El antisemitismo en Rumanía

El antisemitismo en Rumanía

El antisemitismo en Rumanía venía de lejos. No tenía nada que ver con el odio suplementario que los nazis aportaron al viejo asunto del antisemitismo europeo. Rumanía era el país europeo más antisemita de entreguerras. Y no sólo de este período, sino que el antisemitismo rumano ya estaba instituido e institucionalizado en el siglo XIX. Fijémonos en este dato. En 1878, las grandes potencias europeas firmaron el Tratado de Berlín, que reconocía, a grandes rasgos, la plena independencia de Serbia, Montenegro y Rumanía, y la autonomía de Bulgaria. En alguna de sus disposiciones, los grandes de Europa presionaron lo que nadie sabe para que el gobierno rumano concediese a los habitantes judíos del país la condición de ciudadanos. Pero ni por ésas. Los judíos rumanos continuaron siendo segregados y excluidos por las autoridades del país. Cuando concluyó la Primera Guerra Mundial, la inmensa mayoría de los judíos de Rumanía (excepto unas cuantas familias sefardíes y otras de origen alemán) continuaban teniendo el estatus de extranjeros residentes en Rumanía. Durante las negociaciones de paz los aliados volvieron a intentar persuadir al antisemita gobierno rumano de la conveniencia de conceder a los judíos la ciudadanía rumana, algo que se consiguió a regañadientes, como vemos. Esta concesión fue revocada en cuanto hubo oportunidad. Entre 1937 y 1938, y envalentonados por la actitud antijudía de los nacionalsocialistas en Alemania, Rumanía retiró la ciudadanía rumana a la cuarta parte de los judios que vivía dentro de sus fronteras, aduciendo que la medida había sido impuesta gracias a la presión internacional. Pero la cosa no quedó aquí, ya que en agosto de 1940, el nuevo dictador rumano, el mariscal Ion Antonescu, líder de la Guardia de Hierro, organización de un pelaje similar al NSDAP, declaró apátridas al resto de judíos rumanos. Eran los meses anteriores a la entrada en la Segunda Guerra Mundial de Rumanía junto a las potencias del Eje. Los únicos judìos rumanos que conservaron la ciudadanía fueron las mismas familias sefardíes y de origen alemán que ya la poseían antes del final de la Primera Guerra Mundial. Estos no eran más que un uno por ciento de la población judía rumana. El propio Hitler se subía por las paredes cuando conoció las radicales medidas antisemitas puestas en práctica por los rumanos, y se quejó amargamente a su ministro de Propaganda Goebbles en agosto de 1941 dicéndole cosas como ésta: «en estos asuntos, Antonescu se comporta de un modo mucho más radical de lo que nosotros nos hemos comportado hasta el presente».

Antisemitismo en Rumanía.
Soldados rumanos detienen a judios en Iasi

la Legión Rumana demostró estar a la altura de los elementos más siniestros y brutales de las SS. Rumanía entró en guerra en febrero de 1941 y participó activamente en la invasión de la URSS. Una muestra del celo rumano: solamente en Odesa, los soldados rumanos mataron a 60000 personas, llevando a cabo un atroz programa de matanzas y deportaciones. El estilo rumano consistía en meter a cinco mil personas en varios vagones de carga, donde iban muriendo de asfixia, mientras el tren recorría sin destino fijo los campos de Rumanía. Remataban estas masacres con una perversa guinda: la exposición de los cadáveres de los judíos así exterminados en carnicerías propiedad de judíos. En los campos de concentración rumanos, se dieron episodios de un refinamiento y una crueldad que superaban incluso al peor de los campos de exterminio alemanes, lo que ya era mucho decir. Los mismos nazis se horrorizaban ante las atrocidades que cometían los rumanos contra su población judía. Adolf Eichmann, el funcionario involucrado hastra las trancas en la Solución Final, imploró al propio Ministerio de Asuntos Exteriores alemán en abril de 1942 que se detuviesen los esfuerzos rumanos por exterminar a los judíos, ya que la prioridad era «la evacuación de los judíos alemanes, que estaba ya en período de ejecución». A mediados de agosto de 1942, el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán acordó con Antonescu «un orden de evacuación de los judíos de Rumanía, que será llevado a cabo por unidades alemanas». Para entonces, los celosos y eficaces rumanos ya habían matado ellos solitos a casi 300000 judíos sin ayuda alemana, algo que molestó enormemente a los nazis. ¡Tan extraordinaria eficacia exterminadora, así a lo bruto, sin que ellos hubieran intervenido apenas! «El alumno superando al maestro», debió pensar el Führer, algo que no le hizo tampoco nada de gracia.

