Los servicios de inteligencia soviéticos

Los servicios de inteligencia soviéticos, el espía ruso en suma, siempre han tenido una excelente reputación de eficacia de cara al exterior. A las pruebas me remito. Incluso hoy día. Ahí esta Putin. Como muestra un botón. No obstante estamos en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, otra etapa de la Historia, aunque me parece que todavía quedan heridas de entonces por cerrar. O acontecimientos históricos que comenzaron por entonces o incluso antes y que todavía no parecen haber echado el cierre. Pero no nos desvíemos del tema. En este post tratamos de los servicios de inteligencia soviéticos, que es probable que durante el conflicto que ocupa las páginas de este blog fueran más eficaces «contra» sus aliados occidentales que contra el enemigo común alemán.

Los servicios de inteligencia soviéticos. El general Golikov
El general Golikov

En otro post se ha hablado del control del Ejército Rojo por el NKVD. Dentro del Ejército existía su propio servicio de inteligencia, el GRU, dirigido por el general Golikov (1900-1980), todos ellos controlados en última instancia por el escrupuloso aparato de seguridad estalinista, el NKVD. La actuación foránea del GRU se basaba en organizaciones comunistas clnadestinas locales. Incluso en Alemania, aunque la Rote Kapelle fue desmantelada pronto en el propio Reich a finales de agosto de 1942. Aun así, uno de sus grupos siguió actuando en Suiza. Esta sección de la Rote Kapelle controlada por el GRU era conocido como el Círculo de Lucy, que siguió actuando hasta junio de 1944. «Lucy» estaba dirigido por el editor de Lucerna Rudolf Rössler, muy probablemente vigilado a su vez por el espionaje suizo, a pesar de lo cual, siguió manteniendo contactos con la resistencia alemana y altas jerarquías de la Wehrmacht. Según el historiador Norman Davies, uno de los agentes de Lucy pudo ser el mismísimo almirante Canaris, el jefe de la Abwehr, el espionaje alemán. Sea como fuere, gracias a esta red de espionaje, los soviéticos conocían con antelación bastantes de las ofensivas alemanas en el frente del este, logrando desbaratar algunas de ellas.

Los soviéticos eran maestros consumados en el difícil arte del engaño o «maskirovka«. Algunos ejemplos los tenemos en los descomunales movimientos de tropas durante la noche, la construcción de falsos campamentos o el envío por radio de mensajes falsos o cuando menos, engañosos. En diciembre de 1941, cuando en Moscú todos esperaban la caída de la ciudad en manos de los alemanes, apareció de la noche a la mañana un enorme ejército soviético que logró evitar la ocupaciòn germana. Los alemanes ni se lo esperaban. Gracias a los servicios de inteligencia soviéticos, que actuaron rápidamente y bien. En otras ocasiones, ocurría lo contrario: cuando el enemigo esperaba un ataque devastador y masivo del Ejército Rojo, los soviéticos se detenían, como sucedió en el río Vístula en agosto de 1944.

Aunque las sospechas de Stalin (de todo y de todos, como buen dictador) podían paralizar en cualquier momento la eficacia de tan magnífica máquina de espiar. Un ejemplo. El alemán Richard Sorge (de nombre de guerra Ramsay) era un comunista convencido que ingresó en el Partido Nazi. Trabajaba en Tokyo como corresponsal alemán. Aunque avisó correctamente y con tiempo suficiente de la que se les avecinaba a los soviéticos con la Operación Barbarroja, en Moscú no le creyeron. Poco después, los alemanes invadían la URSS.

La PURKKA y el NKVD

La PURKKA y el NKVD. Mehlis, director de la PURKKA
Mehlis, director de la PURKKA

La PURKKA y el NKVD fueron temidos organismos de control y represión dentro del Estado soviético. El Ejército Rojo se había convertido, según transcurria la guerra, en la más formidable maquinaria militar del mundo. Y por eso mismo, Stalin necesitaba atarle en corto, a causa de ese mismo poderío, tanto interior como exterior. Para ello existía la Administración Política del Ejército Rojo, la PURKKA, organización que subordinaba el Ejército Rojo al Partido Comunista, para que no se desmandase por su propia y poderosa inercia. La PURKKA respondía ante el Comité Central del PCUS. A partir de 1937, la PURKKA fue dirigida por alguien que se encargó de supervisar personalmente las purgas militares que dejaron a la cúpula del Ejército soviético en cuadro, Lev Mehlis, uno de los más siniestros colaboradores de Stalin. El otro acólito de renombre fue Lavrenti Beria, que dirigió el NKVD, el Comité de Seguridad del Estado, es decir la policía política del régimen estalinista. Beria tenía a su disposición un enorme ejército privado, que aterrorizaba a la población y la mantenía tranquila y reprimida bajo la égida del Estado. El NKVD estaba un peldaño por encima de la PURKKA, a la que controlaba, igual que controlaba el Ejército Rojo.

