Las proposiciones de Röhm

Las proposiciones de Röhm. Ernst Röhm, jefe de las SA
Ernst Röhm, jefe de las SA

Uno de los momentos de mayor importancia en todo el proceso de formación del Estado nacionalsocialista fue la «noche de los cuchillos largos». ¿Qué motivó esta terrible depuración?. Pues el pensamiento y las proposiciones de Röhm, inaceptables para Hitler y el resto de su camarilla.

Estamos acostumbrados a oír hablar de las purgas de Stalin y de Mao. Los nazis no se caracterizaron por este tipo de actuaciones, excepto en esta ocasión. En los inicios del partido Ernest Röhm era compañero de Hitler, con quien luchó codo a codo para ganar adeptos. Röhm se encargó de grupo paramilitar de las camisas pardas, las SA (Sección de Asalto), con la intención de que sustituyeran al ejército alemán. Pero Röhm también era el ala izquierda del partido, y quien introdujo en sus filas a numerosos parados y marginados de aquel momento.

Himmler y Goering observaron que el poder de Röhm era muy grande ya que manejaba un colectivo de casi un millón de hombres armados que le eran fieles. Hitler vio peligrar su supremacía y aconsejado por el resto decidió acabar matando a los cabecillas de las camisas pardas.

El 30 de junio de 1934 las SS entraron en las habitaciones donde dormían muchos de los oficiales de este ejército pardo, matándoles sin piedad. A Röhm fue el propio Hitler el que fue a detenerle. Después algunos oficiales de las SS le entregaron una pistola para que se suicidase, cosa que no hizo. Entonces ellos dispararon contra él. También en esa purga se mató a Schleicher, el anterior canciller alemán. Y a Gregor Strasser, fundador del partido nazi.

¿Qué es lo que Röhm le echaba en cara a Hitler?

1.- haber traicionado el espíritu revolucionario que llevó el partido al poder.

2.- haber hecho promesas de seguridad a los grandes capitales. (Nada de subidas de sueldo, nada de huelgas)

3.- haberse asociado con el estado Mayor Alemán, permitiendo un ejército de clase.

¿Qué propuso Röhm?

1.- Una segunda revolución, apoyada por millones de SA.

2.- Socialización de la economía y de los medios de producción.

3.- Eliminación del gran capital.

4.- Desaparición de los latifundios.

5.- Disolución del estado Mayor.

6.- Creación, tomando como base las SA, de un ejército popular, semejante en casi todo al ejército rojo de Trosky.

Hitler no podía aceptar estas premisas claramente bolcheviques.

Código de los Rehenes

Código de los rehenes. Un gendarme francés saluda a un oficial alemán en ParísLos alemanes en la conquista de los países ocupados tenían un sistema cruel, pero infalible, para evitar atentados contra miembros del ejército de ocupación. Era el llamado “código de los rehenes”, por el cual se consideraba rehenes a todas aquellas personas detenidas por cualquier causa: pertenencia a grupos anarquistas, comunistas, etc…

Los rehenes podían ser fusilados si se producía un atentado contra los miembros del ejército alemán, despreciando el artículo 50 del Convenio de la Haya que prohíbe la toma de rehenes.

Esta brutal medida se endureció todavía más en 1942 con la publicación del siguiente aviso:

“Los familiares varones más próximos, hermanos políticos y primos de los agitadores, que hayan cumplido los dieciocho años serán fusilados”

“Todas las mujeres unidas a los culpables por los mismos grados de parentesco, serán condenadas a trabajos forzados”

“Los hijos de todas las personas arriba mencionadas, menores de dieciocho años, serán ingresados en una casa de corrección”

Esta medida fue sobre todo ejercida en la Francia ocupada. Eliminó de una manera eficaz cualquier conato de atentado.

Berlin La caída: 1945

«Berlin La caída: 1945» es un excelente libro del autor de «Stalingrado». En él, Antony Beevor reconstruye la última batalla de la 2GM  y la estremecedora agonía del lll Reich. Beevor, historiador y militar, combina como nadie un extraordinario talento narrativo: la desesperación de Hitler, los deseos de venganza de Stalin, la impotencia de Guderian o la astucia de Zhukov, pero también la paradójica inocencia de unos niños jugando a la guerra con espadas de madera en mitad de sus casas destruidas por las bombas o el asco de las mujeres alemanas violadas por el ejército Rojo. Al mismo tiempo que fanáticos de la SS ejecutan al primero que ondee una bandera blanca.