Antisemitismo en Rumanía
El mariscal Ion Antonescu

Para entonces los alemanes no habían contado con que en Rumanía había un alto porcentaje de asesinos corrientes y molientes (además de los encuadrados en la Guardia de Hierro, a quienes el carácter de criminal se les daba por supuesto) y era además el pais más corrupto de los Balcanes. Por estas razones, se había desarrollado en Rumanía un próspero negocio de de venta de exenciones, en el que intervenían una inmensa caterva de funcionarios estatales y locales. Algo en Antonescu había cambiado, y ahora opinaba que la venta de judíos era un negocio mucho más lucrativo que el mero exterminio. Se convirtió en ferviente defensor de la emigración judía, al precio de 1300 dólares por cabeza. Los rumanos «moderaron» su celo matarife, convirtiéndose así Rumanía en uno de los pocos focos de emigración judía hacia Palestina durante la guerra.

Antonescu no es que fuera más radical que los nazis (como creía Hitler) sino que siempre iba un paso por delante de los alemanes. En Rumanía ya se mataba judíos en grandes cantidades y a la vista de todo el mundo (pogromos), mientras que Alemania hacía sus pinitos, y en secreto. Antonescu fue el primero que tuvo la idea de vender judíos, un año antes que Himmler hiciese su oferta de «sangre a cambio de camiones» (cuando las cosas se habían puesto ya muy feas para los nazis, a mediados de 1944, Himmler consideró la posibilidad de hacer servir a los judíos que aún quedaban vivos como moneda de cambio, como rehenes, con tal de congraciarse con los aliados, con quienes trataba ingenuamente de negociar). En agosto de 1944, el Ejército Rojo ocupó Rumanía. La mitad de los 850.000 judíos rumanos sobrevivieron, y de ellos, la mayoría fue a vivir a Israel. Todos los asesinos rumanos (o al menos las cabezas más visibles, como Antonescu) fueron juzgados y ejecutados.

El papel de los dirigentes judíos en el Holocausto

El papel de los dirigentes judíos en el Holocausto. Leo Baeck
Doctor Leo Baeck, ex-rabino mayor de Berlín

El papel de los dirigentes judíos en el Holocausto, es decir la participación de las elites judías en la destrucción de su propio pueblo es un capítulo que, aunque poco o menos conocido que otros, no deja de tener un carácter siniestro y tenebroso. Esta historia y sus detalles fueron estudiados por Raul Hilberg en su obra The Destruction of the European Jews. Esta colaboración con los verdugos se desarrolló tanto en la Europa central y occidental como entre las masas de judíos de habla yiddish del Este de Europa. En La lista de Schindler, la célebre película de Steven Spielberg, podemos contemplar escenas en las que la denominada policía judía colabora con los nazis. Los representantes de las comunidades judías redactaban listas de los miembros de esas comunidades con datos relevantes como las posesiones que las víctimas tenían hasta ese momento. En Amsterdam, en Varsovia, en Berlín, Budapest, en Praga…Las elites judías y los verdugos obtenían dinero de las personas que iban a ser deportadas rumbo a los campos de exterminio para pagar precisamente estos gastos: transporte, manutención de los condenados hasta su liquidación física, mantenimiento de los campos de la muerte…Llevaban un exhaustivo registro de las viviendas de judíos que se iban quedando vacías a medida que la represión se acentuaba más y más. Alistaban fuerzas de policía judías cuyo cometido era colaborar en la detención de sus correligionarios y convecinos, embarcándoles en trenes de ganado hacia una muerte cierta. Además facilitaban a los nazis los activos muebles e inmuebles para su inmediata confiscación. Distribuyeron la dichosa enseña amarilla con la estrella de David que señalaba a su portador como miembro del «pueblo maldito».

El papel de los dirigentes judíos en el Holocausto. El doctor Kastner
El doctor Kastner

