Stefan Zweig (1881-1942)

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Stefan Zweig nació en el seno de una rica familia de industriales y banqueros judíos de Viena. Cursó estudios de Filosofía y Filología germánica y románica en la Universidad de Viena, donde se doctoró en 1905. Su excelente posición económica le permitió dedicarse tras finalizar sus estudios universitarios a sus dos pasiones: la literatura y el viajar. Tradujo a autores como Verlaine, Emile Verhaeren o Baudelaire y escribió obras teatrales, varios poemarios y algunas obras en prosa que le convirtieron en un autor de éxito.Viajó además por Francia, España, Argelia, Ceilán y la India. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial trabajó en el archivo militar y en el servicio de propaganda, pero su inicial entusiasmo por la guerra evolucionó progresivamente a posiciones pacifistas. tras la contienda se estableció con su mujer Friderike von Winternitz en Salzburgo, donde escribió la mayor parte de las obras que le hicieron mundialmente famoso: «Carta de una desconocida» (1922), «Amok» (1922), «Miedo» (1925), «Joseph Fouché» (1929), «María Antonieta» (1932), pero sobre todo, «Momentos estelares de la humanidad» ((1927). En esta época compaginó estos éxitos editoriales con más periplos a través de la URSS, Italia o Sudamérica. Pero todo cambió con el ascenso al poder del nazismo. En 1934 su casa fue registrada por la policía de Hitler, Amenazado por su doble faceta de judío y pacifista, algo imperdonable en la Alemania del Tercer Reich, se exilió en Londres, donde continuó una fecunda carrera intelectual. Continuó publicando biografías, novelas, ensayos, artículos de prensa y sobre todo alumbró su magistral autobiografía «El mundo de ayer», redactada entre 1939 y 1940, y publicada en 1942.

La desesperación que le ocasionaron los triunfos militares nazis en Europa le llevaron a buscar refugio en América con su nueva mujer, Charlotte Altmann (se separó en 1938 de Friderike). En primer lugar vivió en Nueva York y poco después en Petrópolis (Brasil) donde publicó su novela «Novela de ajedrez» (1942), Convencido del triunfo de Hitler, Zweig y su esposa se suicidaron por ingestión de barbitúricos el 22 de febrero de 1942.

Sweig no ejerció la religión judía, pues pensaba que «Mi madre y mi padre eran judíos solo por un accidente de nacimiento».

Alfred Polgar (1873-1955)

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Alfred Polgar nació en el seno de una familia judía de origen húngaro y eslovaco. Sus padres dirigían una escuela de música en Viena. Alfred comenzó en 1895 su carrera periodística como reportero de tribunales y cronista parlamentario en el Wiener Allgemeine Zeitung. Pronto se hizo cargo de la crítica teatral. Compuso obras humorísticas para el cabaret Fledermaus. Polgar amplió su colaboración a otras publicaciones, como el semanario Schaubühne de Berlín. Agrupó los artículos y demás piezas de prosa escritos hasta el momento en un tomo denominado Bewegung ist alles en 1909. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, fue destinado al archivo militar junto a otros escritores de la talla de Stefan Zweig y Robert Musil. Aún así continuó sus colaboraciones en prensa. Una vez finalizado el conflicto, comenzó a dirigir la sección feuilleton (género dramático de ficción) del recién fundado Neuer Tag. En 1925, trasladado a Berlín comenzó a escribir para Berliner Tageblatt y Weltbühne, pero continuó colaborando con la prensa de Viena, Praga y Budapest. A raíz de la Noche de los Cristales Rotos (9-10 de noviembre de 1938), huyó de Berlín con su mujer Elise Loewy a Praga, después a Viena, Zurich y París, donde se integró en la Asociación de Emigrantes Austriacos. Ante la amenaza de invasión nazi de Francia, se exilió en los Estados Unidos, donde trabajó en Hollywood como guionista en la productora de cine Metro Goldwyn Mayer. Posteriormente en Nueva York tradujo piezas de teatro norteamericanas. Tras la guerra volvió a Europa, concretamente a Zurich donde reinició sus tareas periodísticas. Murió en esta ciudad suiza en 1955.

Polgar ha pasado a la historia de la Literatura como «el maestro de la miniatura», unas miniaturas que reflejan los rasgos propios del lenguaje de los judíos vieneses del período final del Imperio Austrohúngaro.

