima, los americanos se dirigieron a ella, y lucharon por conquistarla en la denominada batalla de Okinawa, que les costó más bajas si cabe que la invasión de las isla de Azufre.

La isla de Okinawa es volcánica y posee numerosas cuevas naturales donde los japoneses organizaron una tenaz defensa que costó miles de muertos a los norteamericanos. Esta isla estaba habitada por unos 400000 civiles culturalmente diferentes de los japoneses. Los nipones aterrorizaron a los habitantes de Okinawa con siniestras historias sobre el trato que los americanos daban a sus prisioneros, de forma que éstos se lo creyeron. Hasta tal punto que según iban avanzando los aliados en el territorio isleño, muchos de los habitantes se suicidaban despeñándose por los barrancos antes que caer en manos de un enemigo que creían tan cruel. En algunos puntos los soldados japoneses obligaron a suicidarse a los nativos como muestra de lealtad al emperador del imperio del Sol Naciente. Un anciano isleño recordó muchos años después de esta cruenta batalla como mataron su hermano y él a su propia madre para que no cayese en manos de un enemigo que los japoneses habían avisado que era tan atroz y despiadado, que no dudaría en torturar y violar a las mujeres que cayesen en sus manos.

Batalla de Okinawa. Soldados norteamericanos ayudan a civiles

Los aliados habían dispuesto frente a Okinawa una escuadra de más de 1000 barcos, entre los que destacaban 12 portaaviones norteamericanos y 4 británicos, además de 14 acorazados. Ciento setenta mil marines estaban preparados para el desembarco. Pero primero bombardearon de lo lindo, descargando miles de toneladas de explosivos para ablandar al enemigo. Y de paso cargarse a muchos civiles, utilizados como escudos humanos por los defensores militares del islote.

Cuando los americanos pensaron que los japoneses habían sido suficientemente vapuleados por la artillería y la aviación, comenzaron el desembarco. Durante varios días, los marines, las fuerzas de infantería de marina americanas, avanzaron por la isla sin oposición digna de destacar. El general japonés encargado de la defensa de Okinawa, Mitsuru Ushijima repitió la táctica de Iwo Jima: dejar avanzar en terreno llano al enemigo para abatirle entre las cavernas y cuevas naturales del terreno volcánico del interior de la isla. Los japoneses defendieron con brutal ferocidad con uñas y dientes los túneles excavados entre las cuevas naturales. La orden era que por cada japonés muerto cayesen decenas de atacantes. No se hicieron prisioneros.

Los americanos, ante este panorama infernal que se había desatado ante ellos, avanzaron muy lentamente, pero abrieron a su vez un infierno de fuego sobre las posiciones japonesas. En el visionado de la serie Pacific, somos testigos, según los productores de esta serie de TV, de la intensidad y de la crueldad desatada de los combates. Una refriega que se complicó con la intensa lluvia, que convirtió el terreno en un lodazal. Las bajas se multiplicaron en ambos bandos.

Los japoneses lanzaron ataques suicidas de aviones Zero pilotados por fanáticos (y no tan fanáticos) jóvenes aviadores, conducidos hasta el objetivo por veteranos que se retiraban en cuanto se avistaba el barco americano sobre el que se estrellaban los kamikazes. Los pilotos suicidas causaron el hundimiento de unos treinta buques aliados y desperfectos en otros cien. Fallecieron 1500 pilotos japoneses en este asalto sin posibilidad de vuelta atrás.