Los Consejos de notables judíos tuvieron poder sobre la vida y la muerte de los miembros de sus comunidades, un poder concedido por los nazis, como podemos comprobar echando un vistazo a la primera proclama del Consejo de Budapest, que decía así: «Al consejo judío central le ha sido concedido el total derecho de disposición sobre los bienes espirituales y materiales de todos los judíos de su jurisdicción». Más claro, agua. Satisfechos y orgullosos de su poder adquirido. Estos dirigentes pensaban que sin su actuación, la situación de su pueblo podría haber sido peor. ¿Peor aún? Un ejemplo. En Hungría, el doctor Kastner salvó a 1684 judíos, sí, ¿pero a costa de qué? De enviar a las cámaras de gas a otros 476000 judíos. ¿Quién decidía la selección de aquellos afortunados que se salvaban? ¿Quién decidía quién moría y quién vivía? ¿Qué principios utilizaron estos dirigentes? En un informe, el propio Dr. Kastner escribió que se salvaron aquellos que «habían trabajado toda la vida en pro del zibur» (la comunidad judía) – es decir, los funcionarios– y «los judíos más prominentes» – es decir, los miembros de los Consejos de notables, entre otros. Siempre ha habido clases, incluso en los componentes de un pueblo condenado al exterminio por el solo hecho de pertenecer a ese pueblo, a esa religión diferente. Rudolf Israel Kastner fue un periodista y abogado húngaro de confesión judía. Su fama es debida a que ayudó a escapar a algunos judíos de Hungría durante la ocupación de este país por Alemania en 1944. Pero fue asesinado posiblemente por instigación de los servicios secretos israelíes en Tel Aviv en 1957 después de que un tribunal israelí le acusara de colaboración con los nazis. Zeev Eckstein fue la mano ejecutora y quien disparó contra el abogado.

Conocemos las características personales de numerosos dirigentes judíos durante el período nazi. La periodista Hannah Arendt describió a algunos de ellos. Por ejemplo, Chaim Rumkowski era decano de los judíos de Lódz, y no se le ocurrió otra cosa que emitir papel moneda con su imagen o trasladarse en un carruaje en mal estado tirado por caballos. Un poco estrafalario el personaje, que se hacía llamar Chaim I. No obstante su actitud colaborativa no le salvó de la cámara de gas, siendo ejecutado junto a su familia en agosto de 1944 en Auschwitz, ya que ante la cercanía del Ejército Rojo, los nazis decidieron clausurar el guetto de Lódz, liquidando a los moradores que aún quedaban allí. De comportamiento algo más moderado fue el ex-rabino mayor de Berlín, el doctor Leo Baeck, hombre educado en la universidad, de modales suaves, quien opinaba que la creación de la policía judía proporcionaría un trato «más amable» y contribuiría a que «la tortura de los judíos no fuera tan atroz». Arendt apunta lo siguiente a este respecto: «En realidad, la policía judía era, naturalmente, más brutal y menos corrupta, ya que los castigos a que se exponían eran más graves». Y hubo en fin, unos pocos dirigentes judíos que se suicidaron, como Adam Czerniakow, presidente del consejo judío de Varsovia. No pudieron con la presión insoportable que suponía colaborar, de una forma u otra, en el extermino de tantos cientos de miles de correligionarios.

El papel de los dirigentes judíos en el Holocausto. Chaim Rumkowski
Chaim Rumkowski, decano de los judíos de Lódz.

Donde había judíos, había dirigentes, es algo inherente al género humano. Una jerarquía ¿natural? de la que es imposible deshacerse, excepto en casos muy contados de rolling stones. La elite judía colaboró casi sin excepción, con los nazis. Según Arendt, el holocausto se hubiese producido igualmente si los judíos hubiesen carecido de organización y jefaturas, pero es casi seguro que el número de víctimas hubiese sido considerablemente menor, pues posiblemente muchos se habrían salvado si hubiesen hecho caso omiso de las instrucciones de los Consejos judíos. Un ejemplo que nos proporciona esta misma autora basándose en documentos del Instituto Holandés de Documentos de Guerra. En Holanda, el Consejo Judío (Joodsche Raad), al igual que el resto de autoridades holandesas, colaboró con los nazis. Gracias a la actuación de este Consejo judío holandés, 103.000 judíos fueron deportados a campos de exterminio. Sólo se salvaron 519. Sin embargo, 25.000 huyeron de los nazis, y desobedecieron las consignas del Joodsche Raad, ocultándose como pudieron (como Ana Frank, judía alemana refugiada en Holanda, aunque ella finalmente fue descubierta). De éstos sobrevivieron unos 10.000. Un 50% de supervivencia. Nada que ver con los que hicieron caso a sus dirigentes como borregos camino del matadero. De estos datos se podrían extraer muchas conclusiones, pero no lo voy a  hacer, pues se escapa del asunto de este post.

Los errores de Hitler

Los errores de Hitler. Imagen de Adolf Hitler
Adolf Hitler

Hitler consiguió, al principio de la guerra unos éxitos militares sorprendentes. Amplió el espacio vital alemán sin pegar un solo tiro. Supo utilizar las técnicas del fanfarrón asustando a países y gobiernos débiles, y a naciones poderosas que no tenían ganas de líos. De esta manera anexionó Austria y Checoslovaquia. Todo ello le proporcionó un prestigio en la guerra como gran estratega. Sin embargo, cometió errores garrafales que llevaron a Alemania a perderla.

