Operación Nordpol

El cine nos ha hecho creer que el servicio secreto nazi era tonto y poco efectivo. Y que su homónimo inglés era todo lo contrario. Un dechado de precisión e inteligencia. Nada más lejos de la realidad. Hay múltiples ejemplos que lo demuestran.
Los ingleses estaban convencidos que tenían muchos espías en los Países Bajos ocupados, sobre todo radiotelegrafistas. La mayoría eran alemanes que transmitían datos falsos para confundir.
Los alemanes detuvieron a un radiotelegrafista inglés Lauwers y a sus colaboradores. Le obligaron a transmitir mensajes a Londres si no sería fusilado, él evidentemente accedió. Pero utilizó una clave secreta,previamente pactada, para que sus compañeros supieran que estaba apresado, (trastocar la letra 16).
Sin embargo, los ineficientes ingleses no se dieron cuenta de la advertencia. Siguieron mandando paracaidistas a suelo holandés que eran apresados al aterrizar.
Lauwers contestaba dando mensajes del éxito de las incursiones, ya que estaba siendo apuntado por las pistolas alemanas y los ingleses se lo creían, lanzando más infelices a ser detenidos.
Lauwers siguió mandando la clave, desesperadamente, ante el miedo de que sus propios compañeros le consideraran un traidor, no consiguió nada. Jamás se enteraron. Al final, todo se supo al acabar la guerra.
El Servicio secreto alemán siempre prefirió conseguir información antes que eliminar un grupo enemigo. La operación Nordpol se desbarató cuando dos prisioneros ingleses lograron escapar de la cárcel alemana. El S. Secreto Alemán envió mensajes diciendo que eran espías alemanes. Pero esta vez no coló.

El doble de Montgomery

El Mariscal Montgomery tuvo un doble, el teniente Clifton James, un actor que tenía un asombroso parecido.
El MI 5 Servicio secreto del ejército británico le descubrió y le formó. Durante un tiempo siguió a Monty para aprender sus gestos y su forma de hablar.
Su principal misión fue confundir a los alemanes en el desembarco de Normandía.
Mientras el auténtico preparaba la invasión en las costas inglesas, el falso viajaba a Gibraltar. De allí volvería a las costas africanas para preparar la invasión por el sur de Europa.
En Gibraltar fue recibido con bombo y platillo por Sir Ralph Eastwood viejo amigo del general. Hasta que no llegaron a la intimidad de su despacho no le dijo. “Lo veo y no lo creo, ¡Si es usted el mismísimo Montgomery”
El contraespionaje alemán envió dos espías a entrevistarse con Monty haciéndose pasar por empresarios españoles. Estos afirmaron al alto estado Mayor de que el general se encontraba al sur con idea de planificar la invasión. El objetivo fue conseguir distraer la atención Alemana.
De allí se fue a Argel, siguiendo con la treta. Recepciones oficiales, guardias de honor, tropas jubilosas.
Cuando se produjo el día D el actor, el teniente Clifford volvió a su puesto en el anonimato y posteriormente al acabar la guerra en el proceso de Nuremberg se enteró que los alemanes habían planeado matarle en España.

Las Motas espías.

El espionaje nazi inventó un curioso procedimiento de transmisión de mensajes a través de motas en sus cartas. Los espías mandaban todo tipo de misivas en las que había unas diminutas motas (del tamaño de un punto) que eran fotografías de material de espionaje.
El invento lo realizó el profesor Zapp, de la Universidad de Dresden. Consistía en una hoja de papel que era fotografiada por una cámara y reducida al tamaño de un sello. Luego era otra vez fotografiada por un microscopio invertido a 200 aumentos. Posteriormente se fijaba sobre un cristal y se extraía con colodión. Resultado: una Mota de polvo que se adhiera a una carta.
El que lo quería leer necesitaba un estéreo Microscopio de 200 aumentos.
Los americanos descubrieron el sistema pero era muy difícil saber qué cartas tienen motas espías.
Los alemanes fabricaron una pequeña máquina que hacía las micromotas. Que distribuyeron entre sus espías en USA.
Se sabe que hubo miles de estas cartas con información de las que jamás se supo nada. Todo un éxito del espionaje alemán.

