La superioridad numérica soviética

La superioridad numérica soviética. El Ejército Rojo en la Operación Bagration
El Ejército Rojo en la Operación Bagration

«Somos muchos«, decía un viejo proverbio ruso. «U nas mnogo» («somos muchos») debía pensar Stalin cuando enviaba a la batalla y en numerosas ocasiones a una muerte segura a cientos de miles de soldados sin apenas preparación militar. La incuestionable superioridad numérica soviética alentó la fatídica convicción, tan típica del espíritu ruso, de que la vida humana era desechable. Los generales soviéticos se podían permitir y se permitían de hecho el lujo de sufrir el doble y aún el triple de bajas que el enemigo, y aún así ganar la batalla. Stalin ordenó a sus subordinados que enviasen masas ingentes de hombres al campo de batalla con la convicción de que el número bastaba para aplastar al enemigo, sin importar los muertos propios. No le había importado el número de muertos durante la gran colectivización, las purgas y el Gran Terror, como para detenerse ahora ante un enemigo muy superior en armamento y táctica de guerra, como era el alemán. Al menos de momento.

En junio de 1941, cuando los alemanes desencadenaron la Operación Barbarroja y arrollaron a los sorprendidos ejércitos soviéticos en Bielorrusia y Ucrania fundamentalmente, el Ejército Rojo estaba compuesto por unos 5,37 millones de hombres. Diez días más tarde habían sido movilizados unos 5 millones más, y era imposible que hubiesen recibido la instrucción adecuada en tan poco lapso de tiempo. Ni la instrucción ni el equipo ni armamento adecuados, pues nadie en la URSS esperaba algo así. El Ejército Rojo contaba con una minoría de unidades de primera clase que eran acompañadas por otro numeroso grupo de soldados mal instruidos, mal equipados y mal alimentados, que ocupaban las formaciones de segunda y tercera líneas.

En la URSS, más del 10% de la población estaba constituida por trabajadores esclavos. El reclutamiento obligatorio estaba a la orden del día, no solamente en el ejército, sino también en la industria, donde todos los ciudadanos adultos estaban obligados a servir en un empleo adecuado a sus características y en función de las necesidades del Estado. Cada soviet local se encargaba de poner a disposición de los distritos militares a los hombres y mujeres jóvenes para ser instruidos militarmente y adoctrinados políticamente de forma conveniente a los usos y convenciones del estado totalitario soviético. En los distritos militares más cercanos al frente, pelotones armados, presumiblemente dirigidos por comisarios políticos se llevaban por las buenas o por las malas a todos los jóvenes que encontraban. Si alguno se negaba u oponía más resistencia de la esperada, era ejecutado. Si los reclutas se «perdían» por el camino y eran reencontrados, se les ejecutaba, La vida humana en la URSS parecía importar muy poco. U nas mnogo. Somos muchos. La ley de la superioridad numérica soviética.

Los soviéticos, o al menos, sus dirigentes, preferían la cantidad en vez de la calidad. Esta obsesión por la superioridad numérica permite explicar las dimensiones de las unidades del Ejército Rojo y su abundante equipo una vez pusieron a funcionar las fábricas de equipos militares a velocidad de crucero. Ejemplos los tenemos en las divisiones blindadas. Las sovéticas estaban dotadas de 375 tanques, y sus oponentes alemanes, de 209. Otro ejemplo más: una división de fusileros soviética estaba formada por 1200 ametralladoras y la homónima de la Wehrmacht, por 486. La característica superioridad numérica soviética. Cantidad vs calidad. Aunque finalmente, las divisiones del Ejército Rojo acabaron arrollando a sus enemigos y desparramándose por la Europa oriental. La Operación Bagration del verano de 1944 es un ejemplo de la utilización al máximo de la superioridad numérica soviética.

¡Cuidado con las traducciones!

El problema de Japón y las traducciones. El futuro de Japón estuvo en manos de un traductor. En la Segunda Guerra Mundial después de la conferencia de Postdam, cuando los aliados se estaban repartiendo el mundo, enviaron un ultimátum a los japoneses con unas condiciones de rendición  aceptables. Pero como no habían recibido la notificación oficial del ultimátum, el primer ministro Kantaro Suzuqui dijo que se mantenían en situación de mokusatsu, palabra con dos acepciones: desconocer o no hacer ningún comentario. El traductor lo tomó como que no se daban por enterados del ultimátum. La prensa americana dijo que el gobierno nipón rechazó la oferta. Esto llevó a un endurecimiento Aliado contra el Japón, que entre otras cosas condujo al lanzamiento de las dos bombas atómicas. Cuidadin con lo que se dice, traduce…

Los ejércitos soviéticos

Todos los ejércitos tienen sus apodos para el enemigo e incluso para sus propios aliados. Los ingleses eran los «Tommies» y  los rusos, «los Ivanes«, para los alemanes. Los británicos solían llamar a los alemanes «los Krauts» («los que comen col») o «los hunos«, como en la Primera Guerra Mundial. El Ejército Rojo combatía contra «los Fritz» (los alemanes). Pero dentro de cada una de estas denominaciones se escondían numerosas contradicciones, ya que no todos los miembros de los «Tommies» eran ingleses, ni todos los Ivanes eran rusos, ni todos los Frtiz eran alemanes.