Batalla de Okinawa. General Ushijima, comandante de las tropas japonesas en Okinawa

Los japoneses, rodeados en la isla y sin posibilidades de escapar con vida, sacaron a la superficie lo peor del ser humano y se ensañaron con una población civil a la que teóricamente debían defender. Los americanos, como en Iwo JIma, avanzaron de agujero en agujero defendido por los fanáticos soldados nipones, que dieron su vida por el emperador. Como podemos ver en Pacific, los americanos atacaban las posiciones japonesas con lanzallamas, y según salían los defensores envueltos en llamas, los remataban sin piedad a tiros y con granadas de mano. Los americanos no comprendían por qué el enemigo no se rendía. Fue una resistencia suicida. De hecho numerosos soldados nipones se suicidaron explotándose granadas contra el pecho y si podían llevarse por delante algún enemigo, pues mejor que mejor. El general Ushijima se hizo el haraquiri, que consiste en abrirse el vientre hasta morir. Antes de morir, Ushijima impidió a uno de sus oficiales practicarse este honorable método de irse al otro barrio. Al coronel Hiromichi Yahara se lo prohibió expresamente su superior para que contase lo que ocurrió en la batalla de Okinawa. Yahara trató de escapar vestido con ropas civiles, pero fue apresado por los americanos. Sobrevivió a la guerra y en 1973 publicó un libro sobre la batalla de Okinawa. Por supuesto, desde el punto de vista nipón.

Los marines USA tardaron tres meses en ocupar Okinawa. El saldo de la operación fue de 110000 soldados japoneses, 75000 nativos y  12500 americanos muertos. Además los norteamericanos sufrieron unos 25000 heridos. La apertura de la puerta del Japón había costado ciertamente muy cara. A unos más que a otros. Los estrategas aliados se pensaron mejor lo de invadir Japón. Mejor probar con tan tenaz enemigo un arma nueva de destrucción masiva, a ver qué pasaba. Y pasó lo que tuvo que pasar. Hiroshima y Nagasaki. Cientos de miles de muertos de un sólo plumazo.

La batalla de la isla de Azufre

La batalla de la isla de Azufre es la batalla de Iwo Jima, para entendernos. En la época en la que tuvo lugar el combate, febrero de 1945, Japón estaba en franco retroceso y las altas instancias sabían que iban a perder la guerra, aunque a costa de hacer una sangría en el enemigo. Las autoridades niponas sabían que el pueblo norteamericano era especialmente sensible a la muerte de sus “muchachos” en combate, y que eso haría peligrar la reelección del presidente Roosevelt. Así que los hijos del imperio del sol naciente se dispusieron a defender la isla hasta la muerte.

Localización  de la isla de Azufre (Iwo Jima)

La isla de Iwo Jima era un puntito (lo es todavía a pesar de la que se armó) entre las islas Filipinas y el archipiélago japonés. Los norteamericanos debían conquistarla antes de poner un pie en Japón. Es una isla volcánica de tamaño diminuto, de una superficie de 8 km de largo por 5 km de ancho, con una elevación que destaca poderosamente sobre el resto de la pedregosa isla, el monte Suribachi. Los japoneses enviaron un contingente de 20000 soldados dispuestos a todo, y cuando digo dispuestos a todo, es que estaban preparados psíquicamente, al menos, la mayoría, para morir matando, y todo ello para mayor gloria del emperador Hirohito. El armamento que se llevaron consigo los defensores de la isla del Azufre era ligero, del tipo de granadas de mano y morteros, nada de artillería pesada. Con este material mantuvieron a raya al poderoso ejército que enviaron los EEUU y mandaron al otro barrio a más cantidad de soldados de la estrictamente deseable por la sensible democracia estadounidense.

El general nipón encargado de la defensa de Iwo Jima fue Tadamichi Kuribayashi, que ordenó convertir la isla en una trampa mortal para los atacantes. Los japoneses excavaron a conciencia toda la isla convirtiéndola en un infernal queso de gruyere repleto de galerías que comunicaban pozos de tirador y nidos de ametralladora entre sí. A los norteamericanos los golpes les iban a venir de todos lados. La idea de Kuribayashi era que el enemigo pagase un alto precio en hombres por cada metro de terreno que avanzase. Los japoneses sabían que no iban a salir vivos de aquel infierno, pero se iban a llevar por delante al mayor número de enemigos posibles por delante. ¡Y vaya si lo hicieron!