La PURKKA se hacía cargo de la instrucción política, tan necesaria en un régimen totalitario como era el soviético, y gestionaba a su vez la red de politruki, los comisarios políticos, para entendernos, y que controlaban todos los niveles del Ejército Rojo. Se podía decir que el Ejército no disparaba ni una bala sin el consentimiento de los comisarios políticos. Por eso, eran el objetivo número uno de las SS hitlerianas y de la Wehrmacht. Los comisarios políticos estaban, teóricamente, a las órdenes del comandante de su unidad militar y en la práctica, a las de su superior en el NKVD. Eran consejeros e instructores políticos de los soldados, y hacían las veces de espías por si alguno decía alguna ligera inconveniencia en contra de Stalin o del Estado soviético. Alexander Solzhenitsyn, el disidente soviético más célebre, autor de la obra «Archipiélago Gulag«, sufrió en sus propias carnes la postura opositora, por nimia que fuese, a la legalidad vigente. Y es que tan solo una palabra en contra del camarada Stalin pronunciada en el lugar inadecuado y cerca de oídos también inaceduados, suponía la apertura de un expediente y el traslado a un campo de concentración en Siberia. Eso como mínimo. De nada le sirvió a Solzhenitsyn ser un oficial de artillería experimentado y valioso en el frente, pues una opinión política incorrecta hizo que diese con sus huesos en un Gulag.

La PURKKA y el NKVD. Aleksandr Solzhenitsyn
Aleksandr Solzhenitsyn

Este sistema de terror absoluto había sido mejorado y depurado hasta niveles insospechados en la URSS durante las purgas de los años 30. Muchos jóvenes no habían conocido otra cosa y para ellos la delación a los padres, por ejemplo, algo que les enseñaban en el colegio, funcionaba con naturalidad en este sistema político diabólico.

Pero el control político del Ejército se agudizaba más y más según se ascendía en la escala jerárquica. Generales políticos como Nikita Kruschev o Leonidas Brezhnev, dominaban los estados mayores militares soviéticos en todos los frentes. Así podemos comprender como a la muerte de Stalin, no ascendieron a la cúspide del sistema soviético militares puros, héroes y grandes estrategas, como Zhukov o Rokossovski, sino políticos como Beria, y los propios Kruschev y Brezhnev, quienes se enzarzaron en sus propias disputas, a las que estaban tan acostumbrados. De hecho, para alcanzar su obejtivo final, Kruschev se deshizo físicamente de su rival Beria.

El NKVD, como las SS en Alemania, de las cuales era algo así como el equivalente soviético, aunque con mayores prerrogativas, contaba con su propio (y enorme) ejército particular, que incluía tanques, artillería y aviones. Su principal función era vigilar al Ejército Rojo, pero su rol le permitía además garantizar la seguridad en la retaguardia, es decir, que nadie se desmandase, ni civiles ni militares. Cuando la situación así lo exigía por su extrema gravedad, unidades del NKVD era enviadas al frente. Dentro de sus filas se incluían los denominados «regimientos de bloqueo«, cuyo cometido era avanzar detrás de los rezagados del frente y disparar contra aquéllos que trataban de volverse atrás.

La Ustacha

La Ustacha fue un grupo radical terrorista creado para la independencia de Croacia. Se formó en 1929 y fue liderado por Ante Pavelic. Su pensamiento se basaba en un extremismo católico de racismo religioso. Estaban en contra de cualquier pensamiento religioso no católico, especialmente el de los ortodoxos rusos. Cuando fue asesinado el líder croata Dtjepan Radic en Belgrado, Jefe del Partido Agrícola Croata, se desestabilizó la zona, entrando en el juego extremista de la Ustacha. Esta se caracterizó por su brutalidad, incluso contra mujeres y niños. Mantuvieron buenas relaciones con los Nazis y con los fascistas italianos. Pero sus crueles represiones fueron incluso repudiadas por las SS.

Se sentían oprimidos por los serbios y concebían la violencia como un medio para obtener sus objetivos. Durante la 2GM los Ustachas gobernaron en Croacia. Su estado títere se denominó “Estado Independiente de Croacia”. Al finalizar la guerra los serbios expulsaron a los Ustachas y Croacia formó parte de Yugoslavia bajo el régimen comunista de Tito. A la muerte de este surgieron grupos paramilitares que se denominaron Ustacha, logrando Croacia la independencia.

La principal característica  de la Ustacha es el odio extremo hacia los serbios. Fue un movimiento profundamente anticomunista, aunque se oponía también al capitalismo, buscando una “tercera vía”. También tenían un claro pensamiento racial muy parecido al de los nazis. Se consideraron el escudo de protección contra el imperio Otomano. La salvaguardia de la religión autentica. Pero aunque se autoincluyeron dentro del  catolicismo no eran muy devotos, más bien nacionalistas antiserbios.

 En la época de Alejandro I de Yugoslavia, el partido Campesino Croata se oponía a la dictadura real, pero de una manera pasiva. En cambio, los Ustacha fueron un feroz grupo terrorista, que ponían bombas, provocaban descarrilamientos, etc… Al final asesinaron al rey en 1934 y intentaron un alzamiento nacional que fracasó. El atentado fue reivindicado por un grupo independentista macedonio y los propios Ustachas, y consumado por un búlgaro. Los países occidentales dejaron de apoyar a la Ustacha, produciendo un efecto contrario en los universitarios croatas, que comenzaron a apoyarles incondicionalmente.