La importancia de Gibraltar

En 1944 el general Jodl (alemán) no se cansaba de repetir que si los españoles hubiesen atacado Gibraltar, Rommel hubiera sido capaz de dominar toda el África del norte, en cuyo caso Gran Bretaña se hubiera visto obligada al final a cooperar con nosotros y se hubiera “salvado” Europa.
Muchos dirigentes nazis le echaron en cara a Hitler no saber dominar a Franco en Hendaya.
Nadie se podía imaginar que el tratado de Utrecht fuera una de las causas para que ganaran los Aliados la 2ªGM.
Como se puede deducir el peñón es de una importancia estratégica vital y Inglaterra jamás cederá su dominio.

Complot para secuestrar al duque de Windsor.

Ribbentrop planificó con el apoyo de Hitler un golpe de efecto contra Inglaterra secuestrando al Duque de Windsor y a su esposa Sally Simpson. El Duque simpatizaba con los nazis y podía ser una baza para parar la guerra contra Inglaterra. Se le encargó a Walter Shellenberg jefe de los servicios secretos alemanes. Querían aprovechar la visita que él Duque realizaba a Lisboa cuando fue nombrado Gobernador de las Bahamas. Este puesto fue concedido en un intento del gobierno británico de alejarlo de la corte. Los nazis, aprovechando que el Duque se encontraba molesto con sus compatriotas, pretendían llevarlo a Alemania “a la fuerza” si fuera necesario, para negociar con él su vuelta al trono a cambio de la unión o rendición de Inglaterra.
El servicio secreto Británico descubrió el complot y embarcó a toda prisa al Duque para no dar posibilidad a este hecho.

El caso Sosnovsky

Coronel Sosnovsky
Antes de la invasión a Polonia, el coronel Sosnovsky, polaco, hombre muy atractivo, sedujo a la señorita Renate Von Natzmer secretaria del jefe del estado mayor alemán. Simultáneamente también lió a Benita VonFankelhaynd secretaria en el mando supremo del ejército alemán. Los tres frecuentaban restaurantes de lujo y eran las dos obsequiadas con costosos regalos. Aunque las juergas eran seguidas por los tres, las dos damas no sospechaban el juego doble del seductor. El les contó, en sus noches de amor, que era agente espía de ejército polaco, pero que estaba cayendo en desgracia ya que no aportaba nada.
Apenadas las dos quisieron ayudarle. Las amigas descubrieron el juego amoroso doble del seductor, y después del ataque de celos inicial Sosnovsky consiguió que las dos, con el fin de conseguir sus favores sexuales espiaran para él.
La información transmitida por este agente, era tan abundante que el ejército polaco desconfió de ella y pensaba que era falsa. Entonces Sosnovsky vendió parte de este trabajo al servicio secreto británico.
Este espía obtuvo grandes sumas de dinero por esta valiosa información. Que repartía por sus dos amantes a las que prometió matrimonio.
El cambio en la lujosa ropa de las dos secretarias hizo sospechar a los servicios secretos alemanes, que descubrieron el pastel. Deteniendo a las dos mujeres y ejecutándolas por alta traición. Sosnovsky sedujo a otras damas alemanas, una de ellas la actriz Maria Kruse que fue llamada a interrogatorio de la Gestapo y rápidamente se convirtió en su delator. Por fin fue detenido Sosnovsky pero se libró de ser fusilado al ser intercambiado con el gobierno polaco por soldados alemanes. Luego los polacos le detuvieron por sospechas de traición. Cuando iba a demostrar su inocencia, estalló la guerra.
El alto Estado Mayor Alemán tuvo que cambiar los planes para la invasión de Polonia.

La estación Pavlovsk

Articulo de Javier Jimenez.

