La PURKKA y el NKVD

La PURKKA y el NKVD. Mehlis, director de la PURKKA
Mehlis, director de la PURKKA

La PURKKA y el NKVD fueron temidos organismos de control y represión dentro del Estado soviético. El Ejército Rojo se había convertido, según transcurria la guerra, en la más formidable maquinaria militar del mundo. Y por eso mismo, Stalin necesitaba atarle en corto, a causa de ese mismo poderío, tanto interior como exterior. Para ello existía la Administración Política del Ejército Rojo, la PURKKA, organización que subordinaba el Ejército Rojo al Partido Comunista, para que no se desmandase por su propia y poderosa inercia. La PURKKA respondía ante el Comité Central del PCUS. A partir de 1937, la PURKKA fue dirigida por alguien que se encargó de supervisar personalmente las purgas militares que dejaron a la cúpula del Ejército soviético en cuadro, Lev Mehlis, uno de los más siniestros colaboradores de Stalin. El otro acólito de renombre fue Lavrenti Beria, que dirigió el NKVD, el Comité de Seguridad del Estado, es decir la policía política del régimen estalinista. Beria tenía a su disposición un enorme ejército privado, que aterrorizaba a la población y la mantenía tranquila y reprimida bajo la égida del Estado. El NKVD estaba un peldaño por encima de la PURKKA, a la que controlaba, igual que controlaba el Ejército Rojo.

La PURKKA se hacía cargo de la instrucción política, tan necesaria en un régimen totalitario como era el soviético, y gestionaba a su vez la red de politruki, los comisarios políticos, para entendernos, y que controlaban todos los niveles del Ejército Rojo. Se podía decir que el Ejército no disparaba ni una bala sin el consentimiento de los comisarios políticos. Por eso, eran el objetivo número uno de las SS hitlerianas y de la Wehrmacht. Los comisarios políticos estaban, teóricamente, a las órdenes del comandante de su unidad militar y en la práctica, a las de su superior en el NKVD. Eran consejeros e instructores políticos de los soldados, y hacían las veces de espías por si alguno decía alguna ligera inconveniencia en contra de Stalin o del Estado soviético. Alexander Solzhenitsyn, el disidente soviético más célebre, autor de la obra «Archipiélago Gulag«, sufrió en sus propias carnes la postura opositora, por nimia que fuese, a la legalidad vigente. Y es que tan solo una palabra en contra del camarada Stalin pronunciada en el lugar inadecuado y cerca de oídos también inaceduados, suponía la apertura de un expediente y el traslado a un campo de concentración en Siberia. Eso como mínimo. De nada le sirvió a Solzhenitsyn ser un oficial de artillería experimentado y valioso en el frente, pues una opinión política incorrecta hizo que diese con sus huesos en un Gulag.

La PURKKA y el NKVD. Aleksandr Solzhenitsyn
Aleksandr Solzhenitsyn

Este sistema de terror absoluto había sido mejorado y depurado hasta niveles insospechados en la URSS durante las purgas de los años 30. Muchos jóvenes no habían conocido otra cosa y para ellos la delación a los padres, por ejemplo, algo que les enseñaban en el colegio, funcionaba con naturalidad en este sistema político diabólico.

Pero el control político del Ejército se agudizaba más y más según se ascendía en la escala jerárquica. Generales políticos como Nikita Kruschev o Leonidas Brezhnev, dominaban los estados mayores militares soviéticos en todos los frentes. Así podemos comprender como a la muerte de Stalin, no ascendieron a la cúspide del sistema soviético militares puros, héroes y grandes estrategas, como Zhukov o Rokossovski, sino políticos como Beria, y los propios Kruschev y Brezhnev, quienes se enzarzaron en sus propias disputas, a las que estaban tan acostumbrados. De hecho, para alcanzar su obejtivo final, Kruschev se deshizo físicamente de su rival Beria.

El NKVD, como las SS en Alemania, de las cuales era algo así como el equivalente soviético, aunque con mayores prerrogativas, contaba con su propio (y enorme) ejército particular, que incluía tanques, artillería y aviones. Su principal función era vigilar al Ejército Rojo, pero su rol le permitía además garantizar la seguridad en la retaguardia, es decir, que nadie se desmandase, ni civiles ni militares. Cuando la situación así lo exigía por su extrema gravedad, unidades del NKVD era enviadas al frente. Dentro de sus filas se incluían los denominados «regimientos de bloqueo«, cuyo cometido era avanzar detrás de los rezagados del frente y disparar contra aquéllos que trataban de volverse atrás.

El mayor Liedtke y el teniente Battel

El mayor Liedtke y el teniente Battel

El mayor Liedtke y el teniente Battel
El teniente Battel

La Wehrmacht y las SS no se llevaban demasiado bien. De hecho, en ocasiones los oficiales del Ejército Alemán se «atrevieron» a desafiar a la temida guardia pretoriana de Hitler. Las cadenas de mando de ambos colectivos estaban separadas y no siempre existía una buena coordinación entre ellas. El mayor Liedtke y el teniente Battel fueron un ejemplo de descoordinaciòn entre ambas.