Ejércitos soviéticos. Soldados del Ejército Rojo en Berlín
Soldados del Ejército Rojo en Berlín

Centrémonos en este post en los ejércitos soviéticos. Aunque fuera de la URSS, los ejércitos soviéticos, el Ejército Rojo, era conocido de forma genérica como “los rusos”, en realidad estaba constituido por soldados de setenta nacionalidades reconocidas oficialmente por el Estado soviético. Los rusos “de verdad” conformaban un 55-60% de la población de la URSS, pero el resto no eran rusos, aunque muchos colectivos culturalmente sí que estaban «rusificados”. En época de los zares, los bielorrusos y los ucranianos estaban asimilados a los rusos y así continuó siendo en época soviética. Los rusos constituían la oficialidad del Ejército Rojo y las órdenes se daban en ruso, el idioma oficial de la Unión Soviética.

De hecho, los rusos eran los habitantes de lo que se llamaba en época zarista, la “Gran Rusia”. Ucrania era la “Pequeña Rusia”. Para todos los demás, ambos eran conocidos como “los moscovitas”, ya que Moscú era el centro neurálgico del Estado expansionista ruso (constituido realmente en origen por la Gran y la Pequeña Rusia). Además los rusos trataron de expandirse a costa de otros pueblos eslavos, algunos de los cuales acabaron por considerarlos como una especie de “hermanos mayores”. Pero hubo otros pueblos que también fueron objeto de la expansión rusa y que no eran eslavos. Entre estos estaban los finlandeses, los pueblos bálticos, georgianos, armenios y los habitantes de las interminables estepas del Asia Central y de Siberia. Respecto a esta amalgama de pueblos dentro de sus fronteras, los dirigentes bolcheviques soñaron con un Estado de homo sovieticus, según describe Norman Davies: leales comunistas de cultura rusa. Pero nunca fue posible, pues había demasiadas diferencias étnicas y culturales entre los rusos y los pueblos más aculturados, como los del oriente europeo, y los asiáticos e incluso caucásicos (aunque el mismo Stalin era georgiano, es decir, de origen caucásico). No hubo homogeneidad cultural en los extensos territorios soviéticos, por tanto. No como en los EEUU. Pero todos ellos fueron obligados, en mayor o menor medida, a participar en la Segunda Guerra Mundial. Tantas diferencias culturales y étnicas terminaron por estallar. A la menor oportunidad, se declararon independientes en una miríada de repúblicas. Como cuando aprovecharon la guerra civil de 1918-1921, como en la época de Gorbachov, a finales de la década de los 80 y comienzos de los 90 del siglo XX. Así que, como vemos, los “ejércitos rusos” o “los rusos”, como eran conocidos tanto por sus aliados como por el enemigo nazi, no eran tan rusos como estos suponían. Eran los ejércitos soviéticos, el Ejército Rojo.

Los ucranianos eran la minoría soviética más numerosa, y su idioma estaba estrechamente emparentado con el ruso (como el alemán y el neerlandés, por ejemplo). Ya hemos dicho que el ucraniano era una especie de ”hermano pequeño” del ruso, peros sometido a su férula. A pesar de todo, Stalin, contra viento y marea, contra todo y contra todos, llevó a cabo en Ucrania (y no solamente aquí) una política de colectivización forzosa que se llevó por delante a más de 10 millones de ucranianos, muchos de los cuales fallecieron de hambre entre 1932 y 1933 y como resultado de la sanguinaria política instaurada en el Gran Terror estalinista. Por ello, no es de extrañar que muchos ucranianos se alistasen voluntarios en la Wehrmacht alemana y combatiesen contra el “Gran hermano” ruso, que no había sabido entender sus peculiaridades. Era el momento de vengarse de los abusos del “hermano mayor”, encarnado en la cúpula del régimen soviético, aunque fuese a costa de aliarse con el enemigo de todos los eslavos.

Ejércitos soviéticos. Soldados musulmanes del Ejército Rojo
Soldados musulmanes del Ejército Rojo

Como los habitantes de Asia Central estaban muy lejos del “fregao” en que se había convertido Europa, e incluso de las estepas rusas más allá de los Urales, no movieron ni un dedo por sí mismas por enviar a sus jóvenes a luchar contra los alemanes. Pero es que entre los territorios asiáticos soviéticos había tantas diferencias culturales y étnicas que les impedían ofrecer un frente común contra Moscú. De hecho, el Ejército Rojo consiguió reclutar muchos soldados, muchos de los cuales eran musulmanes, en estas latitudes, cuyos dirigentes no se pusieron de acuerdo para negárselos al Zar rojo de Moscú.