 Cuando comenzó el sitio de Leningrado, las autoridades soviéticas evacuaron las obras de arte del Hermitage, pero no evacuaron las semillas, raíces y frutas de Pavlovsk. Así que los científicos de la estación recogieron todos los tubérculos, frutos y semillas que pudieron y las almacenaron en un sótano cerca de Leningrado.

El invierno de 1941-42 fue especialmente duro. No solo meteorológicamente hablando, sino que, con todos los accesos a la ciudad cortados, ni la comida, ni el carbón, ni los medicamentos podían llegar a Leningrado. Y las bombas no paraban de caer.

Sin comida, cualquier cosa se convertía en alimento: perros, gatos, ratas o palomas. En enero el canibalismo invadió la ciudad. 1.400 personas fueron arrestadas por este delito y más de 300 fueron ejecutadas.

Lo sabían muy pocas personas, pero en los sótanos de la plaza de San Isaac se guardaban más de 187.000 variedades de frutas y vegetales. Allí, en armarios y cajas hay más de mil tipos de fresas, 900 tipos de grosellas, 600 tipos de manzanas, cientos cerezas, ciruelas, frambuesas y muchas otras frutas y tubérculos.

Poco más de un año antes, su director y fundador Nicolai Vavilov, uno de los genetistas y botánicos más importantes de la primera mitad del siglo XX, había sido mandado a la cárcel de Saratov. Allí moriría, también de hambre, un par de años después.

¿Su delito? Creer que la genética era cierta. Vavilov era una leyenda, había recorrido medio mundo y había entendido como nadie la importancia de la diversidad y la hibridación para la agricultura. En 1926, el mismo año en que fundó la estación experimental de Pavlovsk, recibió el premio Lenin, el «nobel» de la Unión Soviética.

Pero a finales de los años 30, Lysenko llegó al poder. Lysenko defendía una biología a medio camino entre el lamarkismo y el diamat. Entre 1934 y 1940, la camarilla lysenkoista con el apoyo de Stalin purgó toda la biología soviética. Vavilov era, en aquel momento, presidente de la Academia de Agricultura.

Y allí, protegiendo su trabajo, doce personas se dejaron consumir hasta la muerte. El encargado de las especies de arroz murió de hambre rodeado de sacos de arroz y Kamerz y Voskrensenskaia murieron protegiendo sus patatas.

«¿Y por qué se dejaron morir para proteger un banco de semillas? ¿Estaban locos?»

Supongo que esa es la pregunta que todos nos hacemos. una estudiante de Vavilov ya anciana explicó que los investigadores comprendían que esas colecciones eran esenciales para restablecer la agricultura después de la guerra.

El sitio de Leningrado se demoró 872 días, pero la guerra fueron seis larguísimos años donde las tierras, las semillas y las prácticas tradicionales quedaron pulverizados. Sin esas semillas, la posguerra hubiera sido terriblemente más dura.

Matanzas difíciles de entender

Incluso en un conflicto de amplitud y crueldad extrema como fue la Segunda Guerra Mundial, se dieron casos de matanzas difíciles de entender, a pesar de que el hombre es un animal capaz de lo peor (y de lo mejor) sobre todo en un entorno de brutalidad como fue la mayor guerra que los hombres han conocido. Dentro del ambiente del combate existen soldados o civiles armados que, ya sea por embriaguez, desesperación o por pura depravación cometen barbaridades que ni siquiera las leyes de la guerra pueden admitir. El historiador Norman Davies se hace eco de varios casos, que vamos a detallar brevemente a continuación, y a los que yo voy a añadir otro más cometido por las tropas aliadas occidentales. Hay atrocidades que sobrepasan los límites de la comprensión humana.