Esta organización extremista fue apoyada por los fascistas italianos y los Nazis, pero después del asesinato del rey también estos quisieron aislarlos. Pavelic fue detenido y encarcelado. La Ustacha se fue volviendo cada vez más antisemita. El inicio de la 2GM volvió a rescatar a Pavelic de su encierro. Reunió a 500 partidarios que, apoyados por los nazis, crearon el nuevo estado Croata. Además se creó la legión Croata que apoyaba a la Wehrmacht en el frente del Este. Ante Pavelic se convirtió en el Führer Croata, eliminando a todo el resto de partidos. La pérdida del control del Eje de los Balcanes por medio de los partisanos y del ejército Rojo, echó por tierra las aspiraciones de los nacionalistas croatas.

La tragedia de Slapton Sands

La tragedia de Slapton Sands u Operación Tigre

La denominada tragedia de Slapton Sands u Operación Tigre, es un  episodio muy poco conocido por el gran público que tuvo lugar en el seno de unas maniobras de preparación para el desembarco de Normandía. En abril de 1944, en este paraje de la costa británica de Devon, aproximadamente un millar de soldados norteamericanos murieron cuando en mitad de la operación apareció por sorpresa un grupo de torpederas alemanas, que hundieron varias embarcaciones que participaban en las maniobras. El desastre se silenció y una vez más, como en el desembarco de Dieppe quedaron al descubierto los peligros de una operación anfibia. El desembarco de Slapton Sands tuvo el nombre en clave de Operación Tigre, pero por muy secreto que se quiso mantener, los alemanes estaban con la mosca en la oreja acerca de un próximo desembarco en las costas de Francia bañadas por el Canal de la ;Mancha.

Tragedia de Slapton Sands. E-Boat alemán
E-boat alemán

En la costa francesa, las estaciones de escucha germanas estaban en máxima alerta y lograron captar y descifrar los mensajes relativos a la operación. Los alemanes se prepararon para dar una buena tunda a sus enemigos. En la noche del 27 de abril (madrugada del 28), habían comenzado las labores de desembarco de la logística aliada en Start Bay y Lyme bay, compuesta por camiones, anfibios y equipo pesado. En esas estaban cuando de improviso aparecieron toperderas alemanas E-Boats que atacaron al indefenso convoy acabando con casi un millar de soldados (700-800 según las fuentes), la mayoría ingenieros que no podían ser sustituidos con facilidad precisamente por su alta especialización. Numerosas barcas de desembarco norteamericanas fueron hundidas casi de inmediato y la que quedó a flote logró embarrancar en la playa poco después del ataque, en muy malas condiciones y con muchos muertos y heridos a bordo. Diez de los oficiales ahogados en la tragedia de Slapton Sands conocían detalles de la verdadera operación de desembarco de Normandía, que se llevaría a cabo pocas semanas después. Sus cadáveres fueron recuperados por orden del general Eisenhower para asegurarse que ninguno de ellos hubiese caído en poder de los alemanes y haber revelado los secretos de la Operación Overlord. Los alemanes cogieron varios prisioneros en la rápida operación de ataque por sorpresa.

El fracaso de las maniobras se mantuvo en estricto secreto de sumario, y solo después del desembarco de junio (ya en julio de 1944), el Cuartel General de Eisenhower entregó a los corresponsales de guerra un escueto comunicado de prensa sobre lo sucedido en Slapton Sands a finales del mes de abril. Los hechos fueron conocidos unos años más tarde, pues fueron referenciados en varios libros, uno de ellos de carácter autobiográfico, como el de un ayudante de Eisenhower, el capitán Harry C. Butcher,. Butcher tituló sus memorias como «Mis tres años con Eisenhower» (1946).

Tan sólo muchos años después hubo testimonios de los supervivientes del suceso, muchos de los cuales se quejaron de no haber recibido una correcta instrucción en cuanto al manejo del chaleco salvavidas. Algunos perecieron ahogados con el salvavidas puesto pero con la cabeza bajo el agua y los pies en la superficie de un mar que estaba a muy baja temperatura. Otros por hipotermia. El parte de bajas de la Operación Tigre se publicó en una fecha tan relativamente tardía como agosto de 1944, y quedaron minimizadas por publicarse junto a las bajas del Día D.

Mujeres en los ejércitos de la Segunda Guerra Mundial

En la Primera Guerra Mundial, las mujeres accedieron a los denominados «empleos de guerra«, como el trabajo industrial en astilleros y empresas de armamento. En la Segunda Guerra Mundial se incorporaron a unidades militares, y en el caso de la URSS, las mujeres combatieron en primera línea. Las mujeres en los ejércitos de la Segunda Guerra Mundial colaboraron activamente en mayor o menor medida según el país.

