La situación a finales de 1939

Invasión de Polonia
1 Septiembre de 1939.Tropas alemanas quitan las barreras en la frontera germano-polaca.

Tras el inicio de la contienda el 1 de septiembre de 1939 con la invasión alemana de Polonia, el conflicto todavía no se podía considerar una guerra mundial, pues las operaciones se localizaron exclusivamente en Europa. En Polonia, donde los alemanes obtuvieron muy pronto la victoria total y en Finlandia, donde la URSS trató de arrebatar parte del territorio del país escandinavo a los finlandeses.

El frente occidental no se movió aunque Francia y Gran Bretaña habían declarado la guerra a Alemania a consecuencia de la agresión a Polonia. Durante estas primeras fases de guerra en el frente occidental, las operaciones fueron tan leves que los franceses no dudaron en calificarlas «drôle de guerre», esto es «guerra de broma». Obviamente lo peor estaba por llegar. Dichas operaciones bélicas no pasaron de escaramuzas. Al menos en tierra, ya que en el aire y en el mar, fueron otro cantar. La Luftwaffe alemana y la RAF británica se dedicaron a hostigar las bases y buques de la marina enemiga. En el mar también se pasó a mayores. En el océano Atlántico, los submarinos alemanes atacaron buques de guerra y mercantes, mientras la marina de guerra de su Majestad británica hundía varios barcos alemanes. Tras la invasión de Polonia, las divisiones alemanas que ya no eran necesarias en el frente oriental, fueron trasladadas al frente occidental, y ocuparon la larga franja que transcurre entre las fronteras alemanas con Holanda y Suiza. Ya en 1939, Hitler había sopesado en tomar la iniciativa en el frente occidental, ante las dudas de sus generales, que pedían más tiempo para prepararse. A finales de año, las circunstancias meteorológicas impideron de momento los movimientos alemanes.

Hitler fue el gran triunfador del año, pues los primeros meses de guerra fueron un gran éxito para los nacionalsocialistas, ya que la victoria relámpago en Polonia les había proporcionado un gran reconocimiento entre sus compatriotas más tibios con el partido nazi. Además, poco antes del inicio del conflicto, se había firmado con los soviéticos el Pacto de No Agresión, que se demostró como una genial maniobra política, pues dejaba las manos libres a Hitler para actuar en otros frentes. Pero ambos dictadores, el alemán y el soviético sabían que el enfrentamiento directo entre sus dos países era sólo cuestión de tiempo, y se dedicaron a ocupar las mejores posiciones de cara a la futura partida que jugarían. Por ello, Stalin se dio prisa en atacar Finlandia, aunque la jugada no le salió tan fácil como habia pensado.

Parecía claro que la brutal política alemana en la Polonia ocupada y dividida entre alemanes y soviéticos despejaba cualquier duda sobre las verdaderas intenciones de los nazis en cuanto a hacerse con el espacio vital en el este de sus fronteras. No en vano, dicho espacio vital era uno de los puntos fundamentales de su doctrina. La invasión de Polonia sólo había sido un primer paso.

Por otro lado, en la década de 1930, EEUU se mantuvo al margen de los problemas internacionales, en una política de «espléndido aislamiento» en versión norteamericana, a fin de poner orden en casa, un hogar devastado por una brutal crisis interior iniciada con el Crash bursátil de 1929. Así, cuando estalló la guerra en Europa, EEUU se apresuró a proclamar su neutralidad, a pesar de las indudables simpatías de sus dirigentes y del pueblo norteamericano hacia Francia, y sobre todo, hacia Gran Bretaña. El presidente Roosevelt y el Premier británico Churchill mantenían una gran amistad. Esta política neutral inicial se reveló algo tibia, pues ya desde noviembre de 1939, EEUU no tuvo ningún inconveniente en vender armas y municiones a franceses y británicos. Comenzaba a perfilarse así la posterior alianza contra la Alemania nazi y el resto de potencias totalitarias del Eje.

La muerte del actor Leslie Howard

Cartel de Pimpinela Escarlata
Cartel de Pimpinela Escarlata en España, protagonizada por Leslie Howard

Leslie Howard Stainer, célebre actor británico, nació en Londres en 1893, en el seno de una familia de origen húngaro. Combatió en el Ejército británico durante la Primera Guerra Mundial, durante la cual, y fruto de la tensión del combate, tuvo problemas de salud mental. Los médicos le recomendaron que para superar sus problemas físicos, se dedicase a la interpretación, que es lo que Howard hizo. Y con gran éxito, desde luego.