“Las frases de Alfred Polgar son tan fluidas y agradables que acogemos sus textos como una especie de entretenimiento social inofensivo, y no nos percatamos de cómo nos influyen y educan. Bajo el guante frío de la forma se esconde una voluntad esencial fuerte e intrépida.”

Franz Kafka

Alfred Kerr (1867-1948)

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Alfred Kerr, cuyo verdadero apellido era Kempner, era hijo de un rico comerciante de vinos judío de Breslau, Silesia, donde dio comienzo a sus estudios de Filosofía y Filología alemana, que simultaneó con su actividad como articulista en prensa. Finalmente se matriculó en la Universidad de Berlín, donde se doctoró. Escribió para los periódicos Der Tag, Breslauer Zeitung, Vossische Zeitung y Frankfurter Zeitung. También colaboró con la revista literaria Neue Rundschau. Entre 1912 y 1915 dirigió Pan, revista de arte y literatura. Desde 1918, y hasta 1933, fue crítico teatral del Berliner Tageblatt. Durante todo este tiempo, Kerr además publicó libros de poesía y reportajes de sus viajes por Francia, España, Argelia, Córcega, Inglaterra y EEUU. Pero con la llegada de los nazis al poder, todo cambió. En febrero de 1933 fue declarado proscrito por el régimen de Hitler, por judío y por «escritor degenerado». Huyó de Berlín con su mujer y sus hijos, refugiándose en Praga, Viena, Zurich y París, donde continuó escribiendo, colaborando con periódicos del exilio alemán pero también con prestigiosos diarios extranjeros como Figaro o el Daily Telegraph. Kerr publicó en estos periódicos virulentos ataques contra el régimen nacionalsocialista, como el artículo Die Diktatur des Hausknecht (La dictadura del lacayo). En 1936 se estableció en Londres, donde trabajó como comentarista político en la BBC. Tras la guerra, volvió a Alemania y continuó durante un tiempo sus tareas de crítico en los periódicos germanos Die Welt y Die Neue Zeitung. Falleció en 12 de octubre de 1948 en Hamburgo, durante una conferencia.

Kerr está considerado el crítico berlinés más influyente, pero también el más odiado y temido por su sarcasmo, del primer tercio del siglo XX. Los nazis fueron objeto de sus implacables críticas.

Karl Kraus (1874-1936)

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Kraus nació en 1874, en el seno de una familia judía del norte de Bohemia. Su padre era un rico empresario del sector del papel. La familia se trasladó a Viena siendo todavía un niño. Durante sus años de universidad,  se unió al grupo Jung-Wien, precursor del modernismo y trató de abrirse camino como actor y director de teatro. Pero fracasó en sus planes, abandonó los estudios universitarios y se dedicó a escribir para revistas y diarios vieneses. En 1897 se convirtió en corresponsal en Viena del Breslauer Zeitung. En 1899 fundó la revista Die Fackel (La Antorcha), con el objetivo de denunciar lo que Kraus consideraba degradante en la política, la moral e incluso en la lingüística de su tiempo. Por la orientación pacifista de la revista, fue secuestrada por las autoridades austrohúngaras en varias ocasiones durante la Primera Guerra Mundial.

Además de la intensa labor de este autor como articulista y ensayista, destacar otras creaciones suyas como poemas, libros de aforismos, un drama antibélico («Los últimos días de la humanidad (1918-1919)») . Fue un satírico, gran orador y un formidable polemista. A partir de 1933 avisó de la progresiva deshumanización que iba a provocar el ascenso al poder de Hitler y el nacional-socialismo. Falleció en Viena en 1936.

La muerte de Himmler

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Himmler, el jefe supremo de las SS fue detenido en un puesto de control cerca de Flensburg el 21 de mayo de 1945, en compañía del coronel SS Werner Grothmann y el comandante Heinz Macher. Fueron conducidos al Centro de Interrogación nº 31 británico, en Lüneburger Heath, donde el Mariscal de Campo Montgomery había establecido su cuartel general. Himmler iba disfrazado: se había quitado sus características gafas y su bigote y utilizaba parche sobre un ojo. Pero no logró engañar al jefe del servicio de espionaje de Montgomery, el coronel Michael L. Murphy, quien le reconoció de inmediato. «Usted es Himmler», le espetó.