Julio de 1942. En plena Solución Final, las SS querían deportar al campo de exterminio de Belzec a unos 18000 judíos de la ciudad polaca de Przemysl. Si bien las SS habían informado de sus intenciones a la policía de seguridad (Sipo), no lo hicieron al comandante militar de la plaza, el mayor Max Liedtke, oficial de la Wehrmacht. Este hombre había organizado en la ciudad una brigada de trabajo judía de 4500 personas con pases militares especiales (Ausweis), brigada que el mayor consideraba fundamental para el abastecimiento del ejército alemán. No le hicieron ninguna gracia las intenciones de las SS, y menos aún cuando su ayudante, el teniente Albert Battel mantenía buenas relaciones con los judíos. Para colmo, Battel era miembro del Partido Nazi y de la inteligencia militar alemana, el Abwehr, con lo que las SS se encontraron con un muro de hormigón. Battel había sido arrestado en un destino anterior por oponerse a la deportación de judíos. Tanto el mayor como su ayudante decidieron obstaculizar lo más posible la orden de deportación de los judíos de su demarcación. Y, ni cortos ni perezosos enviaron una compañía de ametralladoras para defender el puente sobre el río San ante la posible entrada de los SS. Prohibieron a la policía realizar ningún movimiento en cuanto a la orden de deportación y luego informaron a las SS de sus intenciones. Además protegieron directamente a 100 familias judías en la Orts-kommandantur (la comandancia del puesto militar). Claro, ante tamaña actitud, enseguida se presentó el comandante SS Martin Fellenz, que les amenazó de muerte. Liedtke y Battel ni se inmutaron. La disputa fue resuelta cuando se reunieron el oficial de mayor graduación del Gobierno General polaco, demarcación administrativa a la que pertenecía Przemysl, el general Curt von Gienath y el jefe de policía, el SS Obergruppenführer Wilhem Kruger, quienes ordenaron que el puente sobre el río San debía ser reabierto y los judíos deportados, con una excepción importante: aquellos trabajadores judíos de la Wehrmacht mayores de 35 años o los que tenían un pase especial, condición que cumplían casi todos los judíos de Przemysl, por lo que casi todos los miembros de esta comunidad que vivían en la localidad sobrevivieron, gracias a la tremenda decisión con que actuaron Liedtke y Battel.

Pero no se fueron del todo de rositas. En concreto al mayor Liedtke le abrieron expediente disciplinario y fue destinado al Cáucaso, donde murió. Battel regresó a su ciudad natal, Breslau, donde ejercía de abogado antes de la guerra, y dejó el Ejército por motivos de salud, pero fue de nuevo movilizado para el Volkssturm. Fue capturado por el Ejército Rojo. Después de su liberación, se asentó en Alemania Occidental pero se le prohibió ejercer su profesión de abogado por un tribunal de desnazificación, pues había pertenecido al Partido Nazi. Falleció en 1952.

Más tarde, en 1981, tanto Liedtke como Battel fueron nombrados póstumamente «Justos entre las naciones» por el Instituto Yad Vashem de Israel.

La Ustacha

La Ustacha fue un grupo radical terrorista creado para la independencia de Croacia. Se formó en 1929 y fue liderado por Ante Pavelic. Su pensamiento se basaba en un extremismo católico de racismo religioso. Estaban en contra de cualquier pensamiento religioso no católico, especialmente el de los ortodoxos rusos. Cuando fue asesinado el líder croata Dtjepan Radic en Belgrado, Jefe del Partido Agrícola Croata, se desestabilizó la zona, entrando en el juego extremista de la Ustacha. Esta se caracterizó por su brutalidad, incluso contra mujeres y niños. Mantuvieron buenas relaciones con los Nazis y con los fascistas italianos. Pero sus crueles represiones fueron incluso repudiadas por las SS.

Se sentían oprimidos por los serbios y concebían la violencia como un medio para obtener sus objetivos. Durante la 2GM los Ustachas gobernaron en Croacia. Su estado títere se denominó “Estado Independiente de Croacia”. Al finalizar la guerra los serbios expulsaron a los Ustachas y Croacia formó parte de Yugoslavia bajo el régimen comunista de Tito. A la muerte de este surgieron grupos paramilitares que se denominaron Ustacha, logrando Croacia la independencia.

La principal característica  de la Ustacha es el odio extremo hacia los serbios. Fue un movimiento profundamente anticomunista, aunque se oponía también al capitalismo, buscando una “tercera vía”. También tenían un claro pensamiento racial muy parecido al de los nazis. Se consideraron el escudo de protección contra el imperio Otomano. La salvaguardia de la religión autentica. Pero aunque se autoincluyeron dentro del  catolicismo no eran muy devotos, más bien nacionalistas antiserbios.

 En la época de Alejandro I de Yugoslavia, el partido Campesino Croata se oponía a la dictadura real, pero de una manera pasiva. En cambio, los Ustacha fueron un feroz grupo terrorista, que ponían bombas, provocaban descarrilamientos, etc… Al final asesinaron al rey en 1934 y intentaron un alzamiento nacional que fracasó. El atentado fue reivindicado por un grupo independentista macedonio y los propios Ustachas, y consumado por un búlgaro. Los países occidentales dejaron de apoyar a la Ustacha, produciendo un efecto contrario en los universitarios croatas, que comenzaron a apoyarles incondicionalmente.

Esta organización extremista fue apoyada por los fascistas italianos y los Nazis, pero después del asesinato del rey también estos quisieron aislarlos. Pavelic fue detenido y encarcelado. La Ustacha se fue volviendo cada vez más antisemita. El inicio de la 2GM volvió a rescatar a Pavelic de su encierro. Reunió a 500 partidarios que, apoyados por los nazis, crearon el nuevo estado Croata. Además se creó la legión Croata que apoyaba a la Wehrmacht en el frente del Este. Ante Pavelic se convirtió en el Führer Croata, eliminando a todo el resto de partidos. La pérdida del control del Eje de los Balcanes por medio de los partisanos y del ejército Rojo, echó por tierra las aspiraciones de los nacionalistas croatas.