Mujeres en los ejércitos de la Segunda Guerra Mundial. Mary Churchill con su padre
Mary Churchill con su padre

Por ejemplo, en Gran Bretaña, las solteras de edades comprendidas entre veinte y treinta años fueron declaradas disponibles para el servicio militar a partir de 1941. Los ejércitos de Tierra, Mar y Aire habían organizado servicios auxiliares en los que quedaron encuadrados las mujeres británicas: Wrems (Armada); WRAC (Ejército de Tierra) o WAAF (Ejército del Aire). La propia princesa Isabel (más tarde, reina Isabel II) prestó servicio como conductora de camión militar. Medio millón de mujeres británicas prestaron servicios de enfermería. Las enfermeras eran las profesionales femeninas más comunes en el Ejército británico. Si bien en teoría, las mujeres británicas no podían entrar en combate por ley, en la práctica muchas prestaron servicio en las unidades antiaéreas, incluida la hija del primer ministro, Mary Churchill, que predicó con el ejemplo en el distrito de Londres, cuando los nazis bombardearon la capital británica. Incluso en la RAF hubo mujeres pilotos, que si bien, no entraron en combate, sí que fueron las encargadas de pilotar los nuevos aviones fabricados en los EEUU, integrados en las  fuerzas aéreas británicas.

En EEUU, la escasez de mano de obra era menos acuciante, al menos en los primeros momentos de la guerra. Pero finalmente, la mujer se incorporó al ejército estadounidense. En 1943 se creó el Cuerpo Auxiliar Femenino.

En Alemania, las mujeres debían quedarse en casa con la «pata quebrada», constituían el «reposo del guerrero» y parían a los hijos de los combatientes germanos, además de cuidar de la familia, siguiendo los postulados ideológicos nacionalsocialistas. Pero como las bajas aumentaban alarmantemente entre los varones a medida que se recrudecían los combates, sobre todo en el frente oriental, auténtica sangría de combatientes del Tercer Reich, se necesitaron cada vez más recursos humanos. Mujeres incluidas. Así, medio millón fueron reclutadas en la defensa antiaérea, como en el Reino Unido, y con restricciones similares: las mujeres podían incorporarse a las Fuerzas Armadas, pero no podían disparar un solo tiro.

Las cosas eren muy diferentes en la Unión Soviética, donde las mujeres no sólo disparaban, y muy bien en algunos casos, sino que en otros fueron auténticas heroínas de  guerra, como sus compañeros varones. En la URSS, al igual que sus compañeros varones, las féminas estaban obligadas a prestar servicio en el Ejército Rojo. Unos 8 millones de mujeres recibieron instrucción especializada en conducir camiones, manejar ametralladoras y como francotiradoras. Formaron también cuerpos de guardias de tráfico. Pero quizás las más especializadas combatientes soviéticas fueron aviadoras. En la URSS se crearon unidades de combate exclusivamente femeninas, sobre todo en las fuerzas aéreas. Por ejemplo, la 585ª Ala de Cazas, la 587ª Ala de Bombarderos en Picado y la 588ª Ala de Bombarderos Nocturnos, todos ellos formados solo por mujeres piloto fueron la elite de las mujeres en los ejércitos de la Segunda Guerra Mundial.

El símbolo de la «guerrera» soviética fue Liudmila Pavlichenko, que combatió como francotiradora voluntaria en la 25ª División de Infantería en la defensa de Odessa y se retiró inválida después de matar a 309 enemigos.

Mujeres en los ejércitos de la Segunda Guerra Mundial. Liudmila Pavlichenko
Liudmila Pavlichenko

La superioridad numérica soviética

La superioridad numérica soviética. El Ejército Rojo en la Operación Bagration
El Ejército Rojo en la Operación Bagration

«Somos muchos«, decía un viejo proverbio ruso. «U nas mnogo» («somos muchos») debía pensar Stalin cuando enviaba a la batalla y en numerosas ocasiones a una muerte segura a cientos de miles de soldados sin apenas preparación militar. La incuestionable superioridad numérica soviética alentó la fatídica convicción, tan típica del espíritu ruso, de que la vida humana era desechable. Los generales soviéticos se podían permitir y se permitían de hecho el lujo de sufrir el doble y aún el triple de bajas que el enemigo, y aún así ganar la batalla. Stalin ordenó a sus subordinados que enviasen masas ingentes de hombres al campo de batalla con la convicción de que el número bastaba para aplastar al enemigo, sin importar los muertos propios. No le había importado el número de muertos durante la gran colectivización, las purgas y el Gran Terror, como para detenerse ahora ante un enemigo muy superior en armamento y táctica de guerra, como era el alemán. Al menos de momento.

En junio de 1941, cuando los alemanes desencadenaron la Operación Barbarroja y arrollaron a los sorprendidos ejércitos soviéticos en Bielorrusia y Ucrania fundamentalmente, el Ejército Rojo estaba compuesto por unos 5,37 millones de hombres. Diez días más tarde habían sido movilizados unos 5 millones más, y era imposible que hubiesen recibido la instrucción adecuada en tan poco lapso de tiempo. Ni la instrucción ni el equipo ni armamento adecuados, pues nadie en la URSS esperaba algo así. El Ejército Rojo contaba con una minoría de unidades de primera clase que eran acompañadas por otro numeroso grupo de soldados mal instruidos, mal equipados y mal alimentados, que ocupaban las formaciones de segunda y tercera líneas.