Los oficiales británicos de espionaje sabían que los nazis más fanáticos solían preferir suicidarse antes que proporcionar ningún dato. Por ello, Himmler fue interrogado con suavidad al principio. El capitán Wells, del Cuerpo Médico del Ejército británico encontró una cápsula de cianuro en uno de los bolsillos del raído abrigo del ex Reichführer de la Schutzstaffel (SS), por lo que recomendó desnudar al prisionero, en previsión de que ocultara otros viales de veneno. Himmler se encontraba en un estado de febril agitación y antes de que los guardias procediesen a cumplir las órdenes del oficial médico, el nazi explicó la importancia que tenía su persona en el Tercer Reich y de cómo estaba destinado a representar un gran papel en la nueva Alemania. Himmler estaba al borde de la histeria, y por fin un oficial británico de alta graduación ordenó desnudar al antiguo jefe de las SS. Sin sus botas altas y el amplio abrigo de uniforme que le llegaba hasta los tobillos, que le hacían sentirse superior, no era más que un hombrecillo gris y arrugado. Desnudo delante de sus enemigos. El doctor Wells comenzó a explorarle los dientes, y en ese momento Himmler logró morder la cápsula de cianuro que llevaba entre los dientes de la mandíbula inferior. Era un vial Zyankali con cianuro potásico que tragó de inmediato. Sus captores le obligaron a tenderse en el suelo, se le introdujeron unas gomas por la garganta y se le vació el estómago. En vano. Apenas un cuarto de hora más tarde, el responsable de la temible y temida organización que había mandado al otro barrio a millones de personas fallecía. Inmediatamente y debido al efecto del veneno, su cuerpo adquirió un tono verdoso. Evidentemente, para hacerle la foto preceptiva después de muerto, le vistieron. El decoro ante todo, por favor.

En el fondo, y no tan en el fondo, Himmler pensaba que Europa le necesitaba, Ministro de Policia se veía él, y no dudaba de que Eisenhower estaría de acuerdo con su propuesta de colaboración con los Aliados. Se creyó el salvador providencial de Alemania, cuando la estrella de Hitler declinaba irremisiblemente.

Libro «La Hermandad Bormann»

hermandad-bormannObra escrita por William Stevenson en 1973, en la que el autor defiende la tesis de que Martin Bormann no murió cuando los aliados ocuparon las ruinas de Berlín en mayo de 1945, y añade más leña al fuego sobre el misterio del destino del «más insidioso de los hombres», aquel hombre de orígenes campesinos que controló al Führer y que desempeñó un extraño papel en el Tercer Reich, como mayordomo y persona de confianza de Hitler. Stevenson defiende también la idea de cómo la mayoría de asesinos y torturadores nazis huyeron tras el colapso del régimen nazi, encontrando refugio en uno u otro lugar y prosiguiendo sus actividades encaminadas a dominar el mundo. Esta supervivencia es el resultado, según el autor, de la creación de una «hermandad» iniciada por Bormann, el menos visible pero el más poderoso de los señores de la guerra nazis, antes incluso de la guerra mundial.

William Stevenson fue un escritor, periodista y productor de TV nacido en Londres en 1924 y fallecido en 2013. Sirvió como piloto de transportes de la Armada Real británica en la Segunda Guerra Mundial. En 1954 fue uno de los primeros periodistas que viajaron libremente por la China de Mao.

El diario de Hans Frank

Hans Frank fue el cruel Gobernador General de Polonia. Frank, hombre minucioso, conservaba detalladas notas de los hechos que sus acólitos consideraban como rutinarios, ya que el Gobernador General lo anotaba todo en su diario. Cosas como éstas: los niños esparcían las cenizas de los cadáveres incinerados sobre las carreteras de los campos de la muerte, para hacerlas menos resbaladizas. O que los muchachos griegos eran enviados a Silesia para ser sometidos a experimentos de castración. O que las chicas eran unidad para formar gemelas siamesas. Más barbaridades apuntadas por este angelito: los trabajadores eslavos tenían que exponer sus órganos genitales a la acción de los Rayos X, que los quemaban y mutilaban; los prisioneros de guerra capturados en Rusia y la Europa oriental, considerados «bárbaros» y hombres de razas inferiores por los nazis, eran deportados a campos de trabajo donde los médicos de las SS experimentaban con ellos. Todo esto, y más, pues Frank redactó 38 volúmenes de su diario mientras fue Gobernador General de Polonia.