Así, al finalizar la Gran Guerra trabajó como actor de teatro en Londres, alcanzando un gran éxito de público y crítica, lo que le llevó a coquetear con el cine mudo británico. Pero fueron los norteamericanos los que terminaron tentándole para que fuese a actuar a Broadway, el corazón artístico de Nueva York. De ahí a Hollywood sólo había un paso. En 1930 interpretó el papel protagonista de la película «Outward Bound». En 1935, llegaron «La Pimpinela Escarlata», en 1938, «Pigmalión» y por fin en 1939, la monumental «Lo que el viento se llevó».

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Howard puso su experiencia al servicio del espionaje británico, cuyos mandos consideraron que el prestigioso y maduro actor podía colaborar perfectamente en el esfuerzo aliado por ganar la guerra, impartiendo conferencias por todo el mundo. Además lanzó consignas antinazis a través de la radio y protagonizó algunas películas de propaganda de guerra.

El 1 de junio de 1943, Howard embarcó en Lisboa en un avión bimotor Douglas DC-3, rumbo al aeródromo inglés de Whitchurch. El trayecto era arriesgado, a pesar del carácter civil del avión y de su color azul celeste, que indicaba claramente que no era un avión de combate, algo que en circunstancias normales hubiese alejado a los aviones de la Luftwaffe, pues le hubiesen dejado continuar viaje. Sin embargo ese día no fue así, y una formación de aviones de combate alemanes Junkers Ju 88 sobrevolaban el Golfo de Vizcaya para proteger la ruta de los submarinos germanos con base en las costas francesas. Los pilotos alemanes tuvieron que ver por fuerza el distintivo civil del avión en el que viajaba Howard, y aún así atacaron sin piedad al indefenso Douglas, que cayó derribado al mar sin remisión.

Wilfrid Israel
Wilfrid Israel, empresario judío exiliado en Londres

¿Por qué atacaron los aviones alemanes a un avión civil? Lo que es evidente es que el ataque acabó con la vida de todos los pasajeros, Leslie Howard incluido. Hay varias hipótesis. Puede que los pilotos nazis no advirtieran que tenían ante ellos un aparato comercial, sino un avión de combate, hipótesis altamente improbable, pues las condiciones de visibilidad ese día eran excelentes. Otra versión sobre el hecho asegura que entre el pasaje viajaba Wifrid Israel, influyente judío alemán exiliado en Londres, donde había creado una organización de acogida a refugiados de sus mismas creencias, y que como él, habían logrado escapar del régimen nazi. Además Israel trataba de atraer a científicos judíos a la causa aliada, por lo que los servicios secretos nazis le tenían en su lista negra, y sabían de su presencia en aquel viaje fatídico. Igualmente es posible que estos mismos espías, muy activos en la neutral Lisboa, tuviesen fichado al propio Howard, especialmente odiado por el temible ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels, a causa de la influencia del actor sobre la opinión pública aliada y su fuerte compromiso antinazi.

Winston Churchill, el primer ministro británico, aseguró en sus memorias que entre los pasajeros del Douglas había un hombre físicamente parecido a él mismo, lo que pudo confundir a algún espía alemán poco avispado, que pensó que se trataba del propio Churchill y que la ocasiòn la pintaban calva. Posteriormente al derribo del avión, circuló un rumor que aseguraba que en él viajaba un «doble» de Churchill. Según esta enrevesada versión, los servicios secretos británicos decidieron que un doble del «premier» británico viajase en ese avión, a fin de despejar la ruta del aparato donde viajaba el verdadero Churchill, que se suponía que había visitado el norte de África y que debía volver a Gran Bretaña. Pero, ¿se pudo poner en peligro la vida de todos los pasajeros de un avión civil para proteger el viaje de Churchill? Pues no sabemos. Puede que sí, pues era un personaje imprescindible para el desarrollo de la guerra. No obstante, sólo sabríamos algo a ciencia cierta si la documentación de la Luftwaffe hubiese existido, pero el mariscal Goering, el máximo responsable de la Fuerza Aérea alemana, ordenó destruir todos los archivos de la misma poco antes de finalizar la guerra. Los demás testigos que pudieron haber arrojado algo de luz sobre este asunto, los tripulantes de los Junkers, no sobrevivieron a la contienda.

Así pues, lo único que podemos asegurar es que el avión en el que viajaba el afamado actor que interpretó a Ashley Wilkes en «Lo que el viento se llevó» fue derribado sobre el Atlántico el 1 de junio de 1943.

