Exterminio organizado: las Unidades de Intervención

unidades de intervencion 1

Detrás de las tropas regulares alemanas que avanzaron con rapidez endiablada por territorio soviético, venían las denominadas “Unidades de Intervenciòn”, una manera eufemística de llamar a los más sádicos ejemplares de los fanáticos cuerpos dirigidos por Himmler. Eran los responsables de “tomar medidas respecto a la población civil”. Fueron creadas en mayo de 1941 ex profeso para que realizasen una siniestra labor de exterminio en las tierras conquistadas por la Wehrmacht. Estas unidades las integraban los miembros más granados de las SS, de la Policía de Seguridad y del Servicio de Seguridad. Escuadrones de la muerte, para entendernos. Solían empezar su siniestra tarea una vez ocupada una región o ciudad soviética. “Limpieza” la llamaban, y sus principales víctimas fueron los comunistas, los judíos, los gitanos y los partisanos, ya lo fuesen de forma efectiva, o simplemente sospechosos de serlo. Parece que la orden inicial sólo incluía a los judíos bolcheviques varones, pero después también se incluyó entre los sujetos objeto del exterminio sistemático a las mujeres y niños judíos.

Un ejemplo de la actuación de estos grupos de exterminio. En Lemberg, hoy día Lvov, ocupada por los alemanes el 30 de junio de 1941, vio llegar muy pocos días después a miembros de estas Einsatzgruppen, integrados para la ocasión por nacionalistas ucranianos, que llevaron a cabo fusilamientos en masa de ciudadanos judíos.

Otro ejemplo. Globocnick, jefe de las SS en Lublin ensayó en noviembre de 1941 un método que calificó de novedoso. Lo ensayó con 3000 judíos de la población polaca de Konin. Ante el problema de que fusilar a las víctimas y enterrarlas podría delatar las masacres perpetradas por los nazis, debido de que los cadáveres se hinchaban y generaban los gases de la descomposición, Globocnik decidió hacer desaparecer los cadáveres de los ejecutados. Para ello excavó fosas en las que echó cal e inundó después con agua. En estas fosas había apretujado a los pobres desdichados condenados, que murieron de forma horrible hervidos en cal viva. Los tremendos alaridos de las víctimas afectaron incluso a los templados nervios de los sádicos verdugos. Por ello se descartó esta forma masiva de ejecución.

La Unidad de Intervención A actuó en los países bálticos. En las ciudades lituanas de Vilna y Kaunas y en la letona Riga y otras poblaciones contaron con la connivencia de las autoridades locales, que ayudaron en las tareas de deportación y exterminio in situ de la población judía. En Kaunas un muchacho lituano asesinó a unos 50 judíos a garrotazos. En Riga se ejecutó a 9000 judíos el 30 de noviembre de 1941, después de quitarles los objetos de valor. Los prisioneros de guerra rusos  habían excavado varias fosas, y los condenados fueron obligados a desvestirse y a bajar a la fosa donde debían tumbarse bocabajo, hombro con hombro en una disposición que las SS denominaban Sardinenpackung (sardinas en lata). Se les metía un tiro en la nuca, y se preparaba otro grupo de personas que eran ejecutadas de la misma manera.

Al final de 1941, estos escuadrones de la muerte, en su camino hacia Leningrado, habían dado buena cuenta de medio millón de personas. La Unidad de Intervención B avanzó detrás de las tropas que se dirigían hacia Moscú, “limpiando” entre otras, las poblaciones de Brest-Litovsk, Minks y Kurks. Hasta el invierno de 1941-1942, exterminaron a unas 50000 personas, entre las que se encontraban comunistas, partisanos, judíos e incluso prisioneros de guerra.  Las Unidades de Intervención C y D “trabajaron” sobre todo en Ucrania, donde dejaron un rastro de 180000 asesinatos.

No obstante esta metodología de la muerte no les pareció suficientemente eficaz a los sádicos jerarcas nazis. Lo de la cámara de gas vendría después.