El principal fue la Operación Barbarroja, con la invasión de la URSS y la creación de dos frentes. El rápido avance alemán por Rusia, creó inmensos problemas de logística, pues había que abastecer a esas columnas de alimentos, ropa de abrigo, municiones, combustible. Y no fue efectivo, ni mucho menos.

Pero entre errores importantes, menos conocidos, está la manía que le tenía al Me262, el primer caza a reacción de la historia. Todos le decían que este avión debía de ser usado para interceptar las fortalezas volantes que bombardeaban las ciudades e industrias, pero él se empecinó en transformarlos en cazabombarderos y soltar su carga sobre Inglaterra. El resultado fue ridículo.

Lo mismo ocurrió con las V2. En la base experimental de Peenemunde bajo la dirección de Werner von Braun, se había conseguido la fabricación del cohete de largo alcance V1 y posteriormente el mejorado V2, de 14m de altura y un peso de 13 Tm. También se planeó un cohete de corto alcance, para interceptar bombarderos  de 8m y 300kg de explosivos que podían haber parado el incesante castigo al que era sometido Alemania. Se siguió emperrando en usar las V2 y esto dio el mismo resultado que un ataque de 7 fortalezas volantes en un día. ¡Un churro!. No, no era tan buen estratega como él mismo pensaba. Cometió numerosos errores. Los errores de Hitler.

Monte Cassino

Monte Cassino, de Mattew ParkerEn Monte Cassino, el autor Mattew Parker, relata con todo lujo de detalles la batalla más internacional,  donde intervinieron combatientes de diferentes nacionalidades, (neozelandeses, birmanos, australianos, canadienses, americanos, alemanes, italianos, ingleses, franceses, indios, polacos, etc…). En resumen, una auténtica torre de Babel. La batalla tuvo una duración y resistencia alemana inesperadas.

El combate adquirió el nombre del monasterio benedictino de Monte Cassino, 130 km al sur de Roma, que se transformó en una fortaleza, derruida pero inexpugnable.

Una batalla que tuvo que librarse centímetro a centímetro debido a la dificultad de la orografía. El avance aliado fue lento y con un grandísimo número de bajas. Los alemanes aparentemente derrotados se atrincheraron en el monasterio resistiendo con una valentía prodigiosa.

Un beso de ¿pasión? (y de alivio) en Times Square

Un beso de ¿pasión? (y de alivio) en Times Square

El fotógrafo

El beso de Times Square. Alfred Eisenstaedt
El fotógrafo. Alfred Eisenstaedt

Alfred Eisenstaedt fue un fotógrafo nacido en Alemania, en el oeste de Prusia (actualmente Polonia) en 1898 que salió por patas de su país en 1935 espoleado por las malas praxis del régimen nacionalsocialista, pues Eisenstaedt procedía de familia judía.  Fue autor de la fotografía del beso en Times Square (Nueva York) entre un apasionado y emocionado marinero y una más recatada enfermera, a la que, sea dicho de paso, parece que le pilló de sorpresa la fogosa actuación del marino. Eisenstaedt se había nacionalizado americano y vivía en la ciudad de los rascacielos. Solía salir a la calle con su cámara Leica M3, como buen fotorreportero de vocación que era. El día 14 de agosto de 1945 (el V-J Day, Día de la Victoria sobre Japón), cuando el Japón se rindió después de sufrir en sus propias carnes la explosión de sendas bombas atómicas que se llevaron por delante varias decenas de miles de vidas de forma instantánea (más las que fallecieron en los meses y años subsiguientes a consecuencia de espantosas quemaduras y de la radiación subyacente), la gente se echó a la calle en las ciudades americanas para celebrar el fin de la guerra. El fotógrafo captó varias imágenes del acontecimiento y de la felicidad reflejada en el rostro y en la actitud de la gente, que por fin se había liberado de una pesadilla que ya duraba largos años.

Los protagonistas del beso de Times Square

Los protagonistas del beso de Times Square

Una de las fotografías de Eisenstaedt fue la que representa a una pareja que no se conocía entre sí y que se besaba apasionadamente. O mejor, él besaba con arrebato a ella. Él, marinero. Ella, enfermera. Ninguno de los tres protagonistas (fotógrafo incluido) no lo sabían en ese preciso instante, pero la imagen se convirtió en un icono de la Segunda Guerra Mundial, el que representa más que ningún otro la alegría y el alivio por la conclusión del conflicto más cruel y destructivo que vieron jamás  los tiempos.

