Ernst Toller (1893-1939)

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Ernst Toller nació en el seno de una familia de empresarios judíos de la ciudad de Szamocin, en la Prusia oriental. Comenzó a estudiar Derecho en Grenoble, pero abandonó los estudios y se presentó voluntario para participar como soldado en la Primera Guerra Mundial. Participó en la sangrienta batalla de Verdún. Fue ascendido y condecorado varias veces por méritos de guerra hasta que en 1917 sufrió un colapso físico y psíquico, con lo que perdió sus aptitudes para el servicio militar, siendo enviado a retaguardia. Volvió a estudiar tras la guerra, integrándose en Munich en el ambiente cultural de la ciudad, contactando con intelectuales como Thomas Mann y Rainer Maria Rilke. Ingresó en el Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, del cual llegó a ser presidente. Participó activamente en la Revolución de Noviembre de 1918 y en la República Soviética de Baviera. Fue condenado a 5 años de prisión cuando fracasó la experiencia bávara. En la cárcel escribió sus primeros poemas y algunas piezas de carácter expresionista, como la tragedia antibélica Hinkemann y el drama social El hombre masa (1921). Se le prohibió la entrada en Baviera, instalándose en Berlín, donde colaboró en proyectos culturales vanguardistas. En 1931 visitó España durante la proclamación de la República y en 1932 se trasladó a Amsterdam con su compañera, la actriz berlinesa Christiane Grautoff. Los nazis inscribieron a Toller en la lista de escritores proscritos cuando tomaron el poder, por lo que ya no regresaría a Alemania nunca. En 1935 viajó a la URSS y se instaló definitivamente en EEUU. Realizó una intensa labor de denuncia del fascismo europeo en conferencias y artículos. Volvió a España en 1936, cuando había estallado ya la guerra civil. A raíz de su visita a la Península, organizó campañas para ayudar a la población civil española. En 1939 publicó en inglés su última obra dramática, en la que un pastor protestante se enfrentaba a Hitler, y que Toller tituló Pastor Hall. El 22 de mayo de ese mismo año, Toller estaba sumido en una gran depresión, convencido de que el fascismo triunfaría en el mundo, por lo que se suicidó en Nueva York. La victoria de Franco en España fue uno de los desencadenantes en su decisión final, aunque no vio como los nazis invadían Polonia y encendían la mecha de la Segunda Guerra Mundial. Su muerte causó una fuerte conmoción entre los exiliados alemanes.

Toller fue un escritor con un fuerte compromiso político. Era conocido como «el escritor partisano».

La I.G. Farben

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El edificio de la central en Frankfurt de la IG Farben durante el Tercer Reich

La operativa en lugares tan siniestros como Auschwitz para conseguir un más eficaz exterminio de seres humanos fue dirigida y mejorada por la I.G. Farben, entre otras grandes empresas alemanas, como Krupp Werke o Siemens-Schuckert Werke. Estas compañías también establecieron plantas cerca de los campos de muerte de Lublin. Los oficiales de las SS y los hombres de negocios de las empresas eran excelentes. Pero las condiciones de trabajo eran extremas, pues estaban ideadas para matar como consecuencia del durísimo trabajo realizado por los condenados. Murieron al menos 25000 judíos de los 35000 que trabajaron en una de las plantas de I.G. Farben.

Esta compañía fue la empresa química más importante del mundo durante el régimen nazi. El nombre de Interessen-Gemeinschaft Farbenindustrie AG estaba detrás de una red de más de 500 compañias distribuidas en 90 países. Mientras la compañía dirigió el exterminio en masa durante el Tercer Reich, se preparaba para sobrevivir en un mundo sin Hitler. De hecho, en la actualidad, las principales empresas sucesoras de IG Farben son AGFA, Bayer, BASF, Hoechst (parte de Sanofi-Aventis) y Pelikan.