La Kommisarbefehl u ordenanza sobre los comisarios

ordenanza de los comisarios 2

Con la Operación Barbarroja, los alemanes entraron en la Unión Soviética a sangre y fuego. Al respecto Hitler ya había dado meses antes de la invasión una serie de estrictas órdenes, en el sentido de que la guerra contra la URSS no se parecería a ninguna otra. No olvidemos la ideología racista del nacionalsocialismo, para el cual los eslavos pertenecían a una raza inferior que no merecía vivir. Y además en el caso de los soviéticos, que eran eslavos (raza inferior a ojos de los nazis), se daba el caso de que representaban el bolchevismo, el gran enemigo ideológico de los nazis, por lo que las operaciones a llevar a cabo tenían mucho que ver con la desaparición física del enemigo oriental. Hitler anunció a los generales de la Wehrmacht meses antes de la traición al Pacto de No Agresión germano-soviético, que la guerra contra los soviéticos se llevaría a cabo ignorando las leyes de la guerra. Sin cuartel. Se concedía expresamente el derecho del soldado alemán a tratar con brutalidad a la población civil de los territorios que se conquistasen y en especial se emitió la Kommisarbefehl u ordenanza sobre los comisarios, por la que los comisarios políticos soviéticos debían ser inmediatamente “liquidados”, pues el Reich no los reconocía como soldados y pensaban que podían ejercer una nefasta influencia ideológica sobre los compatriotas capturados. Los comisarios eran considerados por las altas jerarquías nazis como los “verdaderos responsables de la resistencia soviética”. Así pues, desde las altas esferas del Tercer Reich, se recomendaba el exterminio y la masacre sin complejos ni compasión. Había que destruir a los bolcheviques, y aquí el fin justificaba plenamente los medios. Para qué queremos más, debieron pensar los soldados alemanes: “tenemos carta blanca de nuestros mandos para hacer el burro todo lo que queramos”. Y se pusieron manos a la obra con entusiasmo. Claro, que quien siembra vientos, cosecha tempestades…

Muy pronto, centenares de miles de soldados soviéticos cayeron prisioneros de la Wehrmacht, quien les dispensó de forma habitual un trato cruel e inhumano. Se había puesto en marcha una guerra de aniquilamiento sin precedentes, a la postre el germen de la derrota final alemana.

Operación Mercurio

Kreta, Vormarsch deutscher Fallschirmjäger, Leichen

Durante la mañana del 20 de mayo de 1941, saltaron sobre Creta unos 15000 paracaidistas de elite alemanes desde setecientos trimotores Ju 52 y otros tantos planeadores DFS 230, en la mayor operación alemana aerotransportada del conflicto. La necesidad de ocupar un emporio estratégico en el Mediterráneo hizo que el Alto Mando alemán preparase minuciosamente la invasión, aunque tal y como sucedió en general durante toda la guerra, los servicios secretos aliados, en concreto los británicos, estaban un paso por delante de los nazis. Así que durante la Operación Mercurio, que es como se denominó en clave, los paracaidistas alemanes se encontraron con más resistencia de la prevista por parte de los defensores británicos, neozelandeses, australianos y griegos de la legendaria isla de Minos, quienes jugaron al tiro al blanco con los alemanes colgados de su paracaídas mientras descendían hacia el suelo. Aun así, eran demasiados para los defensores, por lo que una vez en tierra, se entablaron duros combates en terrenos abruptos. No obstante los alemanes lograron conquistar los aeródromos cretenses en cuatro días. Se tardó más en culminar con éxito la operación de lo que habían previsto los jerarcas nazis, unos siete días. Fue una operación conjunta de la Luftwaffe y de la Kriegsmarine, pero la conquista de la isla fue pírrica, pues costó bastantes bajas a los invasores, de manera que ya nadie pensó en el Alto Mando alemán en diseñar una nueva operación aerotransportada de este calibre. El Führer, siempre tan visionario, sentenció que “la época de los paracaidistas ha pasado”. Desde luego se equivocó, como tantas otras veces.

Los británicos tampoco se fueron de rositas, pues los aviones alemanes lograron echar a pique hasta tres cruceros y seis destructores de la Royal Navy. Los ingleses tuvieron que retirarse ante la que se les vino encima, y el 29 de mayo evacuaron por mar y aire hasta 17000 soldados a sus bases egipcias, mientras que 12000 cayeron prisioneros. Con la invasión de Creta, el Eje lograba una excelente posición estratégica en el Mediterráneo entre Italia y el norte de África, pues dificultaba las comunicaciones entre las distintas posesiones británicas.