Operación Antorcha

Operación Antorcha

Mientras los soviéticos contenían al ejército de Von Paulus en Stalingrado, en noviembre de 1942 los aliados occidentales decidieron desembarcar en Marruecos y Argelia, como paso previo para atacar la «fortaleza europea». Los barcos utilizados fueron en su mayoría británicos, y las tropas, estadounidenses. Las zonas donde debían desembarcar estaban bajo el control de la denominada Francia Libre, la Francia de Vichy, no ocupada militarmente por los alemanes, pero en la práctica, estado titere de Hitler, bajo la presidencia del héroe francés de la I Guerra Mundial, el mariscal Pétain. El general francés De Gaulle, exiliado en Londres, y los responsables de la Operación Antorcha, pues así se llamó en clave esta iniciativa, esperaban que a los 25000 soldados que pusieron pie en las proximidades de Casablanca y a otros 35000 que lo hicieron cerca de Orán y Argel, se les uniera un potente contingente de franceses del norte de África. Se hablaba de 150000 combatientes galos. La Operación Antorcha fue la primera iniciativa militar seria occidental desde el comienzo de la guerra, dominada hasta entonces a su antojo por el Tercer Reich.

Operación Antorcha. Tanque alemán en Túnez
Tanque alemán en Túnez

Pero los franceses no cooperaron de inicio como esperaba De Gaulle. En el desembarco de Casablanca, los franceses mataron a más de 1000 norteamericanos. Pasaron muchas semanas antes de que los aliados pudiesen avanzar contra las bases alemanas e italianas de Túnez, donde las fuerzas del Eje estaban bien pertrechadas y apoyadas desde Sicilia por la aviación. Frente a ellas, y una vez que los franceses cambiaron de bando por fin y permitieron el paso de los aliados, el 1º Ejército de EEUU avanzaba desde el oeste, y el 8º Ejército británico desde el este, desde sus bases egipcias. Aún así, al frente de las tropas del Eje estaba Erwin Rommel, el mayor estratega germano, que dio una buena lección a las bisoñas tropas aliadas en el paso de Kasserine. En esta batalla, Rommel conducía un contingente de 22000 soldados alemanes e italianos y 250 blindados. Los norteamericanos, británicos y franceses contaban con 30000 efectivos y el doble de carros blindados. Todo parecía a favor de los aliados, pero no contaban con que al frente del enemigo estaba Rommel. Rommel dio una «buena paliza», sobre todo a los norteamericanos, muy poco fogueados hasta ese momento. Hubo 10000 bajas entre los aliados, sobre todo estadounidenses, que además perdieron 235 blindados (además de artillería y vehículos de transporte). El Afrika Korps sólo sufrió 2000 bajas y 34 blindados.

No obstante, Rommel volvió a Alemania obedeciendo órdenes (se le necesitaba para la defensa del frente occidental, que aún no se había abierto, aunque solo era cuestión de tiempo), y las tropas del Eje, optaron por ceder terreno perdiendo el menor número de efectivos posibles, lo que permitió a los aliados controlar la mayor parte de la costa norteafricana. La Operación Antorcha sorprendió a los estrategas del Eje, pues los aliados habían puesto gran cantidad de carne en el asador (nunca mejor dicho) en un frente secundario. La Operación Antorcha supuso una solución de compromiso entre los norteamericanos, que deseaban entrar en combate de inmediato (pese a su falta de preparación) y los británicos, que no deseaban un desembarco arriesgado en Europa. Al menos todavía. Dunkerque estaba aún muy fresco en la mente del premier Winston Churchill.

La Operación Antorcha proporcionó numerosos prisioneros de guerra en manos de los aliados, sobre todo italianos que no tenían el menor deseo de continuar combatiendo. El éxito de esta iniciativa con un objetivos tan remoto ocasionó la ocupaciòn efectiva de la Francia de Vichy por Hitler, lo que debilitaba considerablemente el potencial de la Wehrmacht alemana. Pero la Operación Antorcha significó todavía más: proporcionó la experiencia necesaria a los aliados para una operación de desembarco a gran escala y un trampolín para el siguiente movimiento en la gigantesca partida que se desarrollaba por Europa. El desembarco en Sicilia se efectuaría desde las bases aliadas en el norte de África.

El atentado de Bürgerbräukeller

Atentado de BürgerbräukellerEl atentado de Bürgerbräukeller tuvo lugar en Munich, pero fue fallido. Cerca de la frontera suiza, la Gestapo detuvo a un ebanista de Múnich, que tenía una postal de la famosa cervecería muniquesa con una X en el sitio donde fue puesta una bomba para matar a Hitler, mientras daba un mitin. Pero la explosión se produjo minutos después de que el Führer se fuera. Elser reconoció ser el autor del artefacto, y se jactó de haber inventado una espoleta retardada con una programación de 10 días. Fue internado en Dachau, aunque fue muy bien tratado. La espoleta tenía un cable para ser detonada a voluntad desde lejos. Esto hace sospechar de que esta operación fue un montaje de la Gestapo, como propaganda. Se explotó cuando ya habían salido. Himmler mandó matar a Elser en 1945 cuando quedaba poco para acabar la guerra. No había que dejar cabos sueltos.