En la URSS, más del 10% de la población estaba constituida por trabajadores esclavos. El reclutamiento obligatorio estaba a la orden del día, no solamente en el ejército, sino también en la industria, donde todos los ciudadanos adultos estaban obligados a servir en un empleo adecuado a sus características y en función de las necesidades del Estado. Cada soviet local se encargaba de poner a disposición de los distritos militares a los hombres y mujeres jóvenes para ser instruidos militarmente y adoctrinados políticamente de forma conveniente a los usos y convenciones del estado totalitario soviético. En los distritos militares más cercanos al frente, pelotones armados, presumiblemente dirigidos por comisarios políticos se llevaban por las buenas o por las malas a todos los jóvenes que encontraban. Si alguno se negaba u oponía más resistencia de la esperada, era ejecutado. Si los reclutas se «perdían» por el camino y eran reencontrados, se les ejecutaba, La vida humana en la URSS parecía importar muy poco. U nas mnogo. Somos muchos. La ley de la superioridad numérica soviética.

Los soviéticos, o al menos, sus dirigentes, preferían la cantidad en vez de la calidad. Esta obsesión por la superioridad numérica permite explicar las dimensiones de las unidades del Ejército Rojo y su abundante equipo una vez pusieron a funcionar las fábricas de equipos militares a velocidad de crucero. Ejemplos los tenemos en las divisiones blindadas. Las sovéticas estaban dotadas de 375 tanques, y sus oponentes alemanes, de 209. Otro ejemplo más: una división de fusileros soviética estaba formada por 1200 ametralladoras y la homónima de la Wehrmacht, por 486. La característica superioridad numérica soviética. Cantidad vs calidad. Aunque finalmente, las divisiones del Ejército Rojo acabaron arrollando a sus enemigos y desparramándose por la Europa oriental. La Operación Bagration del verano de 1944 es un ejemplo de la utilización al máximo de la superioridad numérica soviética.

¡Cuidado con las traducciones!

El problema de Japón y las traducciones. El futuro de Japón estuvo en manos de un traductor. En la Segunda Guerra Mundial después de la conferencia de Postdam, cuando los aliados se estaban repartiendo el mundo, enviaron un ultimátum a los japoneses con unas condiciones de rendición  aceptables. Pero como no habían recibido la notificación oficial del ultimátum, el primer ministro Kantaro Suzuqui dijo que se mantenían en situación de mokusatsu, palabra con dos acepciones: desconocer o no hacer ningún comentario. El traductor lo tomó como que no se daban por enterados del ultimátum. La prensa americana dijo que el gobierno nipón rechazó la oferta. Esto llevó a un endurecimiento Aliado contra el Japón, que entre otras cosas condujo al lanzamiento de las dos bombas atómicas. Cuidadin con lo que se dice, traduce…

Los ejércitos soviéticos

Todos los ejércitos tienen sus apodos para el enemigo e incluso para sus propios aliados. Los ingleses eran los «Tommies» y  los rusos, «los Ivanes«, para los alemanes. Los británicos solían llamar a los alemanes «los Krauts» («los que comen col») o «los hunos«, como en la Primera Guerra Mundial. El Ejército Rojo combatía contra «los Fritz» (los alemanes). Pero dentro de cada una de estas denominaciones se escondían numerosas contradicciones, ya que no todos los miembros de los «Tommies» eran ingleses, ni todos los Ivanes eran rusos, ni todos los Frtiz eran alemanes.

Ejércitos soviéticos. Soldados del Ejército Rojo en Berlín
Soldados del Ejército Rojo en Berlín

Centrémonos en este post en los ejércitos soviéticos. Aunque fuera de la URSS, los ejércitos soviéticos, el Ejército Rojo, era conocido de forma genérica como “los rusos”, en realidad estaba constituido por soldados de setenta nacionalidades reconocidas oficialmente por el Estado soviético. Los rusos “de verdad” conformaban un 55-60% de la población de la URSS, pero el resto no eran rusos, aunque muchos colectivos culturalmente sí que estaban «rusificados”. En época de los zares, los bielorrusos y los ucranianos estaban asimilados a los rusos y así continuó siendo en época soviética. Los rusos constituían la oficialidad del Ejército Rojo y las órdenes se daban en ruso, el idioma oficial de la Unión Soviética.