La Curiosa historia de Rudolf Hess

Rudolf Hess Lugarteniente de Hitler comenzó su historia en el año 1932 cuando fue nombrado director del partido. En el 33 pasó a ser Viceführer, Siendo el número tres del partido después de Goering.

Lugarteniente de HitlerSin embargo, parece ser que no era muy inteligente y el propio Hitler le excluyó de decisiones de trascendencia.

Con la influencia de Bormann, la influencia de Hess en el partido disminuyo. Y empezó a planificar un golpe de efecto que restituyera su anterior prestigio. Era amigo de Karl Haushofer un general conservador que junto con su hijo no eran partidarios de la guerra contra Inglaterra. Tras la caída de Francia, muchos nazis pensaron que era el momento de acabar la guerra y ofrecer la paz a Gran Bretaña. El mismo Hitler envió una oferta a Londres que fue rechazada por Churchill.

Animado por la sugerencia de los Haushofer, le sugirieron que se pusiera en contacto con el Duque de Hamiltón, miembro destacado de la aristocracia escocesa y de la cámara de los Lores. Sin embargo, los alemanes ignoraban que no tuviera buenos contactos con el Rey ni con el Gobierno inglés.

Al comenzar la Guerra, Hess pidió a Hitler permiso para alistarse en la Luftwaffe, que le fue negado. Incluso le prohibió volar, cosa que no cumplió y que hacía en secreto. Era amigo del profesor Messerschmitt y le gustaba probar varios modelos. Al parecer, Hess intentó llegar al Reino Unido, pues tras su aterrizaje en Escocia, el mismo reconoció que era su cuarto intento. El 10 de mayo de 1941 montó en un Messerschmitt Bf 110D y se dirigió hacia Inglaterra. Los historiadores cuentan que Hitler reaccionó violentamente ante la ocurrencia de Hess, pero su hijo afirma que el Fuhrer estaba al corriente de la operación. La Luftwaffe salió en persecución del ¨loco».

Hess llegó a la costa inglesa y siguió hasta Escocia, se empezó a quedar sin gasolina y volteo el avión para poder salir despedido con un paracaídas, la cola del avión le golpeó y perdió el conocimiento. Fue encontrado por David McLean un agricultor que vio estrellarse el avión y fue a socorrerle. Fue cuidado en su casa y habló perfectamente el inglés. No dijo quien era pero pidió que le llevaran a ver al Duque de Hamilltón, los soldados al ver que no estaba armado y además sonriente le preguntaron quién era, dijo que era Alfred Hauptmann en una misión especial. El Mayor Donald se dio cuenta de que era Hess y le trasladaron al cuartel general de Maryhill.

Al día siguiente, el Duque de Hamilltón llegó para ver, en privado, a Hess. Este intentó convencerlo de que Hitler quería acabar la guerra. Ese mismo día el Duque se puso en contacto con el secretario de Churchill que le concedió una entrevista. Churchill no creía lo que le contó, y al final lo consideró como una «aventura particular». Hamilltón volvió a entrevistarse con Hess y con Kirkpatrick, un experto en asuntos alemanes. Hess volvió a decirles que los alemanes habían ya ganado la guerra y que era el momento de pararla y dejar que los ingleses siguieran con sus colonias. Hess fue revisado por un psiquiatra y dijo, que aunque parezca lo contrario, no estaba loco. Churchil mandó a Eden que Hess debía de ser confinado y tratado como prisionero de guerra. Se le metió en la Torre de Londres y así empezó un cautiverio de 46 años. Al finalizar la guerra se le internó en la prisión especial de Spandau. En el año 86 ingresó en el Hospital por un problema degenerativo por la avanzada edad. Hubo un movimiento internacional para sacar a Hess de la cárcel pero la URSS se negó. El 17 de noviembre de 1987

La Infancia del Dr Goebbels

Goebbels niño
Goebbels niño

La niñez del hombre que formó el mito del Führer para el pueblo alemán, fue un tanto triste. A los 12 años contrajo la polio y quedó cojo para toda su vida. Perteneció a una familia de clase media baja. Era un brillante estudiante y sacó la carrera siendo el primero de su promoción. Sus padres, devotos católicos, quisieron que se ordenara sacerdote. Pero desatendiendo los consejos y las becas obtenidas de la fundación Alberto Magno prefirió la política y las chicas. Pese a su débil aspecto tenía un gran éxito en las relaciones debido a su simpatía y facilidad de palabra. Fue rechazado en el Ejército y esto le creo un gran desprecio por los generales. Escribió en su juventud varios libros, uno sobre la vida de Jesús. El más importante fue Michael, una especie de diario pomposo y fatuo de alguien que es todo, estudiante, Revolucionario, obrero… En este libro aparece el primer ataque a los judíos, afirmando que Cristo no podía ser de esa raza inferior, pero los historiadores piensan que estos párrafos fueron añadidos posteriormente, cuando ya era el artífice de la propaganda nazi.