Los Estados bálticos en junio de 1940

Los Estados bálticos en junio de 1940. Miembros de la guerrilla estonia
Miembros de la guerrilla estonia

Los Estados bálticos en 1940 eran independientes. Pero Stalin era un digno sucesor de sus predecesores zaristas, y nunca olvidaba cuando le hacían alguna picia. Trotski, su antiguo camarada, fue testigo de ello. Él y muchos más. Era un imperialista declarado, por mucho que hablase de cosas como la doctrina del «socialismo de un solo país«, nacida al mismo tiempo que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1924. Los rusos habían perdido territorios del viejo imperio de los zares a consecuencia del Tratado de Versalles. Por entonces, el presidente norteamericano Wilson había lanzado su propia doctrina de «autodeterminación nacional«, que no gustó nada a los nuevos dirigentes bolcheviques. Pues es a este ideario wilsoniano al que se habían aferrado como a un clavo ardiendo numerosos líderes del centro y este de Europa después de 1918 para mantener u obtener autonomía e independencia respecto a las potencias que habían salido peor paradas de la Gran Guerra de 1914-1918: los imperios ruso, alemán y austro-húngaro. Cuando los bolcheviques ganaron la guerra civil rusa a los partidarios del Zar, Stalin había sido nombrado en su día por Lenin comisario para las nacionalidades. Una vez liquidado el conflicto interior, el Ejército Rojo trató de reconquistar las antiguas provincias zaristas desgajadas del gigantesco imperio de los Romanov. El imperialismo ruso, a pesar del cambio de régimen, no había perdido un ápice de su fuerza de siglos pasados. Los comunistas eran tan imperialistas como los zaristas. Así que los rusos volvieron a ocupar Ucrania, Bielorrusia, y los territorios del Cáucaso, Asia Central, Siberia y Mongolia Exterior, que se habían independizado aprovechándose de las circunstancias y del mal momento que atravesaba el poderío ruso.

Pero hubo algunos territorios que no fueron reconquistados en los años 20. Y Stalin se guardó la venganza para más tarde. Los dirigentes soviéticos, con Stalin a la cabeza, consideraban Polonia, Finlandia, Estonia, Lituania y Letonia como parte del sagrado suelo ruso (y eso que Stalin era de origen georgiano, un territorio caucásico). En la primavera de 1940, Polonia y Finlandia ya habían sido objeto del ataque y victoria del Ejército Rojo, pero con serias dificultades, sobre todo en el caso finés. Polonia, repartida con los alemanes. Finlandia, a pesar de su resistencia  y haber ocasionado grandes bajas al ejército soviético, perdió parte de su territorio.

Quedaban indemnes aún los Estados Bálticos en 1940, que todavía permanecían independientes, como miembros soberanos de una maltrecha Sociedad de Naciones, a la que ni alemanes ni soviéticos respetaban demasiado, la verdad sea dicha. Los Estados bálticos no eran de cultura rusa. Incluso religión e idioma nada tenían que ver con los rusos. Los zares los habían engullido en viejas y olvidadas guerras de Rusia contra Suecia y Polonia, y como consecuencia de tratados que nadie recordaba. Ni los ocupantes, ni la población nativa. Estonia y Letonia formaron parte durante siglos de la corona sueca y eran de religión mayoritariamente protestante. Lituania era predominantemente católica y durante muchos años formó una potente asociación política con Polonia. Pero los tres Estados contaban con importantes minorías judía y alemana. Ninguno de ellos quería saber nada de la Unión Soviética. Lo malo es que los soviéticos sí que querían saber de ellos. Aún más, querían recuperar lo que consideraban suyo. Imperialismo obliga…

Durante la campaña de Polonia de septiembre de 1939, la que abrió la Segunda Guerra Mundial, ya sabemos que soviéticos y alemanes atacaron al alimón y se repartieron la desgraciada república polaca. El Ejército Rojo había arrebatado la ciudad de Wilmo (Vilna) a Polonia y Stalin se la había regalado a Lituania. Los lituanos no se dieron cuenta en aquel momento, pero el regalito estaba envenenado, pues les hizo bajar la guardia ante un hipotético ataque soviético. Tras las dificultades del Ejército Rojo en la guerra de Invierno contra Finlandia, Stalin prefirió utilizar la astucia más que la fuerza, situando en principio un numeroso contingente militar en las fronteras de los tres pequeños países bálticos. Y como hizo con Finlandia anteriormente exigió concesiones, en forma de territorios y bases militares. Por último ordenó a los comunistas de los tres países que solicitaran «protección a Moscú frente a la agresión extranjera«. Los gobiernos bálticos dudaron y los soviéticos aprovecharon para entrar y restaurar el orden, tras lo cual el NKVD realizó sus famosas purgas, que acabó con la cuarta parte de la población de estos países. Tal fue el precio de la «protección» soviética. Pero es que después llegaron los nazis, dentro de su plan de invasión de la Unión Soviética, la Operación Barbarroja. Posteriormente los soviéticos volvieron a ocupar los Estados bálticos, que no recuperaron la independencia hasta después de la desintegración de la Unión Soviética, ya en 1991.