De hecho, los rusos eran los habitantes de lo que se llamaba en época zarista, la “Gran Rusia”. Ucrania era la “Pequeña Rusia”. Para todos los demás, ambos eran conocidos como “los moscovitas”, ya que Moscú era el centro neurálgico del Estado expansionista ruso (constituido realmente en origen por la Gran y la Pequeña Rusia). Además los rusos trataron de expandirse a costa de otros pueblos eslavos, algunos de los cuales acabaron por considerarlos como una especie de “hermanos mayores”. Pero hubo otros pueblos que también fueron objeto de la expansión rusa y que no eran eslavos. Entre estos estaban los finlandeses, los pueblos bálticos, georgianos, armenios y los habitantes de las interminables estepas del Asia Central y de Siberia. Respecto a esta amalgama de pueblos dentro de sus fronteras, los dirigentes bolcheviques soñaron con un Estado de homo sovieticus, según describe Norman Davies: leales comunistas de cultura rusa. Pero nunca fue posible, pues había demasiadas diferencias étnicas y culturales entre los rusos y los pueblos más aculturados, como los del oriente europeo, y los asiáticos e incluso caucásicos (aunque el mismo Stalin era georgiano, es decir, de origen caucásico). No hubo homogeneidad cultural en los extensos territorios soviéticos, por tanto. No como en los EEUU. Pero todos ellos fueron obligados, en mayor o menor medida, a participar en la Segunda Guerra Mundial. Tantas diferencias culturales y étnicas terminaron por estallar. A la menor oportunidad, se declararon independientes en una miríada de repúblicas. Como cuando aprovecharon la guerra civil de 1918-1921, como en la época de Gorbachov, a finales de la década de los 80 y comienzos de los 90 del siglo XX. Así que, como vemos, los “ejércitos rusos” o “los rusos”, como eran conocidos tanto por sus aliados como por el enemigo nazi, no eran tan rusos como estos suponían. Eran los ejércitos soviéticos, el Ejército Rojo.

Los ucranianos eran la minoría soviética más numerosa, y su idioma estaba estrechamente emparentado con el ruso (como el alemán y el neerlandés, por ejemplo). Ya hemos dicho que el ucraniano era una especie de ”hermano pequeño” del ruso, peros sometido a su férula. A pesar de todo, Stalin, contra viento y marea, contra todo y contra todos, llevó a cabo en Ucrania (y no solamente aquí) una política de colectivización forzosa que se llevó por delante a más de 10 millones de ucranianos, muchos de los cuales fallecieron de hambre entre 1932 y 1933 y como resultado de la sanguinaria política instaurada en el Gran Terror estalinista. Por ello, no es de extrañar que muchos ucranianos se alistasen voluntarios en la Wehrmacht alemana y combatiesen contra el “Gran hermano” ruso, que no había sabido entender sus peculiaridades. Era el momento de vengarse de los abusos del “hermano mayor”, encarnado en la cúpula del régimen soviético, aunque fuese a costa de aliarse con el enemigo de todos los eslavos.

Ejércitos soviéticos. Soldados musulmanes del Ejército Rojo
Soldados musulmanes del Ejército Rojo

Como los habitantes de Asia Central estaban muy lejos del “fregao” en que se había convertido Europa, e incluso de las estepas rusas más allá de los Urales, no movieron ni un dedo por sí mismas por enviar a sus jóvenes a luchar contra los alemanes. Pero es que entre los territorios asiáticos soviéticos había tantas diferencias culturales y étnicas que les impedían ofrecer un frente común contra Moscú. De hecho, el Ejército Rojo consiguió reclutar muchos soldados, muchos de los cuales eran musulmanes, en estas latitudes, cuyos dirigentes no se pusieron de acuerdo para negárselos al Zar rojo de Moscú.

El soldado alemán imaginaba que luchaba contra los rusos, pero los jerarcas nazis, en esta ocasión más realistas (por una vez, y sin que sirviese de precedente), hablaban de las “hordas asiáticas” o de los “descendientes de Genghis Khan” procedentes de los confines del Asia central. Pero es que en realidad pareció que iba siendo así, pues a medida que avanzaba la guerra, el Ejército Rojo se “asiatizó” por la disminución de los efectivos propiamente europeos, que habían sufrido la primera gran acometida de la Operación Barbarroja. Una vez contenida la avalancha alemana, el Ejército Rojo comenzó a recuperarse, y después a avanzar hacia occidente con tropas ya plenamente eurasiáticas.

Los ejércitos alemanes

Todos los ejércitos tienen sus apodos para el enemigo e incluso para sus propios aliados. Los ingleses eran los «Tommies» y  los rusos, «los Ivanes«, para los alemanes. Los británicos solían llamar a los alemanes «los Krauts» («los que comen col») o «los hunos«, como en la Primera Guerra Mundial. El Ejército Rojo combatía contra «los Fritz» (los alemanes). Pero dentro de cada una de estas denominaciones se escondían numerosas contradicciones, ya que no todos los miembros de los «Tommies» eran ingleses, ni todos los Ivanes eran rusos, ni todos los Frtiz eran alemanes.

Ejércitos alemanes
Ejércitos alemanes

Centrémonos en este post en los ejércitos alemanes. “Los alemanes” no eran tales alemanes, pues eran un conjunto de combatientes muy complejo. Los ejércitos alemanes eran un conglomerado más abigarrado incluso que el de los aliados occidentales, por ejemplo, repleto de etnias de los cinco continentes, dada la extensión mundial del Imperio Británico.