Antes de intentar el asalto directo a este infierno en la tierra (un Hades tanto para japoneses como para norteamericanos), los aliados bombardearon la isla para “ablandar” (como se dice en lenguaje militar) a los defensores. Se prepararon cerca de unos 250000 hombres, doce portaaviones, 8 acorazados y otros 100 barcos de menor tonelaje. Los bombarderos B-17 descargaron miles de toneladas de bombas explosivas e incendiarias. Pero los japoneses no respondieron a la brutal agresión. Estaban agazapados en sus cubiles a la espera del desembarco de las tropas de infantería para hacer una escabechina entre ellos antes de entregar su vida por el dios viviente sobre la tierra, su empreador Hirohito.

Iwo Jima y el monte Suribachi en la actualidad

Cuando los aliados desembarcaron en unas playas machacadas  a conciencia por la artillería y la aviación, pensando que no había quedado bicho viviente que les hiciese frente, se encontraron con una defensa numantina que disparaba desde nadie sabía dónde, incrementando las bajas de los atacantes según progresaban con lentitud hacia el interior de la isla de Azufre. Tuvieron que acabar, uno a uno, con los puestos de tirador, utilizando morteros y lanzallamas, matando sin piedad a un enemigo oculto que no se rendía ni a tiros. En la celebrada serie Pacific, podemos contemplar escenas brutales de cómo los norteamericanos sacan de sus cuevas a los japoneses a base de lanzallamas. Los soldados nipones corrían abrasados y eran rematados por los invasores. La crueldad del combate fue indescriptible. Los americanos se sorprendieron de que el soldado japonés no se rindiese ante la manifiesta superioridad humana y material de los atacantes. Clint Eastwood realizó dos películas sobre la terrible batalla, una desde el punto de vista japonés, Cartas desde Iwo Jima, y otra desde el norteamericano, Banderas de nuestros padres. Esta última película del rocoso cineasta norteamericano se basa en la famosa fotografía de los marines plantando la bandera USA sobre la cumbre del monte Suribachi el 23 de febrero de 1945, tras cinco jornadas de enconada lucha palmo a palmo sobre un terreno volcánico. La foto es la segunda que tomaron los americanos, y se debe al corresponsal de guerra Joe Rosenthal, y que le valió el premio Pulitzer de periodismo. Esta foto se convirtió en el icono de la guerra del Pacífico.

¿Qué había pasado con los tenaces defensores japoneses? Aunque habían perdido el monte Suribachi, donde estaba el cuartel general de su comandante, todavía aguantaron un mes más en el interior de cuevas y galerías hasta agorar sus reservas de víveres y municiones. Entonces el general Kuribayashi con los pocos hombres que le quedaban, decidió un ataque suicida katana reglamentaria en ristre los oficiales y con bayonetas los soldados, lanzándose monte abajo contra el aeropuerto. Los americanos acabaron con todos. La sangrienta batalla había terminado. Los japoneses perdieron a todos los defensores de Iwo Jima, y los norteamericanos, casi 6000 hombres.

General Kuribayashi

La batalla de la isla de Azufre abrió las puertas de la invasión del Japón propiamente dicho, pero vista la resistencia a ultranza ofrecida por los recalcitrantes nipones en aquel minúsculo islote perdido de la mano de Dios, los estrategas americanos supusieron que la invasión de las principales islas japonesas iba a costar una miríada de bajas norteamericanas, algo que no iba a gustar nada de nada al contribuyente (y votante) estadounidense. Había que pensar en otro plan. La bomba atómica estaba ya en la mente de algunos gerifaltes, tanto políticos como militares.

La batalla de Dunkerque.

la-huida-de-dunkerque A los inicios de la Segunda Guerra Mundial, nos encontramos con este episodio de evacuación que consistió en la huida del ejército inglés y francés a través del canal de la Mancha, mientras estaba perseguido por los alemanes.

