Los órganos de Stalin

Soldados soviéticos cargan una andanada de cohetes

Pues no, no se refiere a nada erótico ni sexual, a pesar de lo que pueda sugerir el título de este artículo. El “órgano de Stalin” o “los órganos de Stalin” eran lanzacohetes, y eran denominados así por los alemanes. “Katiuskas” o «Katyusha» los llamaron los soviéticos.

El primer órgano de Stalin se estrenó en julio de 1941 en el área de la ciudad de Smolensko y causó numerosas bajas entre los invasores alemanes. Hasta ese momento estaba en fase, digamos, experimental, pero visto el rotundo éxito y la capacidad destructiva y la mortandad que causó entre el enemigo, inmediatamente se comenzó a fabricar en masa. Muy en la línea de la tecnología soviética, era a la vez sencillo pero eficaz. Estaba constituido por rampas de lanzamiento en las que se disponían hasta 54 cohetes. No eran muy precisas, esa es la verdad, pero sus impactos aniquilaban unidades enteras de los desgraciados que tuvieran la desdicha de sufrir su ataque.

Kamikazes, los pilotos suicidas

kamikaze 2

“Kamikaze” significa “viento divino” en lengua japonesa. En el siglo XIII, los mongoles amenazaban con invadir el Japón, pero sus naves fueron hundidas como consecuencia del efecto devastador de dos tifones, el “viento divino”, una catástrofe natural que salvó de milagro al país del sol naciente.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la palabra designó a los pilotos suicidas que estrellaban sus aviones cargados de explosivos contra los barcos enemigos, de forma más o menos voluntaria. La propaganda designaba a los kamikazes como jóvenes que daban su vida por la patria y el emperador. Pero la mayoría de los pilotos kamikazes no se inmolaban de forma voluntaria, sino que eran objeto de una especie de lavado de cerebro por parte de unos oficiales que curiosamente no ejercieron de pilotos suicidas.

A menudo las baterías antiaéreas aliadas derribaban al presunto suicida, que estallaba en el cielo, pues el aparato iba hasta las trancas de explosivos y escaso carburante, ya que era un viaje de ida, pero nunca de vuelta. Los almirantes japoneses que pensaron que los ataques de los kamikazes compensarían la aplastante superioridad de los aliados, estaban en un error, pues ocasionaron pocas bajas al enemigo. Hundieron unos 40 navíos, mientras que la escuadra aliada del Pacífico estaba compuesta por más de mil buques.

La Acción Reinhard

Treblinka 1

“Acción Reinhard” fue el nombre en clave de la operación de exterminio de más de dos millones de judíos polacos que el Gobierno General polaco comenzó a llevar a cabo en marzo de 1942 en el campo de Belzec. Los habitantes judíos de los guetos polacos fueron trasladados a los campos de exterminio de Belzec, Sobibor o Treblinka donde eran exterminados poco después de su llegada. Los comandantes de estas siniestras instalaciones competían entre ellos por ver qué campo tenía la mayor capacidad de exterminio en masa. En algunos se asesinaban más de 10000 personas al día.

Los guetos polacos que habían quedado vacíos mediante esta deportación eran ocupados por más judíos que procedían de los territorios ocupados por los alemanes, como una especie de estación intermedia antes de su destino final, los campos de exterminio a los que se dirigían millares de personas a consecuencia de la puesta en marcha de la Solución Final, dirigida a exterminar a este grupo de población. No todos los judíos perdieron la vida en los campos de exterminio, pues fueron muy numerosos los que murieron a consecuencia de pogromos, ataques del resto de la población contra los judíos, fusilamientos en masa o durante las penurias sufridas durante los traslados forzosos, muchos de los cuales se efectuaban en vagones de ganado donde es difícil concebir el sufrimiento de estas personas, encerradas sin espacio para moverse o respirar.

En el transcurso de la Acción Reinhard, hasta octubre de 1943, fueron asesinados más de dos millones de judíos, pero también más de 50000 gitanos y cíngaros, un tercio del total de las víctimas del holocausto. Además los asesinos se llenaron los bolsillos con las pertenencias personales de los masacrados, cuyo montante pudo ascender a 178 millones de marcos alemanes.