Aunque en un principio los dirigentes nazis quisieron restringir a los alemanes “puros” la entrada en los ejércitos alemanes del Reich, cuando se ampliaron las fronteras y se absorbieron territorios como Austria, Bohemia, la Polonia occidental, Alsacia y Eslovenia, muchos reclutas de estas posesiones acabaron por engrosar los denominados ejércitos alemanes. Hacía falta cualquier tipo de “mano de obra”, ya fuese civil y militar. Y con mano de obra, me refiero también a los prisioneros polacos, franceses y soviéticos, quienes, entre 1939 y 1942, liberaron jóvenes alemanes para que pudieran servir en el ejército del Tercer Reich.

Para los nazis, cualquier ario, o mejor, cualquier soldado que pudiese pasar por ario, era válido para su ejército. Y un holandés, un danés, e incluso un francés, lo era (los franceses, con reservas, eso sí). Un eslavo, no, desde luego, pues formaba parte de los infrahumanos. De todas formas, la hipocresía que caracteriza a muchos seres humanos (o al género humano en sí mismo) también estaba presente, desde luego, en la Alemania nazi. Hubo judíos alemanes que, pese a su condición, total o parcial de judío, sirvieron en la Wehrmacht, gracias a ciertos certificados de parentesco, sobre todo referidos a los soldados de esta religión que habían combatido por la Alemania imperial del kaiser durante la Primera Guerra Mundial. Estos certificados de Deutschblutigkeit (“línea de parentesco”) se expidieron a aquellos que eran solamente en parte judíos, los mischlings. Luego, no todos los judíos alemanes fueron enviados a campos de exterminio. Heydrich, posiblemente era uno de estos, y algunos más de entre la corte de Hitler debieron ser medio judíos. ¿Hitler también? Eso aseguran algunas fuentes. Pero no voy a añadir más leña al fuego.

Las Waffen SS (Waffen Schutzstaffel, es decir, Secciones de Protección Armadas) eran la elite militar del Partido nazi. Se nutrieron durante los años 30 de reclutas alemanes y arios “puros” (¿Cuántos de los jerarcas nazis tenían el aspecto del que denominaban “ario puro”, ese hombre/mujer de cabellos rubios, ojos azules y cuerpo atlético?), al entender de las autoridades del NSDAP. Pero (siempre hay un pero), desde 1940, se formaron divisiones que incluían otro tipo de arios, no solamente alemanes. Sobre todo voluntarios escandinavos, encuadrados en la Wiking y la Nordland. Y según transcurría la guerra, cuando más personal hacía falta para enviar al matadero del frente, sobre todo al oriental, más necesario se hacía el reclutamiento por parte de las SS, que dejaron de lado sus pretensiones raciales. No estaban para exigencias raciales en aquellos momentos. Se alistaban sin problemas franceses, valones, italianos y húngaros. ¡Hasta eslavos, aquellos “infrahumanos” o “subhumanos” tan denostados en tiempos por los nazis! De las 38 divisiones de las Waffen SS, al menos 6 estaban compuestas por eslavos, como rusos, ucranianos, checos, serbios, bosnios y croatas. ¡Ver para creer! Necesitado te veas…

A los nazis no les gustaba nada proporcionar un arma a aquéllos que no eran alemanes. Al menos, en los inicios de la guerra. Lo normal era destinarlos a compañías de trabajo forzado.  O no. Vemos el caso de unos dos millones (o más) de prisioneros soviéticos que murieron en cautiverio, de hambre, frío y calamidades sin fin tras las primeras fases de la Operación Barbarroja. Al fin y al cabo, eran “subhumanos”, no merecían vivir…

Los ejércitos alemanes. El general Vlasov
El general Andrei Vlasov

Dentro de los auxiliares del Ejército alemán o hiwis, podemos incluir a los batallones de policía militarizada ucranianos y los procedentes de los antiguos Estados bálticos. O batallones de infantería formados por combatientes de etnias incluidas en los territorios de la URSS, que lucharon en las filas de los ejércitos alemanes. Incluso había soldados sometidos a regímenes políticos especiales dentro de las tropas del Tercer Reich, como la Brigada de Liberación Rusa de las SS (RONA) o el Ejército del antiguo general soviético Vlasov. Este personaje era un caso bastante sui generis. Andrei Vlasov se había distinguido en la defensa de Moscú hasta que cayó en manos del enemigo. Entonces, los nazis le convencieron para encabezar un movimiento antiestalinista entre los prisioneros de guerra soviéticos.  Y Vlasov aceptó, pues no debía estar muy de acuerdo con las decisiones del líder soviético. Así que el resto de la guerra, al mando de un numeroso contingente, combatió del lado de los nazis.