Por qué Hitler invadió la URSS?

Tres frentes en la invasión de la URSS
Tres frentes en la invasión de la URSS

Tal vez sea la cuestión más debatida de toda la guerra. Fue una decisión personal, que arrastra a Alemania a una campaña de consecuencias imprevisibles. Hitler concebía su agresión como una cruzada antibolchevique, también considera a la URSS el enemigo natural y el terreno vital para su crecimiento expansionista.
El pacto germano-soviético solo fue un paréntesis para rearmarse.
Sin embargo, el principal móvil del ataque puede considerarse económico. La derrota relámpago de Francia sorprendió a Hitler sin un plan preciso. Solicita la paz con Inglaterra y no lo consigue. Se da cuenta que la guerra será larga. Y que va a necesitar petróleo y cereales. Estos están en la URSS. Los invadirá como paso previo para tener todo el continente e invadir Gran Bretaña.

La desaparición de Saint-Exupéry

principito-207x300

El escritor francés Antoine de Saint-Exupéry fue el autor de una obra mundialmente conocida y muy popular. «El Principito». Además de escritor, Saint-Exupéry fue piloto comercial y protagonizó algunos vuelos importantes como el París-Saigón y el Nueva York-Tierra de Fuego.

En 1939, a los 39 años de edad, se alistó en la fuerza aérea francesa, en la que se presentó voluntario en las misiones más arriesgadas, dado su carácter aventurero. Cuando la Alemania nazi invadió Francia, Saint-Exupéry se exilió en Nueva York, donde escribió la obra que le ha hecho inmortal, la anteriormente citada «El Principito». Cansado de la vida tranquila que llevaba en Nueva York, se alistó de nuevo en las fuerzas aéreas, esta vez aliadas, a pesar de que en un principio le consideraron muy mayor para pilotar un avión.

En junio de 1944 se efectuó el desembarco de Normandía, la mayor operación anfibia de la Historia. A fin de dividir la tropas alemanas destacadas en Francia, el Alto Mando Aliado decidió realizar otro desembarco, de menor magnitud, obviamente, en Provenza, al sur de Francia. Para ello era necesario diseñar un mapa de las defensas alemanas en la zona. Saint-Exupéry fue la persona elegida para esta misión, dada su trayectoria. Lo que tenía que hacer era localizar y fotografiar las defensas germanas. El 31 de julio de 1944 fue el día de su última misión, despegando de un aeródromo de la isla de Córcega en un avión de combate Lightning P-38, que pilotaba él mismo. Desapareció de las pantallas de radar hacia las 13:00 horas.

A partir de este momento entramos en el territorio del misterio y de la conjetura. Como es habitual, existen varias versiones sobre el hecho. Unos dicen que sufrió una avería mecánica, otros que fue derribado por los alemanes, otros que el escritor fingió su muerte para desaparecer del mapa y vivir otra vida diferente a la que vivió hasta ese momento. Otros,

Zur arte-Sendung am 02. Juli 2000 um 22.25 Uhr Themenabend: Prinz der Lüfte Der Poet und Pilot Antoine de Saint-ExupÄry Der kleine Prinz und der Pilot 3: Antoine de Saint-ExupÄry © Coll. F. d'Agay Fotos: ARTE / Fondation Antoine de Saint-ExupÄry
Antoine de Saint-Exupéry

en fin, que Saint-Exupéry, harto de todo, había decidido suicidarse, estrellando su avión contra el mar.

Desde el día de marras, se han financiado misiones para buscar los restos de avión del escritor. En 1998, un pescador de la Provenza encontró en su red una pulsera de oro que llevaba grabados los nombres «Antoine de Saint-Exupéry» y «Consuelo», su mujer argentina. En el brazalete también aparecían las palabras «Reynal and Hitchcock Inc. 386 4th ave. NY City USA»: la sede de la editorial neoyorkina que había publicado parte de su obra. Era evidentemente un objeto personal del escritor y militar francés, lo que animó a algunos cazadores de tesoros a rastrear la zona para buscar el avión, lo que no gustó demasiado a los herederos de Saint-Exupéry, partidarios de dejar las cosas como estaban.