La marcha de la muerte de Bataán

prisioneros-de-la-marcha-de-la-muerte-de-Bataan-descansando

Así se llamó el traslado a un campo de prisioneros de los más de 75000 prisioneros norteamericanos y filipinos que capitularon en la isla de Corregidor ante los japoneses en 1942, muriendo la mayoría de ellos. Los japoneses trasladaron a 64000 prisioneros filipinos y 11000 estadounidenses al campo de prisioneros más cercano, que estaba a 90 km, atravesando las junglas de Bataán en condiciones penosas. Unos 10000 prisioneros murieron de agotamiento, hambre, sed y fiebres en los tres días que duró la marcha. Muchos fueron rematados a bayonetazos cuando desfallecían y caían al suelo.

La siniestra Unidad 731

Unidad 731 2

La Unidad 731 fue una instalación secreta del Ejército japonés en donde trabajaban unas 3000 personas dedicadas a investigar sobre armas químicas y biológicas. Y para investigar ensayaron sobre seres vivos. Estos investigadores japoneses fueron culpables de crímenes de guerra al probar sus productos sobre civiles chinos y prisioneros de guerra británicos y estadounidenses, principalmente, aunque también algún soviético fue objeto de sus oscuros experimentos. Sobre estos sujetos, la Unidad 731 probó sus gérmenes patógenos. Esparcieron la bacteria de la peste entre los habitantes de algunas ciudades chinas, e inocularon el tifus a miles de prisioneros chinos. A otros muchos los inocularon cólera, viruela, botulismo y otras enfermedades con el ánimo de probar nuevos fármacos en ellos.

Pero no solamente probaban con microorganismos, sino también con técnicas de congelación que aplicaron diligentemente a sus víctimas, a quienes también sometieron a pruebas de explosión de granadas a diversas distancias para comprobar sus efectos mortíferos. Otros “pacientes” fueron sometidos a vivisección y extirpación de órganos sin anestesia. En otros casos se les inyectó agua marina para comprobar si era posible sustituir la solución salina por ésta.

Durante muchos años después de acabada la guerra, los gobiernos japoneses negaron los crímenes perpetrados por la Unidad 731, hasta que en 2002 un tribunal japonés admitió por primera vez la existencia de este grupo.

El triste destino de los prisioneros de guerra soviéticos

destino prisioneros sovieticos 1

Durante la Operación Barbarroja cayeron en manos de los alemanes unos 3,5 millones de soldados soviéticos, dada la sorpresa que produjo el repentino ataque alemán contra la URSS, que cogió a las tropas soviéticas y a sus mandos desprevenidos. A comienzos del año siguiente habían fallecido dos millones de prisioneros soviéticos por diferentes causas. Muchos murieron mientras eran desplazados a pie durante cientos de kilómetros hacia los campamentos de prisioneros abiertos en el oeste. Otros pasaron a mejor vida cuando eran transportados en vagones de mercancías que permanecían abiertos a pesar de las bajísimas temperaturas del invierno ruso. Otros fallecieron de hambre y frío encerrados en míseros barracones de madera. La doctrina nacionalsocialista consideraba inferiores a los pueblos eslavos, y si además eran bolcheviques, razón de más para ser tratados peor que animales. Además de las múltiples penalidades sufridas por estos hombres, los nazis lanzaron consignas que incrementaron todavía más las bajas: “los prisioneros de guerra perezosos debían ser fusilados” o “los prisioneros de guerra que no trabajen tampoco deben comer”. A la vista del trato recibido por los civiles y militares soviéticos a manos de los alemanes, a nadie debe extrañar la cumplida venganza que se tomaron cuando las tornas de la guerra cambiaron y fueron los rusos los que entraron en forma de avalancha en el territorio del Tercer Reich.

La masacre de Babi Yar

babi yar 2
La brutalidad humana sin límites: mujeres y niños a punto de ser ejecutados en Babi Yar