El Levantamiento de Varsovia fue un durísimo combate llevado a cabo entre el Ejército del Interior polaco contra “los alemanes”, las fuerzas de ocupación. Pero es que en realidad, pocos alemanes participaron en las atrocidades cometidas contra los civiles de la capital polaca. Ello es debido a que las unidades alemanas del frente continuaron allí combatiendo como pudieron contra los soviéticos, mientras que para aplastar la rebelión polaca, las SS pusieron en danza una fuerza de choque improvisada compuesta por elementos diversos y variopintos, entre los que se encontraban soldados irregulares de perfil cuando menos de delincuente, cuando no de asesino redomado y confeso. Por ejemplo, la Brigada Dirlewanger estaba integrada por convictos en libertad condicional y antiguos ciudadanos soviéticos. O la Brigada RONA, con rusos, bielorrusos y azerbaiyanos. Decir que los nazis retiraron del combate de Varsovia a numerosos húngaros por sus simpatías por los rebeldes, cuando no por su abierta confraternización.

Los ejércitos aliados occidentales

Los ejércitos aliados occidentales. Los "Tommies"
Los «Tommies»

Todos los ejércitos tienen sus apodos para el enemigo e incluso para sus propios aliados. Los ingleses eran los «Tommies» y  los rusos, «los Ivanes«, para los alemanes. Los británicos solían llamar a los alemanes «los Krauts» («los que comen col») o «los hunos«, como en la Primera Guerra Mundial. El Ejército Rojo combatía contra «los Fritz» (los alemanes). Pero dentro de cada una de estas denominaciones se escondían numerosas contradicciones, ya que no todos los miembros de los «Tommies» eran ingleses, ni todos los Ivanes eran rusos, ni todos los Frtiz eran alemanes.

Centrémonos en este post en los ejércitos aliados occidentales. En la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Británico lo constituía un buen número de escoceses, galeses e irlandeses, que se molestaban enormemente si les llamaban «ingleses», como se molestaba un inglés de Inglaterra si le confundían con un escocés o un galés, y no digamos con un irlandés. Y así, ad eternam. Cosas de las rivalidades locales, por mucho que en este caso (y desde hacía ya varios siglos) estuviesen todos en el mismo bando. Pero además, en concreto el Ejército Británico también estaban compuesto por regimientos oriundos de las numerosas nacionalidades que componían el extenso Imperio británico: Bueno, más que nacionalidades, habitantes de los Dominios que «rendían pleitesía» a su Graciosa Majestad, como los canadienses, australianos, sudafricanos y neozelandeses, que intervinieron en el conflicto integrados en los tres ejércitos británicos: tierra, mal y aire, formando muchas veces compañías compuestas exclusivamente por soldados de una misma nacionalidad. Había otros casos, como el de los Gurkhas, un cuerpo de elite de la India (uno de estas compañías especializadas -en matar, claro- fue enviada durante la denominada guerra de las Malvinas de 1982 a rebanar pescuezos de jóvenes soldados argentinos de reemplazo enviados a las islas por una siniestra dictadura sanguinaria en franca descomposición). Los Gurkhas eran de la India, pero no del ejército Indio, integrado por soldados de variopintas etnias y religiones. Las órdenes se daban en inglés, lógicamente, pues era la lengua materna de la metrópolis. Y se juraba lealtad a un monarca británico, tan lejano, tan etéreo, tan intangible. Británico,no inglés. Así, por mucho que los alemanes se empeñasen en llamar a todos estos soldados «los ingleses«, ingleses de verdad, pues pocos, o mejor, en proporción a la población de Inglaterra existente respecto al resto de pueblos de las Islas Británicas y del resto de Dominios británicos.

Aparte de los combatientes propios del Imperio Británico, hubo otros que también lucharon a las órdenes de comandantes británicos. El mayor contingente de éstos procedía de Polonia, donde no todos los soldados eran de etnia polaca propiamente dicha, sino que muchos eran judíos, ucranianos, e incluso alemanes.

Tras la caída del Norte de África francés en manos de los aliados, un cuarto de millón de soldados franceses, que hasta ese momento habían obedecido a la Francia de Vichy, satélite del Reich, pasaron a engrosar las filas de los ejércitos aliados occidentales. Los franceses se dividían en «hadjis«, es decir los que habían hecho «el peregrinaje» en las colonias francesas de África y «moustachis» , que eran los profesionales formados en alguno de los territorios que el mariscal Pétain controlaba.

En el Ejército norteamericano, mejor, estadounidense, existían muchas unidades compuestas exclusivamente de soldados negros reclutados en los estados del Sur. El cuerpo de oficiales superiores solía ser WASP (White Anglo-Saxon Protestant, en castellano, blanco, anglosajón y protestante, los descendientes de los colonos y de los padres peregrinos, en mayor medida). En un segundo escalafón del ejército USA (los denominados GIJoe) estaban por ejemplo los italoamericanos, polacoamericanos,,,e incluso germanoamericanos. Pero culturalmente, eran más homogéneos que los británicos, pues todos estaban muy «americanizados». Se da el caso curioso, aunque puede parecer lógico por otra parte, que muchas familias descendientes de alemanes habían cambiado su apellido durante la Gran Guerra, por aquello de ser más papistas que el Papa en territorio hostil, o al menos, parecerlo. La familia de Eisenhower, general y comandante en jefe de las tropas aliadas en Europa (y posterior presidente de EUU), fue de esas, pues el el apellido original alemán es «Eisenhauer».