El soldado alemán imaginaba que luchaba contra los rusos, pero los jerarcas nazis, en esta ocasión más realistas (por una vez, y sin que sirviese de precedente), hablaban de las “hordas asiáticas” o de los “descendientes de Genghis Khan” procedentes de los confines del Asia central. Pero es que en realidad pareció que iba siendo así, pues a medida que avanzaba la guerra, el Ejército Rojo se “asiatizó” por la disminución de los efectivos propiamente europeos, que habían sufrido la primera gran acometida de la Operación Barbarroja. Una vez contenida la avalancha alemana, el Ejército Rojo comenzó a recuperarse, y después a avanzar hacia occidente con tropas ya plenamente eurasiáticas.

Los ejércitos alemanes

Todos los ejércitos tienen sus apodos para el enemigo e incluso para sus propios aliados. Los ingleses eran los «Tommies» y  los rusos, «los Ivanes«, para los alemanes. Los británicos solían llamar a los alemanes «los Krauts» («los que comen col») o «los hunos«, como en la Primera Guerra Mundial. El Ejército Rojo combatía contra «los Fritz» (los alemanes). Pero dentro de cada una de estas denominaciones se escondían numerosas contradicciones, ya que no todos los miembros de los «Tommies» eran ingleses, ni todos los Ivanes eran rusos, ni todos los Frtiz eran alemanes.

Ejércitos alemanes
Ejércitos alemanes

Centrémonos en este post en los ejércitos alemanes. “Los alemanes” no eran tales alemanes, pues eran un conjunto de combatientes muy complejo. Los ejércitos alemanes eran un conglomerado más abigarrado incluso que el de los aliados occidentales, por ejemplo, repleto de etnias de los cinco continentes, dada la extensión mundial del Imperio Británico.

Aunque en un principio los dirigentes nazis quisieron restringir a los alemanes “puros” la entrada en los ejércitos alemanes del Reich, cuando se ampliaron las fronteras y se absorbieron territorios como Austria, Bohemia, la Polonia occidental, Alsacia y Eslovenia, muchos reclutas de estas posesiones acabaron por engrosar los denominados ejércitos alemanes. Hacía falta cualquier tipo de “mano de obra”, ya fuese civil y militar. Y con mano de obra, me refiero también a los prisioneros polacos, franceses y soviéticos, quienes, entre 1939 y 1942, liberaron jóvenes alemanes para que pudieran servir en el ejército del Tercer Reich.

Para los nazis, cualquier ario, o mejor, cualquier soldado que pudiese pasar por ario, era válido para su ejército. Y un holandés, un danés, e incluso un francés, lo era (los franceses, con reservas, eso sí). Un eslavo, no, desde luego, pues formaba parte de los infrahumanos. De todas formas, la hipocresía que caracteriza a muchos seres humanos (o al género humano en sí mismo) también estaba presente, desde luego, en la Alemania nazi. Hubo judíos alemanes que, pese a su condición, total o parcial de judío, sirvieron en la Wehrmacht, gracias a ciertos certificados de parentesco, sobre todo referidos a los soldados de esta religión que habían combatido por la Alemania imperial del kaiser durante la Primera Guerra Mundial. Estos certificados de Deutschblutigkeit (“línea de parentesco”) se expidieron a aquellos que eran solamente en parte judíos, los mischlings. Luego, no todos los judíos alemanes fueron enviados a campos de exterminio. Heydrich, posiblemente era uno de estos, y algunos más de entre la corte de Hitler debieron ser medio judíos. ¿Hitler también? Eso aseguran algunas fuentes. Pero no voy a añadir más leña al fuego.

Las Waffen SS (Waffen Schutzstaffel, es decir, Secciones de Protección Armadas) eran la elite militar del Partido nazi. Se nutrieron durante los años 30 de reclutas alemanes y arios “puros” (¿Cuántos de los jerarcas nazis tenían el aspecto del que denominaban “ario puro”, ese hombre/mujer de cabellos rubios, ojos azules y cuerpo atlético?), al entender de las autoridades del NSDAP. Pero (siempre hay un pero), desde 1940, se formaron divisiones que incluían otro tipo de arios, no solamente alemanes. Sobre todo voluntarios escandinavos, encuadrados en la Wiking y la Nordland. Y según transcurría la guerra, cuando más personal hacía falta para enviar al matadero del frente, sobre todo al oriental, más necesario se hacía el reclutamiento por parte de las SS, que dejaron de lado sus pretensiones raciales. No estaban para exigencias raciales en aquellos momentos. Se alistaban sin problemas franceses, valones, italianos y húngaros. ¡Hasta eslavos, aquellos “infrahumanos” o “subhumanos” tan denostados en tiempos por los nazis! De las 38 divisiones de las Waffen SS, al menos 6 estaban compuestas por eslavos, como rusos, ucranianos, checos, serbios, bosnios y croatas. ¡Ver para creer! Necesitado te veas…

