Libro «La eternidad de un día:»

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«La eternidad de un día. Clásicos del periodismo literario alemán (1823-1934)» es una antología que recoge algunos de los mejores artículos de los grandes  intelectuales en lengua alemana del siglo XIX y del XX: Karl Kraus, Jospeh Roth, Stefan Zweig, Thomas Mann, Hermann Hesse, Alfred Döblin, Walter Benjamin o Ernst Bloch, entre otros, muchos de los cuales vieron truncadas sus carreras o sufrieron la represión a causa del ascenso al poder del Partido Nacionalsociaista en Alemania. Publicado en mayo de 2016, es una exhaustiva obra antológica cuyo prólogo, selección de textos, notas y traducción ha sido realizada por Francisco Uzcanga Meinecke, licenciado en Filología Germánica y Románica por la Universidad de Tubinga y doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Constanza.

La selección de textos del autor ofrece una excelente muestra del articulismo y la crítica cultural alemanas de entreguerras, enmarcadas en ocasiones dentro del fecundo movimiento expresionista alemán posterior a la Primera Guerra Mundial, cuyos términos de rendición dejaron postrada a la sociedad alemana y que en parte ocasionaron el ascenso del nazismo. El advenimiento del régimen de Hitler se llevó por delante la vida y la obra de muchos de estos autores, muchos de los cuales lograron exiliarse y continuar su producción literaria y periodística. Algunos no volvieron a Alemania y es especialmente emotivo el triste caso de Stefan Zweig, que se suicidó en Brasil en 1942, desesperado al no ver salida a una situación personal extrema causada por los inacabables triunfos militares de los ejércitos del Tercer Reich.

Solly Smolianoff, falsificador de profesión

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Algunos falsificadores liberados el 5 de mayo de 1945. Smolianoff es el primero por la izquierda, en primera fila.

Solly Smolianoff trabajó en el gran proceso de falsificación de papel moneda conocido como Operación Reinhard. Smolianoff era un preso ruso confinado en un campo de concentración, condenado a la cámara de gas por el mero hecho de ser gitano (según William Stevenson en su obra «La Hermandad Bormann»), aunque según otras fuentes era judío. De lo que no cabe duda era de las habilidades que le salvaron la vida. Era un experto falsificador que se especializó en billetes americanos. Los responsables de la Operación Reinhard lo encontraron por pura casualidad en uno de los campos de la muerte.

Smolianoff contó a Scontland Yard y a los investigadores norteamericanos tras su liberación en mayo de 1945 una historia que a priori podía parecer un cuento chino, y que luego resultó ser bastante verosímil, puesto que se encontraron pruebas que respaldaron su historia. Se descubrió la denominada Galería 16, cerca del pueblo de Redl Zipf, que formaba parte de la Fortaleza Alpina nazi en Baviera, uno de los últimos reductos de resistencia nazis en caso de que las cosas se torcieran, como había sido el caso. Dicha galería era un laberinto bajo tierra, repleto de corredores para almacén y talleres. En uno de los túneles se hallaban las prensas y la maquinaria para fabricar los billetes falsos, trasladados allí deprisa y corriendo desde su ubicación original en las cercanías de Berlín. Smolianoff contó que el traslado se efectuó mientras Himmler trataba de salvar el pellejo tratando con los aliados a través del Conde Bernadotte, algo que obviamente no consiguió.

La fábrica de billetes falsos fue descubierta poco después de la muerte de Hitler por varios agentes del servicio secreto norteamericano, quienes se tropezaron de forma fortuita con un camión lleno de billetes falsos en cajas de madera. Parece que el vehículo alemán se hallaba perdido en un camino de la Fortaleza bávara.

Falsificación de dinero aliado por los nazis

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Billetes falsos de la Operación Bernhard

Los nazis montaron todo un sistema de falsificación de billetes de banco aliados. Fueron realizados por prisioneros condenados a muerte cuya ejecución quedó en suspenso mientras durase «el trabajito», que se extendió hasta el final de la guerra. Durante mucho tiempo se pensó que el propósito inconfesable de la falsificación de grandes cantidades de dinero británico era «cargarse» la economía inglesa. La duda sobre la validez del dinero británico entre los aliados y los países neutrales desencadenaría una catástrofe, a juicio de las autoridades nacionalsocialistas. Posteriormente se conoció que el dinero falsificado fue canjeado por dinero válido, algo de lo que se encargaron los agentes de Martin Bormann, a través de bancos ubicados en países como España, Suiza o Suecia.

Los billetes falsos de libras esterlinas fueron utilizados por los nazis para financiar parte de sus operaciones de espionaje, uno de cuyos casos más célebres fue el del espía de la embajada británica de Ankara (Turquía), el famoso «Cicerón», que ganó dinero a espuertas vendiendo documentos «top secret» británicos a los alemanes. Mucho dinero, sí, pero más falso que Judas Iscariote…

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Bernhard Krüeger

Bernhard Krüger, director de un departamento de la Oficina de Seguridad Central de las SS fue quien comenzó la organización de la fabricación de las falsas libras esterlinas. De hecho esta exitosa operación de falsificación se denominó Operación Bernhard. Para ello se reunió a un grupo de técnicos cualificados de gran relieve profesional en un campo del que era imposible escapar, en Sachsenhausen, en las cercanías de Berlín. Allí trabajaron con un cuidado exquisito para lograr el propósito inicial. El papel utilizado para fabricar los billetes falsos procedían de lino puro. Tenían que resistir la minuciosa inspección de un experto. Los trabajos de impresión y grabado se hicieron en unas instalaciones aisladas de las que ninguno de los técnicos pudiese escapar.

Según Walter Schellenberg, jefe de información y contraespionaje alemán, condenado a varios años de prisión en los Procesos de Nuremberg (de los que cumplió finalmente muy pocos), y uno de los implicados en las tareas de falsificación, «Fueron precisos dos años para imitar el papel necesario para los billetes de banco ingleses. Disponíamos de dos grandes fábricas de papel dedicadas exclusivamente a ello. La grabación se complicó por el hecho de que había que descubrir en cada billete 160 marcas de identificación, siendo copiadas luego por los grabadores más diestros». Schellenberg recibió instrucciones concisas, quizás del mismo Martin Bormann para comprar moneda válida con parte de los billetes falsificados. El contable jefe de la operación de falsificación fue un prisionero checo, Oskar Skala, quien tras la guerra aseguró que su equipo producía unos 400.000 billetes al mes.

Fuera como fuere, como consecuencia de la falsificación, el Banco de Inglaterra se vio obligado a retirar de la circulación sus billetes en la mayor parte de las denominaciones, sustituyéndolos por nuevos diseños de 5 libras, que tenían como característica especial un fino nervio metálico que dificultaba al máximo nuevas falsificaciones. Fue una medida a la desesperada que tomó el Gobierno para tratar de terminar con el dinero falso que ya se encontraba en circulación.

Pero el destino real del dinero falso nazi no ha sido jamás revelado en documentos públicos. Se piensa que unos 300 millones de dólares falsos fueron convertidos en moneda de circulación corriente para financiar grupos nazis de postguerra en Oriente Medio y Sudamérica.