Matanzas difíciles de entender. Oradour-sur-Glane
Matanzas difíciles de entender. Oradour-sur-Glane

Estamos en el día 10 de junio de 1944. Por tanto las tropas aliadas ya han desembarcado en Normandía y se desparraman por la región en busca de la liberación de Francia. Pues he aquí que la división panzer «Das Reich», compuesta por miembros de las SS, trata de alcanzar Normandía desde el suroeste de Francia. En estas estamos cuando una compañía del regimiento «Der Führer» se dejó caer en el pueblo de Oradour-sur-Glane e hicieron una escabechina terrible, pues quemaron vivos a sus habitantes, entre ellos algunos refugiados republicanos españoles. Murieron 642 personas y el pueblo quedó calcinado. ¿Por qué este horror? ¿Qué tipo de locura se adueñó de los soldados? El responsable último de la matanza, el capitán de la compañía, falleció poco después en Normandía y no pudo ser interrogado. La división estaba enormemente frustrada pues avanzaba con gran lentitud por Francia a consecuencia de las emboscadas y sabotajes a los que les sometía la Resistencia. Un oficial de la división, muy popular entre la tropa había sido secuestrado el día anterior, y se suponía que había sido ejecutado por el maquis, que extendía de esta forma el terror de la guerra de guerrillas. Existían discusiones entre los soldados sobre el reparto del botín adquirido por medio del saqueo. Muchos debieron sentir que se les estaba yendo la cabeza y que algún día tendrían que pagar ante un tribunal disciplinario. Y la tomaron con la gente del pueblo de Oraudour, que acabó pagando todas juntas las frustraciones de los soldados alemanes. ¿Fue así realmente? ¿Los soldados alemanes perdieron la cabeza por estos hechos? Nunca los sabremos.

En agosto de 1944 también se produjeron barbaridades en el contexto del Levantamiento de Varsovia. Especialmente sucedieron en los barrios de Wola y Ochota, donde menudeaban las fábricas, los edificios públicos, hospitales y viviendas de bajo coste. El problema era que se encontraban en mal lugar y en mal momento. Por allí pasó el Grupo de Asalto de las SS cuando se dirigían desde las líneas alemanas en los suburbios de Varsovia hacia el centro urbano, controlado por los rebeldes. No sabemos por qué razón, en lugar de enfrentarse al Ejército del Interior polaco, que era el que les disparaba y el que en realidad se oponía a su avance, el Grupo sufrió una especie de ira colectiva que le llevó a descargar toda su saña y rabia acumuladas contra la población civil, perpetrando contra ella todo tipo de atrocidades durante varios días. Algunos ejemplos de la locura alemana: reunieron  a una multitud de hombres y mujeres en el patio de una iglesia y los ejecutaron con ametralladoras; descuartizaron a otros muchos con sables y bayonetas, incluidas mujeres embarazadas; invadieron a sangre y fuego los hospitales de la zona, acabando con los pacientes y mutilando al personal sanitario; cortaron en trozos a numerosos niños y por último, y para rematar la faena, incendiaron las calles convertidas en ríos de sangre. Entre cuarenta y cincuenta mil polacos fueron víctimas de un grupo enloquecido de convictos alemanes y desertores rusos especialmente crueles que se dieron el gustazo de matar a la gente con los métodos más crueles que se les ocurrieron. De nuevo pregunto, ¿cómo explicar esta orgía de sangre, ferocidad y sadismo?

Matanzas difíciles de entender. Familia asesinada en Nemmersdorf
Matanzas difíciles de entender. Familia asesinada en Nemmersdorf

Otro ejemplo más de la sinrazón del ser humano. En octubre de 1944, se produjo en la frontera de Prusia Oriental otra de esas matanzas difíciles de entender. Hasta aquí llegó el arrollador avance del Ejército Rojo. El 21 de este mes, un grupo de soldados soviéticos se acercó al pueblo alemán más cercano, Nemmersdorf, lo arrasó, masacrando a sus habitantes y retirándose por donde habían venido. Los alemanes llegaron allí dos días después y fotografiaron los despojos del exterminio. Al ministro de Propaganda nazi J. Goebbels no se le ocurrió otra cosa que dar publicidad a las bestiales imágenes para mostrar a su pueblo de lo que eran capaces las hordas soviéticas con el ánimo de que los habitantes de los lugares por donde pasaban el Ejército Rojo se defendiesen hasta la extenuación. Pero Goebbels se equivocó en esta ocasión. Cuando la gente vio en la prensa nazi las fotos de mujeres alemanas desnudas y crucificadas a las puertas de los establos, dijeron «pies para que os quiero» y abandonaron sus hogares. Para más inri, corrió el rumor de que la masacre había sido obra de los propios nazis, como un acto de propaganda más ante el propio pueblo alemán. Pero nunca se sabrá.