A los nazis no les gustaba nada proporcionar un arma a aquéllos que no eran alemanes. Al menos, en los inicios de la guerra. Lo normal era destinarlos a compañías de trabajo forzado.  O no. Vemos el caso de unos dos millones (o más) de prisioneros soviéticos que murieron en cautiverio, de hambre, frío y calamidades sin fin tras las primeras fases de la Operación Barbarroja. Al fin y al cabo, eran “subhumanos”, no merecían vivir…

Los ejércitos alemanes. El general Vlasov
El general Andrei Vlasov

Dentro de los auxiliares del Ejército alemán o hiwis, podemos incluir a los batallones de policía militarizada ucranianos y los procedentes de los antiguos Estados bálticos. O batallones de infantería formados por combatientes de etnias incluidas en los territorios de la URSS, que lucharon en las filas de los ejércitos alemanes. Incluso había soldados sometidos a regímenes políticos especiales dentro de las tropas del Tercer Reich, como la Brigada de Liberación Rusa de las SS (RONA) o el Ejército del antiguo general soviético Vlasov. Este personaje era un caso bastante sui generis. Andrei Vlasov se había distinguido en la defensa de Moscú hasta que cayó en manos del enemigo. Entonces, los nazis le convencieron para encabezar un movimiento antiestalinista entre los prisioneros de guerra soviéticos.  Y Vlasov aceptó, pues no debía estar muy de acuerdo con las decisiones del líder soviético. Así que el resto de la guerra, al mando de un numeroso contingente, combatió del lado de los nazis.

El Levantamiento de Varsovia fue un durísimo combate llevado a cabo entre el Ejército del Interior polaco contra “los alemanes”, las fuerzas de ocupación. Pero es que en realidad, pocos alemanes participaron en las atrocidades cometidas contra los civiles de la capital polaca. Ello es debido a que las unidades alemanas del frente continuaron allí combatiendo como pudieron contra los soviéticos, mientras que para aplastar la rebelión polaca, las SS pusieron en danza una fuerza de choque improvisada compuesta por elementos diversos y variopintos, entre los que se encontraban soldados irregulares de perfil cuando menos de delincuente, cuando no de asesino redomado y confeso. Por ejemplo, la Brigada Dirlewanger estaba integrada por convictos en libertad condicional y antiguos ciudadanos soviéticos. O la Brigada RONA, con rusos, bielorrusos y azerbaiyanos. Decir que los nazis retiraron del combate de Varsovia a numerosos húngaros por sus simpatías por los rebeldes, cuando no por su abierta confraternización.

Richard Strauss, Metamorphosen.

Richard Strauss, compositor alemán y autor de celebérrimas obras como Also sprach Zarathustra (Así habló Zaratrusta), Der Rosenkavalier (El Caballero de la Rosa), Elektra o Salomé fue presidente de la Reichsmusikkammer a petición del Ministro de Propaganda Joseph Goebbels.

El final de la Segunda Guerra Mundial supuso para Richard Strauss una auténtica tragedia personal. Alemania estaba desolada y su ciudad natal, Munich, no era más que un montón de escombros. A ello hay que añadir que todos los escenarios y orquesta alemanas y austriacas fueron arrasados por los bombardeos de los aliados : los teatros de ópera de Munich, Viena, Dresde o Berlín ya no existían, y todavía pasarían muchos años hasta que esos edificios y sis orquestas pudiesen renacer.

Como tributo a todo ello, Strauss compuso las Metamorfosis, una partitura profunda, bella y trágica, con la que pretendía reflejar la angustia y desolación que tanta ruina y desolación le provocaron. Pocos meses más tarde, Strauss moriría en su residencia de Garmisch – Partenkirchen.

Los ejércitos aliados occidentales

Los ejércitos aliados occidentales. Los "Tommies"
Los «Tommies»

Todos los ejércitos tienen sus apodos para el enemigo e incluso para sus propios aliados. Los ingleses eran los «Tommies» y  los rusos, «los Ivanes«, para los alemanes. Los británicos solían llamar a los alemanes «los Krauts» («los que comen col») o «los hunos«, como en la Primera Guerra Mundial. El Ejército Rojo combatía contra «los Fritz» (los alemanes). Pero dentro de cada una de estas denominaciones se escondían numerosas contradicciones, ya que no todos los miembros de los «Tommies» eran ingleses, ni todos los Ivanes eran rusos, ni todos los Frtiz eran alemanes.