El marinero

Los protagonistas más probables del hecho fueron el marinero del destructor USS The Sullivans, George Mendonça, que salía del Radio City Music Hall acompañado de su novia Rita. No sabían nada del revuelo que se habia organizado en la calle hasta que algún alborozado viandante les comunicó que la guerra había terminado. George ya no tendría que volver al frente del Pacífico, donde había combatido. Entusiasmado por la sensacional noticia, decidió celebrarlo a su manera, y lo que le salió del corazón fue darle un sonoro beso, de pasión (y de alivio también) a la primera enfermera a la que echase el ojo. Sin importarle lo que pensase Rita. Lo hizo para agradecer el sacrificio de las enfermeras en la guerra. Parece que Rita no se lo tomó demasiado a mal (debía conocer lo impulsivo que era su George), pues posteriormente se casaron, fueron felices y comieron perdices, como aseguran los finales de los buenos cuentos infantiles y no tan infantiles.

La enfermera

Los protagonistas del beso de Times Square en los años 40

La enfermera receptora del beso (nunca sabremos a ciencia cierta el porcentaje de reciprocidad, si es que la hubo) de pasión, agradecimiento y alivio del marinero Mendonça fue Greta Friedman, que a la sazón tenía 21 añitos. Ella misma relata el fugaz encuentro con el joven marino:

«era ayudante de un dentista, por eso vestía de enfermera. Aquella mañana, salí a desayunar y decidí acercarme a Times Square; de repente, un marinero me agarró de la cintura y, sin decirme nada, me besó. El tipo simplemente se acercó y me agarró; no fue mi elección que me besaran y, por supuesto, el beso no fue nada apasionado, ni romántico«.

(Versión recogida del libro La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos, de Juan Eslava Galán)

Las imágenes parecen desmentir a la enfermera Greta, pero si ella lo dice…Otra cosa: Greta era ciudadana norteamericana, judía de origen austriaco. Sus padres murieron en el Holocausto.

Después del beso

Tras el beso no se volvieron a ver, hasta que la revista Life los reunió, ya ancianos, en 2012. Pero la magia del momento ya no existía, pues las circunstancias habían cambiado por completo. Ni los protagonistas eran los jóvenes llenos de vida de antaño, ni acababa de terminar la guerra de las guerras. Eran, siempre lo fueron, dos desconocidos que coincidieron durante unos pocos segundos en un día muy especial. En el mismo lugar y a la misma hora había un fotógrafo. Todo este cúmulo de factores alumbró uno de los iconos del siglo XX. ¡Y sin haberlo preparado, nos ha salido un pareado! ¿O es que Eisenstadt les pidió que posaran de esta guisa, sabiendo que la foto sería tan trascendental? Pues mire usted que lo dudo mucho, pero torres más altas han caído…

Hubo más candidatos a protagonistas del hecho, como Glenn McDuffie y la enfermera Edith Shain, pero son Mendonça y Friedman quienes se llevaron el gato al agua en esto del beso de Times Square.

El encuentro entre Eisenstadt y Goebbels

Alfred Eisenstadt también fotografió a otros personajes (la maravillosa Marilyn Monroe incluida), como fotógrafo de la revista americana Life. En 1933, durante una reunión de la  Sociedad de Naciones en Génova, captó dos imágenes de Joseph Goebbels, en las que el ministro de Propaganda nazi aparece con un semblante tan diferente como la noche y el día. En una se le ve sonriente y agradable (dentro de un orden, eso sí), y en la otra con una expresión de odio reconcentrado y ganas de matar a alguien. Las dos instantáneas fueron tomadas con pocos minutos de diferencia. ¿Qué había pasado entre una y otra? Algo muy simple. Goebbels no sabía en la primera que el fotógrafo que le inmortalizaba era judío, y por eso mostraba su sonrisa más seductora. En la segunda, alguien de su séquito se lo había soplado. La mirada de rencor del nazi lo dice todo. No hay más que verle…

El beso de Times Square. Goebbels antes y después de saber que el fotógrafo Eisenstadt era judío
Goebbels antes y después de saber que el fotógrafo Eisenstadt era judío

El infortunio del USS Indianapolis

El USS Indianapolis

El USS Indianapolis fue un crucero pesado (de gran autonomía y tonelaje) de la marina norteamericana, el orgullo del presidente Roosevelt. Cuando fue botado el 7 de noviembre de 1931 nada hacía presagiar la tragedia y el infortunio que acabaría con él y con gran parte de su tripulación. Pero en su tiempo representaba la más alta tecnología en el sector naval. Desplazaba 9950 toneladas y medía 610 pies de eslora (largo) y 66 de manga (ancho). La tripulación estaba constituida por 1269 personas que incluían oficialidad y marinería. Podía alcanzar una velocidad de 32,7 nudos (unos 60 km/hora).