El ejército nazi rodeó a los franceses en la línea Maguinot les hicieron huir continuamente, incluso cuando recibieron ayuda de los ingleses.

Estos, en vista de la soberana paliza que recibieron de los alemanes, prepararon la evacuación de los ejércitos (tanto ingleses como franceses), por el canal de la Mancha.

En Dunkerque se pudo haber machacado a los ingleses. Pero, sin embargo, Hitler permitió una huida escalonada. No se sabe muy bien la razón, de que aflojaran en el último momento, se cree que Hitler, que pretendía invadir la isla, no quería cabrearles demasiado, para que luego se rindieran con facilidad. Pero dio con la tozudez de Churchill.

También se produjo una descoordinación entre la Luthwaffe  y la Wehrmacht que siempre andaban pisándose éxitos.

El desembarco  se realizó con todo tipo de embarcaciones, gracias a esto se  pudo llevar cabo esta masiva evacuación. Sin embargo, murió mucha gente por el ataque esporádico alemán. Ya que era como una feria, miles de soldados desarmados, sin control ni defensa se encontraban en filas interminables, esperando turno para ser evacuados. Los Stukas alemanes solo tenían que pasar sobrevolando y ametrallar al azar.

Se abandonan grandes cantidades de material y víveres. Las playas estaban totalmente atascadas de tanques, camiones aliados. Fue una bochornosa huida.

La proeza del tanquista Wittmann

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Tiger I alemán

El grado de Michael Wittmann en el ejército alemán era el de SS-Obersturmführer, es decir, «jefecillo» de carros de combate, más o menos. El 13 de junio de 1944, una semana después del inicio del desembarco de Normandía, Wittmann y sus hombres ocupaban una granja llamada La Ciderie. Descubrieron que se acercaba a marchas forzadas por la carretera más cercana una poderosa columna de carros de combate ingleses: tanques Cromwell, Sherman Firefly (una variación británica del modelo Sherman norteamericano), Stuart y semiorugas White. Wittmann sólo contaba con seis blindados, pero eran Tiger I, el mejor carro de combate del momento. Aún así, eran muy pocos efectivos para enfrentarse con garantías a la «escuadra» inglesa. Eso sí, los británicos estaban completamente desprevenidos. Wittmann decidió intentar una aventura un poco a la desesperada, que no comenzó nada bien, pues su propio Tiger se averió en ese momento. Algo que ocurría muy frecuentemente, ya que aunque era el carro de combate más potente y mejor blindado de aquellos momentos de la guerra, temido por todos los tanquistas aliados, fallaba más que una escopeta de feria. El motivo era que había sido diseñado con demasiadas prisas, dadas las circunstancias, además de ser un vehículo tremendamente complejo. Pero allá que siguió en sus trece el SS-Obersturmführer germano y sus muchachos con los temibles Tiger que permanecían todavía en funcionamiento.

Entretanto, la columna blindada británica, ajena a lo que se les venía encima, se habían detenido en la carretera. Por eso se debieron quedar de piedra cuando vieron como un Tiger salido de la nada les lanzaba un proyectil del 88 que se cargó en menos de lo que canta un gallo un Cromwell. Inmediatamente después, otro Cromwell más y un Sherman Firefly fueron abatidos de sendos disparos, que obstruyeron la carretera, envueltos en llamas. Wittmann continuó su avance sorpresivo (¿o debemos decir alocada carrera?) sembrando el caos en la columna enemiga, ya que el poderoso blindaje de los Tigers les protegía de los proyectiles británicos. La diminuta columna alemana (eso sí, compuesta por los poderosos Tigers) se había cargado en un abrir y cerrar de ojos unos 30 vehículos blindados de diferentes modelos ante la estupefacción de los carristas ingleses, que no daban crédito. Los alemanes se internaron en el pueblecito cercano de Villers-Bocage donde volvieron a eliminar a algún que otro tanque inglés despistado. Ya en la plaza del pueblo, Wittmann se topó con varios Cromwell y Sherman más, aunque estos ya estaban prevenidos después de la masacre ocasionada por los Tigers del temerario Wittmann.