Centrémonos en este post en los ejércitos aliados occidentales. En la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Británico lo constituía un buen número de escoceses, galeses e irlandeses, que se molestaban enormemente si les llamaban «ingleses», como se molestaba un inglés de Inglaterra si le confundían con un escocés o un galés, y no digamos con un irlandés. Y así, ad eternam. Cosas de las rivalidades locales, por mucho que en este caso (y desde hacía ya varios siglos) estuviesen todos en el mismo bando. Pero además, en concreto el Ejército Británico también estaban compuesto por regimientos oriundos de las numerosas nacionalidades que componían el extenso Imperio británico: Bueno, más que nacionalidades, habitantes de los Dominios que «rendían pleitesía» a su Graciosa Majestad, como los canadienses, australianos, sudafricanos y neozelandeses, que intervinieron en el conflicto integrados en los tres ejércitos británicos: tierra, mal y aire, formando muchas veces compañías compuestas exclusivamente por soldados de una misma nacionalidad. Había otros casos, como el de los Gurkhas, un cuerpo de elite de la India (uno de estas compañías especializadas -en matar, claro- fue enviada durante la denominada guerra de las Malvinas de 1982 a rebanar pescuezos de jóvenes soldados argentinos de reemplazo enviados a las islas por una siniestra dictadura sanguinaria en franca descomposición). Los Gurkhas eran de la India, pero no del ejército Indio, integrado por soldados de variopintas etnias y religiones. Las órdenes se daban en inglés, lógicamente, pues era la lengua materna de la metrópolis. Y se juraba lealtad a un monarca británico, tan lejano, tan etéreo, tan intangible. Británico,no inglés. Así, por mucho que los alemanes se empeñasen en llamar a todos estos soldados «los ingleses«, ingleses de verdad, pues pocos, o mejor, en proporción a la población de Inglaterra existente respecto al resto de pueblos de las Islas Británicas y del resto de Dominios británicos.

Aparte de los combatientes propios del Imperio Británico, hubo otros que también lucharon a las órdenes de comandantes británicos. El mayor contingente de éstos procedía de Polonia, donde no todos los soldados eran de etnia polaca propiamente dicha, sino que muchos eran judíos, ucranianos, e incluso alemanes.

Tras la caída del Norte de África francés en manos de los aliados, un cuarto de millón de soldados franceses, que hasta ese momento habían obedecido a la Francia de Vichy, satélite del Reich, pasaron a engrosar las filas de los ejércitos aliados occidentales. Los franceses se dividían en «hadjis«, es decir los que habían hecho «el peregrinaje» en las colonias francesas de África y «moustachis» , que eran los profesionales formados en alguno de los territorios que el mariscal Pétain controlaba.

En el Ejército norteamericano, mejor, estadounidense, existían muchas unidades compuestas exclusivamente de soldados negros reclutados en los estados del Sur. El cuerpo de oficiales superiores solía ser WASP (White Anglo-Saxon Protestant, en castellano, blanco, anglosajón y protestante, los descendientes de los colonos y de los padres peregrinos, en mayor medida). En un segundo escalafón del ejército USA (los denominados GIJoe) estaban por ejemplo los italoamericanos, polacoamericanos,,,e incluso germanoamericanos. Pero culturalmente, eran más homogéneos que los británicos, pues todos estaban muy «americanizados». Se da el caso curioso, aunque puede parecer lógico por otra parte, que muchas familias descendientes de alemanes habían cambiado su apellido durante la Gran Guerra, por aquello de ser más papistas que el Papa en territorio hostil, o al menos, parecerlo. La familia de Eisenhower, general y comandante en jefe de las tropas aliadas en Europa (y posterior presidente de EUU), fue de esas, pues el el apellido original alemán es «Eisenhauer».

El Falsificador de Pasaportes

Libro basado en una historia real de Cioma Schönhaus, judío que gracias a su habilidad como dibujante pudo sobrevivir en la Alemania Nazi, teniendo una vida llena de peripecias increíbles. Un testimonio mas de aquella época y de la persecución de la Gestapo. Sus falsificaciones le sirvieron para salvar la vida de muchos compatriotas judíos y la suya propia.

Caos en Italia

Caos en Italia. El mariscal Pietro Badoglio
El mariscal Pietro Badoglio

Los aliados siempre pensaron que Italia era la parte débil del Eje. Y tenían razón, por lo que Churchill siempre insistió en que el desembarco aliado previsto para julio de 1943 debía ser allí, en concreto, en la isla de Sicilia. Cuando se produjo el desembarco, los italianos no tardaron ni quince días en librarse del líder fascista Mussolini, y de un régimen dictatorial que ya duraba demasiado tiempo. Aunque lo peor estaba por llegar. El caos en Italia se desató en realidad a partir de la reunión del 24 de julio de 1943, en la que el Consejo General Fascista apartó al Duce del poder, un acuerdo que se tomó en connivencia con el propio rey Víctor Manuel. Mussolini fue arrestado tras una audiencia con el monarca y confinado en las montañas del Gran Sasso. Fue sustituido como jefe del gobierno italiano por el mariscal Pietro Badoglio.

Parece que los nuevos dirigentes querían tener relaciones amistosas con los aliados. Al fin y al cabo, no era la primera vez que Italia cambiaba de bando en medio de un conflicto generalizado, pues ya lo hizo durante la Gran Guerra. Pero en esta ocasión no pudo ser. Los aliados occidentales habían incorporado la rendición incondicional a su decálogo durante la conferencia de Casablanca. A su vez, los alemanes no querían dejar escapar la presa. Y en medio, Badoglio y su gobierno, que no apenas contaban ni para unos ni para otros. No, esta vez no habría cambio de bando, una circunstancia que hizo que se desatara el caos en Italia.