Matanzas difíciles de entender. Masacre de Dachau
Matanzas difíciles de entender. Masacre de Dachau

Nadie está libre de tirar la primera piedra en esto de las matanzas difíciles de entender. También los soldados aliados occidentales cometieron sus propias matanzas, menos difundidas por ser los vencedores y los representantes de las democracias liberales que se enfrentaron en la Guerra Fría al antiguo aliado soviético. Por ejemplo, la denominada Masacre de Dachau, en la que un grupo de soldados norteamericanos de la 45ª División de Infantería mataron en el campo de concentración de la ciudad a entre 50 y 100 soldados alemanes que se habían rendido. El hecho tuvo lugar el 29 de abril de 1945, cuando la guerra en Europa estaba a punto de terminar. Nada así es justificable, pero en este caso, la masacre se produjo una vez que los soldados estadounidenses se encontraron fuera del campo de concentración con vagones de carga repletos de cadáveres en estado de descomposición. Otros muchos muertos fueron encontrados dentro del campo, ejecutados horas antes de la captura de Dachau por los aliados. Ante la vista de tal perversidad e ignonimia, algunos soldados debieron perder la cabeza y se liaron a tiros con los prisioneros alemanes, presuntos responsables a su vez de la barbarie cometida sobre los internos del campo de concentración. Casos como estos debieron darse por centenares. Una locura colectiva en la que es difícil mantener la cabeza fría. En los actuales conflictos que los analistas denominan «de baja intensidad», estos casos deben producirse un día sí y al otro también, generando millones de refugiados.

Héroes de guerra

Las guerras sacan lo mejor y lo peor del ser humano. En el fragor del combate o durante la tensión de la situación bélica cada cual reacciona como puede, y nunca se sabe cómo va a ser. Alguno trata tan solo de conservar la vida, otros se derrumban ante la inminencia de la muerte, otros incluso se suicidan al no poder soportar la tensión del momento… Pero existen unos cuantos más, una minoría que hace más de lo que sus superiores, sus compañeros o sus conciudadanos, y por qué no, sus enemigos, esperan de ellos. Esta minoría se descuelga con una acción temeraria, valiente, o simple y absurdamente audaz y arriesgada, pero que logra un objetivo que no estaba dentro de la mente de aquel que lo ejecuta, Simplemente, inmerso en la tensión del combate o de una situación extrema, ha reaccionado así. Una reacción que esta misma persona ni siquiera esperaba. Pues bien, estos son los héroes, los héroes de guerra, aquellas personas que demuestran un valor y un arrojo fuera de lo común y de lo esperado por todos. Como en todos los conflictos. y en éste de la Segunda Guerra Mundial, el mayor de todos, no podía ser menos, hay héroes que lo dieron todo por su patria, por sus camaradas de combate o, simplemente, por salvar su vida, en aras de un instinto de supervivencia más desarrollado que en otros miembros de la especie humana. Algunos sobrevivieron al momento cumbre de su acción, pero otros no. Veamos algunos ejemplos de estos héroes de guerra.