El presidente Roosevelt eligió al USS Indianapolis como su nave de Estado y viajó en él en algunos viajes oficiales. A comienzos de diciembre de 1941, el navío estaba fondeado en Pearl Harbour, pero antes del ataque japonés del día 7 de este mes, salió de puerto para realizar unas maniobras rutinarias. En este post no vamos a entrar en la polémica de si los EEUU sabían que iban a ser atacados por el imperio nipón por lo que ya tenían la excusa perfecta para involucrarse de lleno en el conflicto contra las potencias del Eje. Pero lo cierto es que el USS Indianapolis salió de najas y en tiempo récord del puerto hawaiano. A partir de la declaración de guerra contra los japoneses, el crucero realizó numerosas misiones, participando en el bombardeo masivo de la isla de Okinawa en marzo de 1945 junto a otros muchos buques de la Armada norteamericana, que dejaron la isla japonesa hecho un queso de gruyere. Además logró derribar 6 aviones japoneses con sus potentes defensas antiaéreas. Pero en la misma batalla de Okinawa sufrió el ataque de un kamikaze japonés que se llevó por delante a 9 marineros e hirió a otros 26. Además el bombazo suicida ocasionó un grave deterioro estructural en el navío, por lo que fue remolcado hasta la isla Mare, en Nueva Caledonia, donde se le practicaron las pertinentes reparaciones. A finales del mes de abril, ya estaba dispuesto para volver a las andadas. Pero esta vez las andadas se salieron de madre, pues el USS Indianapolis dejó de combatir. Se le asignó en cambio una misión que le hizo participar en una catástrofe inédita hasta el momento en la prodigiosa historia de la Humanidad: transportar las piezas de mayor tamaño de las bombas atómicas (o de sólo de una de ellas, información que depende de la fuente consultada) desde San Francisco, en la costa oeste de los EEUU hasta la isla de Tiniam, en el archipiélago de las Marianas. Ya conocemos la brutal tragedia que desencadenaron estas bombas en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, pero no nos vamos a ocupar de ello ahora, sino del destino final del USS Indianapolis. Las piezas de las bombas nucleares se descargaron en Tiniam el 26 de junio sin incidentes dignos de destacar. Poco después, el crucero recibió la orden de dirigirse a Leyte (en las islas Filipinas) para realizar un ejercicio rutinario junto con otro buque de guerra, el USS Idaho.

Pero por razones que nadie alcanza a comprender, o quizás por exceso de confianza, el crucero avanzaba a medianoche del día 29 de julio sin escolta. Las autoridades de la Armada consideraron que el mar en esa zona estaba limpio de japoneses. Y he aquí que fue alcanzado por los torpedos de un submarino japonés, el I-58, cuyo capitán no podía creer lo que veían sus ojos a través de su periscopio: ¡el USS Indianapolis a tiro! El crucero había sido cazado y hundido, gracias al despiste americano y a la pericia del comandante japonés, Mochitsura Hashimoto. Y eso a pocas semanas del final definitivo de la guerra en el Pacífico, pero antes del estallido de las bombas nucleares.

Superviventes del USS Indianapolis a su llegada a la isla de Guam

Aquí viene lo peor del asunto, pues con el hundimiento del USS Indianapolis fallecieron casi en el acto 350 marineros, que podemos decir que tuvieron la fortuna de morir en ese instante, pues la suerte de los supervivientes no fue para dar envidia. Los 800 tripulantes que habían sobrevivido al ataque japonés se encontraron flotando en medio del océano rodeados de tiburones. Los hambrientos animalitos, ante la perspectiva de tan pantagruéiico festín, fueron incrementando su número a medida que pasaban las horas. La sangre de los marineros que sirvieron de almuerzo a los escualos que andaban por allí a primera hora, hizo de efecto llamada para más y más tiburones. Algunos marineros habían logrado fletar botes de goma y otros llevaban simplemente chalecos salvavidas. Ante el infierno desatado en el mar y la presencia de tanto tiburón suelto, muchos intentaron subirse a los botes, que volcaron, para regocijo de los hambrientos escualos. Además, por si esta molesta presencia no bastase, el hambre y la sed castigaron también sin descanso a los infortunados marineros. El rescate de los posibles supervivientes se demoró cinco días, tiempo más que suficiente para que los tiburones dieran buena cuenta de unos 500 tripulantes. Lo extraño es que hubiese supervivientes del ataque de los tiburones, que por cierto, no eran blancos, como el de la célebre peli de Spielberg, sino algo más pequeños, pero igual de mortíferos. Por cierto, uno de los que sobrevivieron al hundimiento y posterior ataque de los tiburones fue el marinero Quint, el protagonista de la novela que inspiró el film del director de Indiana Jones. Tras varios días de agonía, desesperación y locura, el 2 de agosto fueron localizados por un avión cuyos pilotos, sin poder crédito a sus ojos por el desastre que contemplaban en el mar, no pudieron hacer otra cosa que lanzar víveres y una lancha de goma a los náufragos, y tan pronto como les fue posible, informar de lo sucedido. Para entonces suponemos que los tiburones andaban haciendo enormes esfuerzos por digerir todos los cuerpos que habían engullido en tan insólito golpe de suerte. Golpe de suerte para ellos, sin duda. Desgracia para los marineros, obviamente.