Para empezar, a los alemanes no les gustó nada la caída de Mussolini. Al fin y a cabo, el Duce había sido durante mucho tiempo el modelo político en el que se inspiró Hitler, quien llegó a admirar durante mucho tiempo a su homónimo transalpino, que había terminado por convertirse en un aliado incómodo. Los alemanes aumentaron de 7 a 18 las divisiones de la Wehrmacht en Italia y comenzaron a considerar la mitad del país que ocupaban como territorio conquistado. En septiembre de 1943 ocuparon Roma, de la que salió el gobierno Badoglio buscando la protección de los aliados, refugiándose en Brindisi. Badoglio firmó el 3 de septiembre el llamado «armisticio breve» y en Malta el «armisticio largo» el 29 del mismo mes. Con ello las zonas de ocupación del país transalpino se clarificaron; los alemanes en la mitad norte y los aliados occidentales al sur.

El Führer no quiso abandonar a Mussolini a su suerte y ordenó una operación arriesgada para rescatarle. Un cuerpo de elite alemán se trasladó al Gran Sasso y liberó al ex-dictador fascista, instalándole como jefe de gobierno títere en la ozna ocupada por los nazis. Fue la denominada República Social Italiana, con sede en la ciudad de Salò, que dependía completamente del Ejército alemán, por lo que fue bombardeada por los aliados, y donde surgió un poderoso movimiento de resistencia.

El caos en Italia estaba servido. La caída del régimen fascista fue especialmente traumática, originando una espiral de violencia sin contemplaciones, que acabaría llevándose por delante al propio Duce menos de un par de años después de su deposición. Cuando el mariscal Badoglio huyó al sur, a ponerse en manos de los aliados, quedaron un millón de soldados italianos en la parte ocupada por los alemanes. Algunas trataron de resisitir al invasor, como la División Granatieri de Roma o la División Acqui de Cephalonia, que pagaron con la muerte de caso todos sus miembros su osadía. Del resto de las tropas italianas, muchos depusieron las armas, otros se unieron a los partisanos, y otros en fin, se largaron a casa. Unos 650000 soldados italianos fueron enviados al territorio del Reich para realizar trabajos forzados, en calidad de prisioneros. Los que combatían en el frente oriental, fueron considerados como prisioneros de guerra por sus antiguos aliados.

En el invierno de 1943 a 1944 surgió en Italia un movimiento de resistencia, formado por personas de todas las clases sociales, unidas por su amor a la patria. En las montañas operaron grupos de partisanos más politizados que en otra partes. En Liguria, Emilia y el Piamonte surgieron una suerte de «repúblicas partisanas» más o menos independientes, las mayores de las cuales eran las de Langhe, Cunese y Ossola, en el noroeste, Ottrepó y Bobbio, al norte de los Apeninos, en Bolzano y Bellluno, al norte, y en los alrededores de Trieste, en el noreste. Hasta que el general Cardona logró establecer un mando unificado que metiese en vereda a todas estas facciones, ya en junio de 1944.

Los aliados también tuvieron su parte de culpa en el caos en Italia. Su insistencia en la rendición incondicional desencadenó en parte esta serie de funestos acontecimientos. Los alemanes acabaron por desencadenar una segunda oleada de violencia en su zona de ocupación. Veamos el porqué. Desde agosto de 1944 el frente se estabilizó en una línea que iba desde Florencia a Ancona. La Línea Gótica, la línea defensiva alemana al norte de Florencia aguantó bien que mal durante todo el invierno las ofensivas aliadas. Finalmente, el general británico Alexander recibió órdenes de mantener a los alemanes clavados en sus posiciones, aunque sin avanzar las fuerzas aliadas hacia Francia, como muchos deseaban. Churchill quería llegar hasta Viena a través de Liubliana, pero las profundas divergencias surgidas entre los estrategas británicos y norteamericanos impidió una ofensiva que estuviese en condiciones de superar al potente ejército alemán. Debido a estas reticencias aliadas, los alemanes cargaron con fuerza contra los partisanos del norte de Italia. La represión alcanzó niveles dantescos, con destrucción de pueblos enteros y masacre de civiles. El caos en Italia imperaba. Más bien la confusión y el desconcierto, y la violencia, empero, campaban a sus anchas en el norte de la península itálica.