Audie Murphy

El teniente Audie Murphy (1924-1971) fue el soldado estadounidense más condecorado de la guerra: 33 medallas por obtener él solo su posición en el pueblo alsaciano de Holzwihr, donde aguantó carros y carretas con su ametralladora dentro de un vehículo en llamas, disparando a diestro y siniestro contra todo un regimiento alemán que trataba en vano de acabar con su resistencia suicida. Aunque a consecuencia de sus acciones heroicas, fue presa de una enfermedad psíquica conocida como estrés postraumático, fue capaz de recuperarse y protagonizar una cincuentena de películas, muchas de ellas del género western, además de dos muy especiales: «La roja insignia del valor«, dirigida en 1951 por John Huston, y «Al infierno de ida y vuelta«, basada en la propia experiencia autobiográfica de Murphy. Falleció prematuramente, ironías de la vida, en un accidente aéreo en 1971.

El conde alemán Hyacinth von Strachwitz (1893-1968) sobrevivió a dos guerras mundiales, realizando actos heroicos en ambas. En septiembre de 1914 su unidad de caballería en la batalla del Marne rompió las líneas francesas y se presentó ante París. No contento con esta acción, en 1942 el grupo panzer en el que servía fue el primero en divisar y alcanzar Stalingrado. Recibió la cruz de caballero con hoja de robles y espadas.

Alexander Matrosov (1924-1943) no sobrevivió a su heroica acción de guerra. Era un joven soldado soviético que encontró la muerte al interponerse entre una ametralladora alemana y sus propios compañeros.

Héroes de guerra. Douglas Bader
Douglas Bader

Pero fue entre los pilotos de caza donde se dio el mayor número de héroes, habida cuenta del trabajo individual y arriesgado que acometían en los cielos. A Douglas Bader (1910-1982) se le atribuyen 23 derribos, pero lo más impresionante de su caso es que fue un as de la aviación que carecía de piernas, tras perderlas en un accidente de aviación antes de la guerra. Combatió en la batalla de Inglaterra. En agosto de 1941 colisionó contra otro aparato en los cielos de Francia, pero aún siendo inválido, fue capaz de saltar en paracaídas y salvar la vida. Apresado por los alemanes, pasó el resto de la guerra en la prisión militar de Colditz. Su azarosa vida fue llevada al cine en 1956: la producción británica «Proa al cielo«, protagonizada por Kenneth More.

Hans-Ulrich Rudel (1916-1982) fue un aviador alemán que también sobrevivió a la II Guerra Mundial y que pasa por ser el mayor de los héroes de guerra germanos. Pilotaba un Junkers JU-87 Panzerjäger («Cazatanques»), con 2530 misiones de combate a sus espaldas en territorio soviético. Destruyó tal cantidad de tanques, camiones, baterías y aviones enemigos, que los soviéticos ofrecieron una jugosa recompensa por su cabeza. La verdad es que debió ser un hombre fuera de lo común. Una de sus mayores proezas, si no la mayor, es que en una ocasión en que se vio forzado a aterrizar en territorio enemigo, logró escapar cruzando a nado las heladas aguas del río Dniéster, y no contento con tal hazaña, caminó descalzo más de 50 km para regresar a las líneas alemanas. Después de la proeza, sufrió la amputación parcial de su pierna derecha, pero como su colega británico Bader, eso no fue impedimento para su espectacular carrera, pues también utilizó prótesis. En 1945 las autoridades alemanas tuvieron que inventar una nueva condecoración para un aviador tan extraordinario: la cruz de caballero con hojas de roble en oro, espadas y diamantes. Tras la guerra, trabajó como instructor de esquí, pero antes alcanzó como alpinista discapacitado la cumbre del pico Aconcagua, la montaña más alta de América.