Mochitsura Hashimoto, el comandante japonés que hundió el USS Indianapolis
Mochitsura Hashimoto
El capitán del USS Indianapolis, Charles McVay
Charles McVay

En el rescate final participaron hasta cinco navíos, que sólo pudieron recoger vivos a unos 315 marineros (los números varían ligeramente según las fuentes), entre ellos al capitán del barco, Charles Butler McVay. El pobre hombre, que había sobrevivido al ataque de los tiburones, no pudo con otros similares de dos patas, pues fue juzgado por negligencia, por cometer errores que costaron la vida de sus hombres y del USS Indianapolis, material sensible propiedad del Estado. El comandante nipón del I-58, Mochitsura Hashimoto, participó como testigo de cargo en el juicio del capitán McVay. Finalmente, McVay fue rehabilitado y ascendido a contraalmirante, retirándose en 1949. Se suicidó en 1968, víctima de una enfermedad depresiva causada por tan traumática experiencia. El causante de todo este desaguisado, Mochitsura Hashimoto ingresó en un santuario sintoísta tras la guerra y el juicio de McVay (diciembre de 1945), lugar de paz donde quiso saber ya poco del mundo. Falleció en Kyoto el 25 de octubre de 2000 con 91 años.

 

 

 

 

Gestapo

gestapoOtra novela de Sven Hassel caracterizada por la diversidad de ambientes y el hallazgo de situaciones (que pasan de la mas refinada crueldad al humor mas fino).

Una anciana ajena a toda actividad política, es detenida y ahorcada. La 5ª Compañía, ya conocida de otras novelas de Sven Hassel vengan a la anciana.

El Bello Paul, jefe del grupo de la Gestapo, hombre elegante trajeado siempre de oscuro, con una flor en el ojal, siniestro personaje de inolvidable recuerdo, se enfrenta con tortuosa habilidad a las dificultades que se le crean.

El pianista, de Roman Polanski

El pianista de Roman Polanski es una película dirigida en el año 2002 por este director polaco nacido en París en 1933 con guión adaptado basado en las memorias del pianista polaco de origen judío Władysław Szpilman. El papel protagonista lo interpretó magistralmente Adrien Brody. La película narra las peripecias de Szpilman, quien vivía en Varsovia con su familia de clase media, hasta que su convivencia se truncó definitivamente con la invasión de Polonia por los nazis en 1939. Szpilman evitó la deportación con ayuda de amigos judíos (Ithzak Heller, policía del gueto judío y amigo de la familia) y no judíos, como la cantante Janina y el actor Andrezj, su marido; Marek, miembro de la Resistencia polaca; Dorota, antigua admiradora, y su esposo Michal; y Atek Szalas, antiguo técnico de Radio Varsovia y miembro también de la Resistencia. Pero no puede evitar perder a su familia cuando es separado de ella. No los volverá a ver.

El pianista de Roman Polanski
Władysław Szpilman interpreta el Nocturno de Chopin para el oficial alemán Wilhelm Hosenfeld

El pianista Szpilman vivió escondido y aislado durante años, cambiando constantemente de escondite, asustado y viviendo en constante sobresalto, pasando mil y una calamidades. A destacar la intolerable soledad del protagonista que la película transmite en todo momento y los instantes de infinito terror cuando está a punto de ser descubierto. Una de las mejores secuencias del film es la escena en la que Władysław Szpilman es descubierto en su escondite del desván de una casa abandonada en Varsovia por un melómano oficial de la Wehrmacht, Wilhelm Hosenfeld (interpretado por Thomas Kretschmann en la película), gran amante de la música. Hosenfeld, que había sido profesor en su juventud, a pesar de saber que Szpilman es judìo, decide ocultar su presencia a sus compañeros y le hace llegar alimentos durante unas semanas. El alemán llegó a pedir al músico polaco que interpretase alguna pieza en un piano que se encuentra en una de las estancias de la vivienda. Szpilman, con las manos entumecidas por el frío, el hambre, la deseperación y la falta de costumbre, toca «Nocturne» de Chopin.