Jefes de Estado Mayor Combinado

Jefes de Estado Mayor Combinado. Almirante William D. Leahy
Almirante William D. Leahy

El comité de Jefes de Estado  Mayor Combinado, más conocido como CCS (Combined Chief of Staff, en sus siglas en inglés), fue el resultado de una serie de reuniones mantenidas entre Churchill y Roosevelt tras el golpe japonés a Pearl Harbor, en diciembre de 1941. El CCS tuvo su sede en Washington, y preparó una serie de reuniones periódicas bajo la presidencia del representante personal del presidente norteamericano, por si acaso les quedaba duda a los ingleses de quien mandaba de verdad en Occidente. El comité de Jefes de Estado  Mayor Combinado enlazó la Junta de Jefes de Estado Mayor estadounidense y la Misión Conjunta de Jefes de Estado Mayor británica. Con el comité colaboraron una serie de comités que organizaron los servicios de espionaje, el transporte, la logística en general, las comunicaciones, los asuntos civiles y la meteorología. El almirante William D. Leahy fue presidente desde abril de 1942. Por parte británica destacó el mariscal sir John Dill. El comité de Jefes de Estado  Mayor Combinado se reunió unas doscientas veces entre enero de 1942 y el final de la contienda, en las que se tomaron decisiones trascendentales no sin cierto acaloramiento entre los representantes de uno y otro país occidental. El británico Dill falleció en noviembre de 1944, y tuvo el honor (dudoso, digo yo) de ser el único extranjero inhumado en el Cementerio Nacional de Arlington.

Jefes de Estado Mayor Combinado. Mariscal Sir John Dill
Mariscal Sir John Dill

Como siempre, en casa del herrero cuchillo de palo. El CCS tuvo sus defectillos, uno de los cuales, y no baladí, era que tenía la sede en territorio norteamericano, algo que hacía que a los británicos se les llevasen los demonios. Al fin y al cabo, la potencia imperial (al menos hasta entonces) era la vieja Britania, y lo llevaban muy a gala. El mismo Churchill, miembro de la más rancia aristocracia británica era un imperialista de tomo y lomo. El caso es que la influencia estadounidense era casi absoluta en la toma de las principales decisiones. El CCS no incluyó a la URSS dentro de su organigrama. Durante los momentos más duros de la batalla de Moscú, Stalin rechazó reunirse con los otros dos grandes, por lo que los occidentales siguieron su particular línea de actuación, de la que se excluyó deliberadamente a los soviéticos. Aunque hay que reconocer que Stalin tampoco mostró demasiado interés en formar parte de una organización interaliada permanente. Esta actitud de ambas partes, condenadas a entenderse en su lucha contra el Eje y sus aliados, signiificaba que en principio, las operaciones contra el Reich se dirigían desde dos frentes separados, el oriental y el occidental. Ambos centros neurálgicos, que a pesar de todo tenían un objetivo común, la lucha contra el nazismo, desataron bastantes tensiones entre ellos. Por eso, la llamada «Gran Coalición» nunca estuvo coordinada, y Stalin lamentaba una y otra vez la tardanza en la apertura de un «segundo frente» que aliviase la presión sobre la URSS en el frente oriental, que había sido muy fuerte, aunque llegó un momento en que comenzó a aflojar, gracias en parte a la recuperación del Ejército Rojo. El segundo frente tardó lo suyo en abrirse, o bien porque los aliados anglonorteamericanos realmente no estaban preparados para ello, o bien, es que Churchill, sobre todo, deseaba debilitar lo más posible a Stalin, como viejo antibolchevique que era.

Es cierto que en todas las capitales aliadas (Londres, Washington, Moscú) los restantes paises de la Coalición estaban muy bien representados, ya fuese por diplomáticos, militares, ya fuese, por supuesto, por los sempiternos espías, que podían pertenecer a uno u otro estamento o ser espías profesionales y de postín, en algunos casos. Los aliados occidentales y los soviéticos lucharon contra los nazis, pero no como fuerza unificada, sino que actuaron en paralelo. Stalin, llegado el momento oportuno apostó por ocupar la mayor parte de Europa oriental que pudo para luego presentarse antes sus aliados desde una posiición de fuerza, como efectivamente ocurrió después.

Churchill y Roosevelt se reunieron en total en nueve ocasiones (Terranova, Washington, Casablanca, Washington otra vez, Quebec, El Cairo, Teherán, Quebec, otra vez, Yalta). Stalin acudió a dos de estas «cumbres» interaliadas: Teherán y Yalta. Y una vez más, Postdam reunió a los «Tres Grandes» tras el final de la guerra en Europa, pero ya sin Roosevelt, que había fallecido en abril de 1945. Su lugar fue ocupado por el nuevo presidente USA, Harry Truman.

La Operación Bagration

Operación Bagration.
Prisioneros de la Operación Bagration desfilando por Moscú

La Operación Bagration tuvo lugar entre junio y agosto de 1944, y fue llevada a cabo por el Ejército Rojo, a raíz de la victoria soviética en la gigantesca batalla entre blindados de Kurks. A partir de este momento, y desde hacía ya tiempo, el Ejército Rojo ya tenía la confianza y los medios suficientes para desencadenar una gigantesca ofensiva que le llevaría no sólo a Berlín, sino a ocupar toda la Europa oriental. Toda una exhibición de fuerza ante sus aliados occidentales, que apenas acababan de desembarcar en Normandía y avanzaban penosamente a través de la bota itálica.