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Tanque Cromwell británico

Al fin, los ingleses lograron parar la alocada carrera de los alemanes averiando la rueda motriz delantera del tanque de Wittmann de certero disparo. El oficial alemán y su tripulación abandonaron el carro a toda prisa y lograron alcanzar sus propias líneas. Fue la mayor epopeya en una batalla de carros blindados de toda la guerra. A pesar de que los ejércitos alemanes estaban en franco retroceso, este episodio demuestra a las claras que a los Aliados les quedaba un mundo todavía para derrotar a las huestes de Hitler y que los alemanes que defendían el frente occidental eran fuerzas de elite, muchos de los cuales llevaban combatiendo en la guerra varios años, por lo que experiencia de combate les sobraba.

Wittmann fue llamado a Berlín, donde recibió una Cruz de Caballero y el ascenso a capitán por parte del propio Führer. De vuelta al frente, falleció en acción de combate. En su curriculum figuraba la destrucción de 141 tanques y cañones de asalto y 132 cañones antitanque. Acababa de cumplir la treintena cuando un proyectil enemigo voló la torreta de su carro, ocasionándole la muerte.

Un dato numérico más que refleja la dureza de la cruentísima batalla de Normandía. Los alemanes sufrieron unas 240000 bajas, los aliados, 200000. Y los civiles franceses, que esperaban como agua de mayo la liberación de la férula nazi, nada menos que 70000. Jamás pensaron que dicha liberación supusiera esa carnicería.

Bombardeo de Benassal (Castellón)

spanish-civil-war-1936-1939-german-planesUn año antes de acabar la Guerra Civil española, la Legión Cóndor de la Alemania nazi bombardeó Benassal y otros pueblos del interior de Castellón causando 38 víctimas mortales y arrasando las pequeñas y tranquilas poblaciones del Maestrat. Sus habitantes nunca entendieron por qué.

En aquel momento nadie supo explicar por qué los alemanes dejaron caer bombas de hasta 500 kilos sobre aquellas gentes que vivían tan lejos del frente y de cualquier enclave estratégico. Nadie hasta que un vecino de Benassal, Óscar Vives, visitó el archivo militar de Friburgo después de leer en un libro de un historiador británico una breve referencia a Benassal que llamó su atención.

En el Bundesarchiv-Militärarchiv, halló un informe de 50 páginas con mucha documentación gráfica sobre los bombardeos de su pueblo, pero también de Albocàsser, Ares del Maestrat y Vilar de Canes. En él se ponía de manifiesto que la incursión fue un experimento para probar los Junker 87 Stuka, los nuevos aparatos de la aviación nazi que se convertirían más tarde en los aviones más temidos durante la segunda guerra mundial.

“Hemos entrevistado a una veintena de supervivientes, testigos directos de los bombardeos. En aquel momento eran niños. Vieron morir hermanos, familiares y vecinos… Cuando acabó la guerra, la dictadura enterró el caso y nunca se buscaron responsables” cuenta Rafa Moles, director del documental. “Aquellos niños no habían visto un avión en su vida y prácticamente no sabían nada de la guerra. Cuando oyeron llegar los aviones salió todo el pueblo a verlos. Algunos creyeron que las bombas de 500 kilos que tiraban solo eran balas de paja”

Según Rafa Molés, Hitler experimentó un arma absolutamente secreta. «Ni siquiera Franco lo sabía” añade. “Después del escándalo de Gernika Franco pidió a la Legión Cóndor que no atacara objetivos civiles, por eso Hitler escogió cuatro pueblos pequeños de Castellón, objetivos sin defensa, ignorantes de lo que pasaba. La Legión Cóndor no informó nunca de lo que hizo allí”.