Kiev, la actual capital de Ucrania, fue ocupada por la Wehrmacht el 19 de septiembre de 1941. Poco después, miembros de un grupo de partisanos soviéticos, de los que se iban formando en la retaguardia del inmenso territorio conquistado por el Tercer Reich, volaron algunos de los edificios que ocupaban los invasores, eliminando a varios miembros de la administración militar alemana de la región. Inmediatamente los alemanes decidieron matar a la mayoría de los judíos de Kiev. Para cumplir con la represalia, los mandos alemanes dieron orden de reunir en una plaza a decenas de miles de judíos. Una vez allí, los alemanes les condujeron fuertemente escoltados hacia una zona rodeada por alambre de espino, junto al barranco de Babi Yar, en el noroeste de Kiev. Fueron obligados a desprenderse de sus pertenencias, a desnudarse y situarse en grupos al borde del barranco. El Comando Especial 4ª los fue ametrallando sin compasión, relevándose cada cierto tiempo, pues la tarea de eliminar a decenas de miles de personas no se podía llevar a cabo en un “pis pas”. Cuando mataron a todos, sepultaron los cadáveres con tierra. En dos días, habían sido asesinados de este modo más de 33000 personas. En los meses que siguieron a esta primera masacre, fueron detenidos más contingentes de judíos, y ejecutados de la misma manera en el mismo lugar. Solo en Babi Yar cayeron unas 100000 personas asesinadas por la Unidad de Intervención C (Einsatzgruppe C).

El desaliento y autodestrucción del tercer Reich.

hijos de GoebbelsCuando el Ejército Rojo estaba a las puertas de Berlín y los dirigentes nazis lo daban todo por perdido, se creó una obsesión por la destrucción. Los viales de veneno pasaban de mano en mano. Hitler era el principal instigador de esa actitud derrotista, el mismo entregó cianuro a sus más leales seguidores, la muerte suministrada por el líder.
No se sabe cuál era la causa de esta obsesión suicida, si el miedo a las hordas sovieticas o la vergüenza del fracaso del proyecto nazi.
Goebbels fue nombrado por Hitler gauleiter de Berlín, se puso una gorra militar sin graduación y organizó la defensa de la ciudad barrio a barrio. La presencia de una bandera blanca de rendición era considerada alta traición y el inmediato fusilamiento de sus responsables.
Aunque se permitían la retirada en los ministerios de la documentación en cajas. Goebbels lo veía con desprecio, pues consideraba que esto era admitir la derrota.
Todo estaba perdido pero la lucha tenía que ser hasta la total liquidación de los pocos habitantes que quedaban en la ciudad.
Magdha Goebbels preparó concienzudamente el suicidio de su marido, suyo y de sus hijos, y lo habló con sus más cercanos familiares. Su hermana estuvo intentando convencerla para que le dejara a la niña más pequeña, sin conseguirlo. «Como voy a abandonar a mi marido y al Führer en este momento».

Al final y después de la muerte de Hitler y Eva Braun murió toda la familia Goebbels. Magdha acompaño a su marido fuera del bunquer para suicidarse, ellos mismos llevaron el bidón de gasolina para prender fuego a sus cadáveres.

Exterminio organizado: las Unidades de Intervención

unidades de intervencion 1

Detrás de las tropas regulares alemanas que avanzaron con rapidez endiablada por territorio soviético, venían las denominadas “Unidades de Intervenciòn”, una manera eufemística de llamar a los más sádicos ejemplares de los fanáticos cuerpos dirigidos por Himmler. Eran los responsables de “tomar medidas respecto a la población civil”. Fueron creadas en mayo de 1941 ex profeso para que realizasen una siniestra labor de exterminio en las tierras conquistadas por la Wehrmacht. Estas unidades las integraban los miembros más granados de las SS, de la Policía de Seguridad y del Servicio de Seguridad. Escuadrones de la muerte, para entendernos. Solían empezar su siniestra tarea una vez ocupada una región o ciudad soviética. “Limpieza” la llamaban, y sus principales víctimas fueron los comunistas, los judíos, los gitanos y los partisanos, ya lo fuesen de forma efectiva, o simplemente sospechosos de serlo. Parece que la orden inicial sólo incluía a los judíos bolcheviques varones, pero después también se incluyó entre los sujetos objeto del exterminio sistemático a las mujeres y niños judíos.

Un ejemplo de la actuación de estos grupos de exterminio. En Lemberg, hoy día Lvov, ocupada por los alemanes el 30 de junio de 1941, vio llegar muy pocos días después a miembros de estas Einsatzgruppen, integrados para la ocasión por nacionalistas ucranianos, que llevaron a cabo fusilamientos en masa de ciudadanos judíos.