La ventaja que habían conseguido los soviéticos se debía a dos razones principales. En primer lugar, en virtud de la Ley de Préstamo y Arriendo norteamericana, recibían una ingente ayuda en forma de camiones, gasolina, alimentos, efectos militares y munición que llegaban a la URSS a través de Irán y el puerto de Murmansk. Este era un factor exterior, pero la URSS, a raíz de la reubicación de su industria en general, y armamentística en particular, en los Urales, lejos del frente de combate, estaba obteniendo sorprendentes resultados en cuanto a fabricación de tanques, aviones y artillería. El incremento colosal de material de guerra soviético significaba que la caída del régimen nazi era sólo cuestión de tiempo.

La estrategia soviética desde la segunda mitad de 1943, una vez levantado el sitio de Stalingrado a comienzos de ese año, tenía tres objetivos fundamentales: acabar con el asedio de Leningrado, que ya duraba desde diciembre de 1941; aprovechar en el frente meridional la victoria de Kurks; reunir en el teatro de operaciones del centro una fuerza de combate gigantesca de cara a la ofensiva de mediados de 1944. El contraataque ya era posible. Una vez se frenó la ofensiva alemana, ahora era posible la contraofensiva con una ingente cantidad de recursos humanos y materiales.

El asedio de Leningrado, en el frente norte finalizó el 27 de enero de 1944, con más de un millón de muertos en su haber. En el frente meridional, el Ejército Rojo había recuperado la región del bajo Don en agosto de 1943, Jarkov en septiembre y Kiev en noviembre de ese mismo año. Los soviéticos comenzaron a arrollar a los alemanes en el frente del río Dnieper, un frente de una longitud de un millar de kilómetros. Quizás tuvo mucho que ver en este retroceso el hecho de que Hitler temía que los aliados anglonorteamericanos abriesen de una vez por todas el tan temido segundo frente en Francia. Los alemanes retrocedían, sí, pero a costa de una salvaje política de “tierra quemada”.

Pero la operación principal del frente del este tuvo lugar en el sector central del mismo. El diseño de la Operación Bagration tenía como objetivo eliminar a las tropas de la Wehrmacht en esta zona, y estuvo a cargo del mariscal Zhukov y del mismísimo Stalin. Se pusieron en manos del por entonces general Rokossovski un contingente de 2,4 millones de soldados, 5200 tanques y 5300 aviones que daban al Ejército Rojo una ventaja sobre los alemanes de cuatro a uno. El comandante del ejército alemán que se oponía al avance soviético en la zona era un nazi recalcitrante, el general Von Busch, que a buen seguro obedecería las fanáticas órdenes del Führer de resistir hasta la muerte. Que por otra parte, es lo que exigió Hitler. Los alemanes adoptaron una estrategia posicional, haciéndose fuertes en “fortalezas” como Vitebsk, Orsha, Bobruisk y Mogilev.

La Operación Bagration se desencadenó de forma devastadora finalmente el 23 de junio de 1944. Todas las plazas fuertes alemanas fueron sitiadas en un abrir y cerrar de ojos. Ante la supuesta incompetencia de Busch, a ojos del Führer al menos, Hitler le relevó del mando y puso en su lugar a Model, uno de los grandes generales de la Segunda Guerra Mundial.

Operación Bagration
Prisioneros alemanes, blindadoTiger incluido, tras la caida de Minsk

La segunda fase de la Operación Bagration se inició en la ciudad bielorrusa de Minsk (hoy capital de la República de Bielorrusia). Model logró salvar los últimos restos del Grupo de Ejércitos Centro alemanes e intentó formar una nueva línea en el oeste, en el río Vístula. Rokossovski continuó el ataque logrando ascender al grado de mariscal cuando sus tropas atravesaron el río Bug el día 19 de julio, y avanzaba imparable hacia Varsovia, la capital de lo que un día había sido Polonia. Otra ala del Ejército soviético enfiló hacia Prusia Oriental para coger desprevenidos al Grupo de Ejércitos Norte alemanes por la retaguardia.

El dos de agosto de 1944, los soviéticos tenían a la vista la desgraciada ciudad de Varsovia. Y digo desgraciada, porque era pasto de un incendio generalizado como resultado del levantamiento en armas del Ejército interior polaco, fomentado en parte por los propios soviéticos. Pero es que ese mismo día, el general Model había lanzado un poderoso contrataataque, por lo que los soviéticos no pudieron liberar Varsovia hasta más tarde, cuando no era nada que un montón de humeantes ruinas, pues Hitler había ordenado su total destrucción como escarmiento. Quizás la Operación Bagration había pedido algo del poderoso fuelle que la había impulsado desde su inicio, pero la superioridad soviética era todavía abrumadora. En eso estaban, cuando Zhukov y Rokossovski diseñaron una nueva y poderosa ofensiva, un plan que consistía básicamente en contener la contraofensiva de los alemanes, atacar a su vez y liberar Varsovia del yugo alemán…para caer bajo las garras soviéticas lo que quedase de ella…

En paralelo con la Operación Bagration en el frente oriental se iba desarrollando en el frente occidental la Operación Overlord desde el día 6 de junio de 1944.