Héroes de guerra. Hans-Ulrich Rudel
Hans-Ulrich Rudel

Los soviéticos tiene también entre sus héroes de guerra un aviador del mismo pelaje que Rudel, pero peor tratado por sus compatriotas. Se trata del piloto de caza Mijaíl Petrovich Devyataev (1917-2002), que también sobrevivió largamente a sus hazañas bélicas. A consecuencia del duelo aéreo con dos aparatos alemanes en junio de 1944, tuvo que saltar in extremis en paracaídas, pero con tan mala suerte que al aterrizar se fracturó una pierna. Los alemanes lo apresaron y enviaron a un campo de prisioneros hasta acabar como trabajador esclavo en el centro de pruebas de cohetes de la isla de Peenemünde, donde trabajó desactivando bombas. La situación vivida allí debió ser tan extrema que Devyataev llegó a la fatal conclusión de que o escapaba y moría en el intento o fallecería irremediablemente si permanecía en la fatídica isla. Así que, ni corto ni perezoso, en febrero de 1945, junto con varios compañeros tan desesperados como él, se hicieron con los mandos de un Hinkel bimotor, atravesaron el mar Báltico y aterrizaron con gran riesgo al otro lado de las líneas soviéticas, desde donde se le trató inútilmente de derribar, pues desde abajo lo único que se veía era un aparato enemigo que trataba imprudentemente de internarse en territorio soviético. Pero en la URSS no era tan fácil entrar en la nómina de los héroes de guerra cuando se había estado en poder del enemigo. El NKVD encarceló a Devyataev y sus compañeros, sometiéndolos interminables interrogatorios, pues estaba muy mal visto en la cúpula estaliniana aquello de caer prisionero en manos del enemigo, y encima, sobrevivir. Puesto en libertad en 1947, al ser un ex-prisionero, se le consideraba un paria de la sociedad soviética, a pesar de sus hazañas. Solo tras la muerte de Stalin fue reconocido como héroe de guerra.

Héroes de guerra. Mijail Devyataev
Mijaíl Devyataev

Los servicios médicos en la Segunda Guerra Mundial

La Cruz Roja, fundada allá por 1863, se ocupaba del tratamiento de los heridos en combate de todas las nacionalidades intervinientes en el brutal conflicto. Pero también de prevenir enfermedades, sobre todo venéreas. Pues las enfermedades de transmisión sexual (ETS) eran muy frecuentes, demasiado, en todos los frentes. Por ello, los servicios médicos en la Segunda Guerra Mundial y los estados mayores de todos los ejércitos en combate se preocuparon muy mucho de su prevención y cura, y para ello fomentaron buenas prácticas de higiene y control de la prostitución. O al menos, lo intentaron. La tuberculosis y el tifus fueron enfermedades muy extendidas sobre todo entre los prisioneros de guerra.

Los investigadores se afanaban en buscar remedios, y en 1940 fue descubierta la penicilina en el Reino Unido, que se puso a disposición de los soldados tres años después, lo que supuso una disminución drástica de fallecimientos por heridas de guerra, que curaron y cicatrizaron con gran eficacia. Otros avances fundamentales en la medicina militar fueron las transfusiones sanguíneas, la cirugía de campaña, la anestesia, la cura de quemaduras, le medicina aeronáutica y la psiquiatría militar, tan necesaria en situaciones tan extremas.

El Real Cuerpo Médico del Ejército británico (RAMC) se puso a la cabeza de la investigación médica, sobre todo de las enfermedades tropicales. Junto con el Real Cuerpo de Enfermería del Ejército, instauró un sistema de Puestos Sanitarios por Regimientos (RAP), Puestos de Atención Médicos Avanzados (ADS), que favorecieron la evacuación de heridos en vehículos motorizados y una malla de hospitales de campaña.

El tema de la  prostitución fue muy delicado. Se trataba de controlar la tensión sexual de cientos de miles de soldados en una edad donde las hormonas están en plena efervescencia y necesitan satisfacer sus deseos físicos más perentorios. A los soldados británicos del Cuerpo Expedicionario en Francia les privaban las prostitutas francesas. Por ello, el general Montgomery se vio en la necesidad de inspeccionar la higiene de los burdeles para tratar en la medida de lo posible la transmisión de ETS, aunque sus medidas profilácticas, muy actuales, en la época no estaban demasiado bien vistas, y se vio obligado a echarse atrás.