Otro ejemplo. Globocnick, jefe de las SS en Lublin ensayó en noviembre de 1941 un método que calificó de novedoso. Lo ensayó con 3000 judíos de la población polaca de Konin. Ante el problema de que fusilar a las víctimas y enterrarlas podría delatar las masacres perpetradas por los nazis, debido de que los cadáveres se hinchaban y generaban los gases de la descomposición, Globocnik decidió hacer desaparecer los cadáveres de los ejecutados. Para ello excavó fosas en las que echó cal e inundó después con agua. En estas fosas había apretujado a los pobres desdichados condenados, que murieron de forma horrible hervidos en cal viva. Los tremendos alaridos de las víctimas afectaron incluso a los templados nervios de los sádicos verdugos. Por ello se descartó esta forma masiva de ejecución.

La Unidad de Intervención A actuó en los países bálticos. En las ciudades lituanas de Vilna y Kaunas y en la letona Riga y otras poblaciones contaron con la connivencia de las autoridades locales, que ayudaron en las tareas de deportación y exterminio in situ de la población judía. En Kaunas un muchacho lituano asesinó a unos 50 judíos a garrotazos. En Riga se ejecutó a 9000 judíos el 30 de noviembre de 1941, después de quitarles los objetos de valor. Los prisioneros de guerra rusos  habían excavado varias fosas, y los condenados fueron obligados a desvestirse y a bajar a la fosa donde debían tumbarse bocabajo, hombro con hombro en una disposición que las SS denominaban Sardinenpackung (sardinas en lata). Se les metía un tiro en la nuca, y se preparaba otro grupo de personas que eran ejecutadas de la misma manera.

Al final de 1941, estos escuadrones de la muerte, en su camino hacia Leningrado, habían dado buena cuenta de medio millón de personas. La Unidad de Intervención B avanzó detrás de las tropas que se dirigían hacia Moscú, “limpiando” entre otras, las poblaciones de Brest-Litovsk, Minks y Kurks. Hasta el invierno de 1941-1942, exterminaron a unas 50000 personas, entre las que se encontraban comunistas, partisanos, judíos e incluso prisioneros de guerra.  Las Unidades de Intervención C y D “trabajaron” sobre todo en Ucrania, donde dejaron un rastro de 180000 asesinatos.

No obstante esta metodología de la muerte no les pareció suficientemente eficaz a los sádicos jerarcas nazis. Lo de la cámara de gas vendría después.

La Kommisarbefehl u ordenanza sobre los comisarios

ordenanza de los comisarios 2

Con la Operación Barbarroja, los alemanes entraron en la Unión Soviética a sangre y fuego. Al respecto Hitler ya había dado meses antes de la invasión una serie de estrictas órdenes, en el sentido de que la guerra contra la URSS no se parecería a ninguna otra. No olvidemos la ideología racista del nacionalsocialismo, para el cual los eslavos pertenecían a una raza inferior que no merecía vivir. Y además en el caso de los soviéticos, que eran eslavos (raza inferior a ojos de los nazis), se daba el caso de que representaban el bolchevismo, el gran enemigo ideológico de los nazis, por lo que las operaciones a llevar a cabo tenían mucho que ver con la desaparición física del enemigo oriental. Hitler anunció a los generales de la Wehrmacht meses antes de la traición al Pacto de No Agresión germano-soviético, que la guerra contra los soviéticos se llevaría a cabo ignorando las leyes de la guerra. Sin cuartel. Se concedía expresamente el derecho del soldado alemán a tratar con brutalidad a la población civil de los territorios que se conquistasen y en especial se emitió la Kommisarbefehl u ordenanza sobre los comisarios, por la que los comisarios políticos soviéticos debían ser inmediatamente “liquidados”, pues el Reich no los reconocía como soldados y pensaban que podían ejercer una nefasta influencia ideológica sobre los compatriotas capturados. Los comisarios eran considerados por las altas jerarquías nazis como los “verdaderos responsables de la resistencia soviética”. Así pues, desde las altas esferas del Tercer Reich, se recomendaba el exterminio y la masacre sin complejos ni compasión. Había que destruir a los bolcheviques, y aquí el fin justificaba plenamente los medios. Para qué queremos más, debieron pensar los soldados alemanes: “tenemos carta blanca de nuestros mandos para hacer el burro todo lo que queramos”. Y se pusieron manos a la obra con entusiasmo. Claro, que quien siembra vientos, cosecha tempestades…

Muy pronto, centenares de miles de soldados soviéticos cayeron prisioneros de la Wehrmacht, quien les dispensó de forma habitual un trato cruel e inhumano. Se había puesto en marcha una guerra de aniquilamiento sin precedentes, a la postre el germen de la derrota final alemana.