Walter Benjamin (1892-1940)

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Walter Benjamin nació en el seno de una acomodada familia judía de Berlín. Con 20 años se trasladó a Friburgo para estudiar Filosofía, Filología alemana e Historia del Arte. Estudió en otras universidades, como Berlín, Munich y Berna y finalmente se doctoró en esta última en 1917 con la tesis «El concepto de crítica de arte en el Romanticismo alemán». Durante la mayor parte de la Primera Guerra Mundial vivió en Suiza, donde se casó en 1917 con Dora Kellner, de quien se separaría en 1930. Se dedicó a la investigación con el ánimo de concursar por una cátedra en la Universidad de Frankfurt, aunque finalmente tuvo que retirar su candidatura pues se le advirtió en los medios universitarios por utilizar «estilo y metodología poco convencionales». En 1925 se estableció en Berlín donde comenzó a escribir artículos, críticas, ensayos, además de traducir a autores franceses como Baudelaire y Proust. Su relación por estos años con la directora y actriz de teatro letona Asja Lacis, le llevó a mostrar cada vez más interés por el marxismo. En 1926 visitó a Asja en Rusia y escribió el Diario de Moscú, en el cual mantuvo una actitud dubitativa respecto al régimen soviético. De nuevo en Berlín trabajó en radio y prensa y colaboró con Bertold Bretch, escribió relatos, ensayos culturales y sociológicos y publicó en 1928 El origen del drama barroco alemán y Calle de dirección única, una colección de aforismos y fragmentos filosóficos. Vivió en Francia y en Ibiza, donde coqueteó con las drogas. En 1933 se exilió a París cuando los nazis ocuparon el poder en Alemania. En la capital francesa sufrió penurias pero continuó una ingente labor productiva, escribiendo El libro de los Pasajes, Crónica de Berlín y Infancia en Berlín hacia 1900 (las dos últimas autobiográficas), publicando en 1936 su famoso ensayo La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. En 1939 pasó en un campo de concentración tres meses. Poco después quiso abandonar Francia con la intención de escapar a EEUU, pero no pasó de Portbou, en la frontera con España. Esperando el visado y ante la amenaza de ser entregado a los nazis, se quitó la vida el 27 de septiembre de 1940 con una sobredosis de morfina.

Benjamin publicó más de 200 colaboraciones de diferentes temas en diarios y revistas como Frankfurter Zeitung, Vossische Zeitung o Neue Schweizer Rundschau. Fue filósofo, sociólogo, historiador y teórico de la literatura, pero en lo que más destacó fue en una faceta periodística en la que logró la innovación formal de unos textos que van desde lo poético a lo periodístico, pasando por lo filosófico. Un ejemplo de estas breves piezas en prosa son las Denkbilder (imágenes de pensamiento).

El Alto Cuartel del Führer y sus ocupantes

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El «Alto Cuartel del Führer» era el búnker de Hitler en Berlín. Contenía la «suite» privada del dictador, su cuarto de baño, el alojamiento de sus perros, el dormitorio y las habitaciones que compartía con Eva Braun; los alojamientos de los criados; una clínica con quirófano; el estudio de Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda; una centralita telefónica y un largo corredor central.

Bormann, tan meticuloso siempre, confeccionó una lista de los ocupantes del búnker al comienzo de la Batalla de Berlín. Esta lista fue utilizada después en la caza de nazis posterior a la caída de la capital alemana y sirvió como pretexto de acusaciones mutuas entre soviéticos y occidentales de ocultarse información sensible respecto al asunto de los nazis escapados. En la lista de Bormann figuraban los siguientes personajes: Eva Braun; Blondi, la perra alsaciana de Hitler; el doctor Stumpfegger, médico personal de Hitler; el dr. Goebbels y familia (esposa y seis hijos); Fräulein Manzialy, cocinera vegetariana (Hitler era vegetariano asímismo); Heinz Lorenz, del Ministerio de Propaganda; el Delegado de Martin Bormann, Zander; el cuñado de Eva Braun, Hermann Fegelein; el coronel Nicolaus von Below, oficial de enlace de Hitler; el almirante Voss, oficial de enlace de Ribbentrop, ministro de Exteriores; el comandante Willi Johannmeier, ayuda de campo de Hitler; dos pilotos, Hans Bauer y George Beetz; Werner Naumann, de Ministerio de Propaganda; el general Burgdorf y su ayudante, el teniente coronel Weiss; el general Hans Krebs, jefe de Estado Mayor; el comandante Bernd von Freytag-Loringhoven, ayudante de Krebs; y por último un oficial ordenanza que posteriormente describió el ambiente de aquellos últimos días del régimen nacionalsocialista, el capitán Gerhard Boldt.

¿Qué fue de ellos? Hitler, Eva Braun y la familia Goebbels se suicidaron (a los hijos más bien, «los suicidaron» con cápsulas de cianuro). Stumpfegger resultó muerto al intentar fugarse en el último instante. Nauman, dado por muerto por entonces, años más tarde volvió a dar señales de vida, y fue acusado de promover un movimiento neo-nazi. El piloto Beetz falleció. Hans Bauer fue capturado por los rusos. De hecho, de los que no se suicidaron, pocos escaparon de caer en manos soviéticas. Por ejemplo, Zander, que fue liberado tras el suicidio de Hitler. Lorenz y Johannmeier lograron abrirse paso entre los cientos de miles de soldados soviéticos que ocupaban la zona de Berlín. Zander se convirtió en jardinero bávaro, y logró llegar hasta los escondites de Baviera, llevando consigo copias del último testamento de Hitler.

Por cierto, de Bormann nada más se supo. Su enigma disparó la imaginación de muchos y la invención de las historias más disparatadas sobre su paradero. Hasta 1972, año en el que se descubrieron dos cadáveres enterrados en las inmediaciones de una estación de metro berlinesa. El análisis forense de uno de los cráneos hizo sospechar a los investigadores que se trataba de Bormann. En 1998, a través de técnicas avanzadas de identificación por ADN, fue confiirmado que uno de los cuerpos pertenecía a Bormann. Así que, asunto zanjado: Bormann había muerto poco después de escapar del búnker de Hitler.