Al Ejército norteamericano en Europa le ocurría igual que a sus correligionarios británicos. Cuando se tienen veinte años y la sangre se altera, pues se altera de verdad y había que procurar aliviar tales ardores juveniles, aunque fuese en medio del mayor conflicto que hayan vivido los hombres a lo largo de su prolongada historia. Por ello, el general Eisenhower intentó aplicar una política de “no confraternización” con las lugareñas. Pero el hombre propone y la naturaleza dispone… El Ejército de los EEUU llevó a cabo un fuerte control, en la medida de lo posible, de la prostitución y de la profilaxis de enfermedades venéreas: vamos, facilitar condones a diestro y siniestro a sus muchachos y todas esas cosas. Dentro de una política segregacionista bien arraigada en el país a pesar de las consecuencias de la Guerra entre Estados de 1861-1865, el Cuerpo Médico del Ejército del Tío Sam y el Cuerpo de Enfermeras habilitaban dependencias diferentes para blancos y negros, no fuesen a contagiarse unos del color de otros.

En el Ejército alemán, que tenía varios frentes abiertos, cada división de la Werhmacht contaba con dos compañías médicas provistas de su propio hospital de campaña. Pero una cosa eran los problemas del peliagudo frente oriental y otra los del occidental. En el frente oriental, los médicos se encontraban en invierno con múltiples casos de miembros congelados que en el peor de los casos, había que amputar. En el invierno de 1942-1943, los aviones alemanes transportaron a los heridos del frente de Stalingrado a retaguardia mientras funcionaron los aeródromos. Desde 1942, los alemanes se aprovecharon de los avances británicos en cuanto a técnicas de transfusión de sangre al hacerse con un suero sanguíneo en un hospital militar británico en Tobruk. Durante los meses del hundimiento final alemán, la tasa de suicidios aumentó entre la soldadesca (y no digamos entre las jerarquías nazis) debido a la neurosis de combate.

Por lo que respecta a los soviéticos, el Ejército Rojo tenía un departamento de sanidad militar muy competente, con cirujanos y enfermeras con excelentes conocimientos sanitarios. Desde 1942, los ejércitos soviéticos contaron con servicios médicos móviles. Pero el resultado de la estrategia militar soviética arrojaba tan abrumador número de bajas, que era materialmente imposible atenderlos a todos con eficacia. En realidad, ni con eficacia ni sin ella. La evacuación de tan elevado número de heridos era poco eficaz, y los cirujanos militares trabajaban en condiciones infernales. En la batalla de Stalingrado, los heridos eran trasladados de una orilla a otra del río Volga, sólo para morir en ella, o irse al otro barrio durante el propio transbordo. Debido a la ineficiencia del sistema sanitario militar soviético, los propios soldados del Ejército Rojo se organizaban entre ellos mismos para que tras el combate, los supervivientes pudiesen ayudar a los camaradas caídos. La crueldad del sistema soviético con sus propios ciudadanos no conocía límites: el siniestro NKVD despejaba las carreteras para facilitar la llegada de nuevos soldados, acción con la que las cunetas se llenaban de heridos que trataban de alejarse del frente como podían. Los que no podían desplazarse, fallecían en poco tiempo. Los camiones soviéticos transportaban miles de cuerpos de combatientes heridos o muertos. Los dejaban amontonados en el suelo para que el servicio sanitario distinguiese quien podía ser atendido y quién no. Esto lo lograban rociando con agua fría a los supuestos cadáveres. Los cirujanos decidían quienes podían sobrevivir y quiénes no. A estos últimos se les dejaba morir en medio de terribles dolores. Los otros, si es que había supervivientes, se les operaba y se les inyectaba una dosis de morfina, si estaba disponible, y si no, un lingotazo de vodka y a otra cosa mariposa. Desde luego, el que sobrevivía a este recio tratamiento era todo un superhombre. Campesinos reclutados a la fuerza cavaban fosas comunes donde echaban a todo aquél que llegaba fallecido del frente y a los que no soportaban la tosca cirugía militar.