Un tribunal militar norteamericano de Nuremberg condenó en 1948 a diferentes penas de prisión a trece altos ejecutivos de la IG. Farben, condenados por dedicarse al crimen y al saqueo. No obstante, doce años después, muchos de ellos volvían al tajo y se hallaban de nuevo en altos puestos ejecutivos en la compañía, sus sucursales o en la competencia. Pongamos varios ejemplos. Fritz ter Meer fue el responsable directo de la fabricación de gas venenoso. Además experimentó con internos en Auschwitz. Meer regresó pasados unos años a su puesto de presidente de la Bayer Leverkusen, filial de la I.G. Farben, y que había formado parte del conglomerado de compañías de la firma. Otto Ambros, había sido director de la factoría de la I.G. Farben que trabajaba en Auschwitz con mano de obra esclava; además fue presidente del comité de la guerra química con Hitler. Cuando Ambros salió de prisión, le esperaba un suculento cargo directivo en dos compañías asociadas a la I.G. Farben, Scholven Chemie AG y Feldmuehle Papier AG. Heinrich Bütefisch fue jefe de producción en una fábrica del grupo que empleaba mano de obra esclava y además coronel de las SS. Fue condenado a seis años de prisión por un tribunal militar estadounidense, pero quedó en libertad en cuanto la República Federal Alemana (RFA) pudo ocuparse de sus asuntos sin control ajeno. Bütefisch fue presidente del cuadro de directores de la Ruhrchemie AG, otorgándole el presidente alemán federal, Lübke, la Gran Cruz Federal en 1964. Estas prebendas concedidas por el gobierno de la Alemania Occidental fueron concedidas a estos miembros del gran monopolio químico de la etapa nazi, para compensar quizás los años que pasaron en prisión. El pasado nazi era muy complicado de erradicar, en todos los niveles de la vida social, política y económica alemana de la RFA en las décadas posteriores al final de la guerra..

Operación Heyde, la «muerte por compasión»

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El doctor Heyde, durante una detención que se le practicó el 12 de noviembre de 1959

El Doctor Werner Heyde certificó que determinadas personas no estaban en condiciones de continuar su existencia, dentro de programa nazi de eutanasia. Heyde comenzó su trabajo en 1939. El objetivo del programa «matar por compasión» era el exterminio de personas accidentadas o presuntamente afectadas por enfermedades mentales. El programa incluía la elimininación física de los niños subnormales. Una vez clasificadas y registradas estas personas, pasaban por la cámara de gas de una de las cinco estaciones preparadas a tal fin. En aquellos primeros momentos de ejecución por gas, éste se administraba de forma muy torpe, sin llegar a la sofisticación alcanzada cuando se puso en marcha la Solución Final de la cuestión judía desde 1942. A los parientes de las víctimas de la «muerte por compasión» se les enviaban notificaciones lamentando el fatal resultado de alguna intervención quirúrgica menor o se referían a repentinas indisposiciones o enfermedades que se habían llevado  a la tumba al ser querido.

La selección de candidatos para este programa de eutanasia «obligatoria» se hacía a través de un cuestionario. Antes de las Navidades de 1940, y en un plazo de dos semanas escasas, Heyde recibió 2209 casos de retrasados mentales para darles su visto bueno. En estos cuestionarios había que especificar si el «candidato» sufría «debilidad mental» o enfermedades seniles y algo muy importante, si poseía la nacionalidad alemana o estaba emparentado con alemanes. Había preguntas relacionadas también con la raza. A través de estos cuestionarios, hubo seleccionados judíos, negros y gitanos, que fueron gaseados por ser considerados mentalidades inferiores. A partir de la Solución Final, estos miramientos dejaron de existir: los ejecutados lo eran por ser judíos o gitanos, sin importar asuntos «tan nimios» como los de la debilidad mental.

Este operativo fue conocido en los campos de concentración como «Operación Heyde». En las declaraciones de los Juicios de Nuremberg, hubo testigos que aseguraron que Heyde, al frente de una comisión compuesta por psiquiatras, visitaba periódicamente los campos de concentración y apartaba inmediatamente a los prisioneros que no eran aptos para el trabajo duro. Estos recibían un certificado médico de «demente incurable» y eran enviados a Mauthausen para ser gaseados.

Heyde no fue arrestado definitivamente hasta el 13 de febrero de 1964 (anteriormente lo fue en alguna otra ocasión), como consecuencia de las protestas presentadas por algunos alemanes occidentales que debían poseer un estricto sentido de la justicia y que deseaban aclarar todos los aspectos que se pudiesen de aquel oscuro episodio de la historia de Alemania, el Tercer Reich. Pero Heyde algo debía saber que algunos antiguos nazis bien posicionados ahora en la nueva República Federal Alemana no quisieron que declarase, puesto que el doctor de la eutanasia se ahorcó, según la versión oficial, en una celda de la máxima seguridad, pocos días antes de la apertura de su juicio.