Hosenfeld cayó prisionero de los soviéticos. Fue sentenciado a 25 años de trabajos forzados por crímenes de guerra por el mero hecho de ser oficial alemán y murió enfermo en un campo de concentración en la URSS en 1952. A raíz de la publicación de las memorias de Szpilman, se le reconoció su labor humanitaria, que había consistido en ayudar en lo que buenamente pudo a polacos judíos y no judíos para no caer en manos de la Gestapo y las SS.

En cambio, Szpilman sobrevivió a la guerra y a su propia agonía, volviendo a la ocupación que tenía antes de la guerra como pianista de Radio Varsovia. La película es un retrato demoledor del infierno que pasó este hombre, que logró sobrevivir incluso al hambre y el frío extremos que le atormentaron durante numerosas fases de su atroz aventura en solitario. El pianista de Roman Polanski es sin duda alguna, una de sus mejores películas. Si no la mejor…

El pianista de Roman Polanski

En 2002 ganó los Óscar a mejor director (Polanski), mejor actor (Brody) y mejor guión adaptado y la Palma de Oro en el Festival de Cannes, además de recibir diferentes nominaciones en estos y otros certámenes. Es una gran película en la que Polanski ambienta con gran veracidad y realismo el guetto de Varsovia. Intenta mostrar la crueldad nazi y la supervivencia de los judíos con cierta objetividad e incluso frialdad desasosegante. Polanski sufrió el Holocausto judío, al que sobrevivió. En cambio, su madre falleció en Auschwitz.

Hitler y Eva Braun Un amor maldito

Hitler y Eva Braun, un amor malditoEl libro Hitler y Eva Braun, un amor maldito revela un Hitler distinto al que estamos acostumbrados a ver en todos los estudios de la 2 Guerra Mundial. El hombre enamorado de una joven bávara, que nos parece más humano. Por otro lado el personaje de Eva es el de mujer sumisa en la sombra, perdidamente enamorada de su líder, de su dios.

Solo los altos funcionarios del partido nazi y algunos familiares y amigos conocían este amor.

Adolf Hitler se casa con Eva Braun unas horas antes de suicidarse los dos, dando a su amor un final Wagneriano de tragedia.

Nerín E.Gun emprendió una tarea de investigación que le llevó a la conclusión de este libro intencionalmente revelador.

La masacre del bosque

Katyn, la masacre del bosque. Cartel de la película
Cartel de la película

Katyn es una película polaca dirigida en 2007 por el prestigioso director de cine polaco Andrzej Wajda. Narra la angustiosa historia de varias familias que perdieron a sus seres queridos en la masacre del bosque de Katyn, oficiales polacos de los que podemos ver sus últimos momentos antes de ser ejecutados. El padre del propio director fue uno de los 22000 oficiales polacos ejecutados (las cifras de muertos varían de unas fuentes a otras) en la primavera de 1940 por orden expresa de Stalin. Habían sido capturados en septiembre de 1939 cuando los soviéticos invadieron la parte de Polonia que habían pactado en el reparto del país con los alemanes. Los soviéticos siempre culparon de la matanza a los alemanes, una culpa que los nazis siempre negaron. Rusia sólo reconoció la autoría de este horrendo crimen en 1990.

La película contiene momentos muy dramáticos como el instante en que los prisioneros son ejecutados de un tiro en la nuca delante de una fosa repleta de cadáveres de sus compañeros o en un cuarto con las paredes y el suelo llenos de sangre de los ajusticiados instantes antes. Otra escena de gran calado es la detención de los catedráticos y profesores de la universidad de Cracovia por los alemanes, quienes se los llevan a un campo de concentración, donde serán posteriomente ejecutados. La angustia de las familias protagonistas subyace a lo largo y ancho de la cinta, que esperan recuperar la memoria de sus maridos, padres, hijos y hermanos. Familias que también tuvieron que soportar las mentiras de los soviéticos, quienes echaron la culpa siempre a los nazis, cuando ya en toda Polonia se sabía que no había sido así. La película nos muestra también filmaciones reales de la época de la apertura de las fosas de Katyn y como desentierran los cadáveres de los allí ejecutados para su identificación.

Katyn, la masacre del. El director Andrzej Wajda
El director Andrzej Wajda

Está narrada con el habitual buen pulso de Wajda, galardonado en el año 2000 con un óscar honorífico por su contribución a la historia del cine. Katyn y otra de sus películas, El hombre de hierro. fueron nominadas a los premios de la Academia de los Óscar a la mejor película de habla no inglesa. El hombre de hierro obtuvo en 1981 la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes.

Andrzej Wajda estuvo muy implicado con el sindicato Solidaridad fundado por Lech Walesa, lo que le valió la ilegalizaciòn de su productora de cine por el gobierno polaco. El director de cine falleció el 9 de octubre de 2016.