En 2004, el Departamento de Investigaciones Arqueológicas Submarinas francés encontró una pieza del Lightning de Saint-Exupéry en las aguas de Marsella, en una zona próxima  donde el pesacador halló el brazalete. La pieza tenía un número, el 2734, justamente el número de matrícula militar del aparato pilotado por el autor de «El Principito». A pesar de haber sido localizado parte del fuselaje del avión, jamás sabremos cual fue la causa de la muerte de Saint-Exupéry.

El fin de un mito del swing

Glenn Miller2
Glenn Miller

Glenn Miller era un mito de la música en EEUU. Era un virtuoso del trombón y pronto organizó su propia orquesta, de la que fue director. El sonido de su música es inconfundible. Valgan como botón de muestra las celebérrimas canciones In the Mood o Chattanooga Choo Choo, que todos hemos escuchado en más de una ocasión, símbolos de la Norteamérica más joven y desenfadada.

En octubre de 1942, Miller se alistó en el Ejército norteamericano como músico, con el rango de capitán, aunque fue ascendido pronto al empleo de mayor. En los días del desembarco de Normandía, Miller propuso a las autoridades militares realizar una gira por Gran Bretaña para actuar delante de las tropas norteamericanas destacadas en la isla y de las británicas, a fin de mantener elevada la moral de los soldados. En los siguientes meses, y desde junio de 1944, la orquesta de Miller celebró más de 70 conciertos. Pero el 15 de diciembre, Miller desapareció del mapa para siempre, eso sí, dejando intacto su legado musical. Tenía 40 años.

Miller deseaba actuar en suelo francés para solaz alegría de los soldados aliados que avanzaban trabajosamente hacia Alemania, liberando los territorios franceses, holandeses y belgas hasta ese momento ocupados por los nazis. Y quería actuar tanto en bases militares como en los hospitales franceses que acogían a los heridos del avance aliado. Por ello decidió viajar personalmente a París, a fin de preparar una emisión especial por radio para el día de Navidad. Aunque esta tarea la ejercía habitualmente su manager, en esta ocasión decidió ocuparse él mismo. El 15 de diciembre  de 1944 las condiciones meteorológicas en el Canal de la Mancha eran pésimas, pero Miller no quiso posponer su viaje. Así que partió desde la ciudad inglesa de Bedfordshire en un pequeño avión monomotor Noorduyn Norseman D-64, de diseño canadiense, junto al piloto y otro oficial norteamericano. Aquí se pierde la pista del genial artista y de sus compañeros.

Como siempre que se trata un misterio de esta naturaleza hay varias versiones para explicar los hechos, a cual más increíble. Una de estas hipótesis fue lanzada por el empresario inglés John Edwards, que había sido piloto de la RAF durante la guerra, y rendido admirador de la música de Miller. Pues bien, según Edwards, Miller fue asesinado en París días después de la supuesta desaparición del Norseman, en algún prostíbulo del barrio de Pigalle. Pero, en buena lógica, las autoridades militares no podían descubrir al mundo que un mito nacional como Miller hubiese fallecido rodeado de circunstancias tan sórdidas, y lanzaron la versión oficial del accidente aéreo, mucho más asumible por el gran público. Pero hay más versiones. Unos dicen que fue apuñalado o tiroteado en confusas circunstancias relacionadas con ajustes de cuentas por causas pendientes en el mercado negro. Incluso que fue torturado por la Gestapo hasta morir. Otros dicen que en realidad el músico era en realidad un contrabandista, incluso un agente nazi que huía rumbo a Alemania, descubiertas sus inconfesables actividades por los Aliados.

Conocemos también la versión que proporcionó el propio hermano de Glenn Miller, Herb, quien aseguró, ya en 1983, que si bien el avión despegó, pronto regresó a la base, pues el músico se encontraría muy enfermo, y moriría al día siguiente como resultado de una enfermedad pulmonar, desarrollada a consecuencia de su desmedida afición por el tabaco. Herb Miller mantuvo silencio durante tanto tiempo por respeto a su hermano, que según le manifestó en alguna ocasión, siempre había deseado morir de forma heroica y no en una cama de hospital.

En 1984, otro antiguo piloto de la Royal Air Force, Fred Shaw, planteó otra línea de investigación con su testimonio, sin duda más plausible que todas las anteriores. Shaw afirmó que aquel fatídico 15 de diciembre de 1944, el día de la desaparición de Miller y sus compañeros, regresaba de una misión de bombardeo sobre tierras alemanas. Shaw tenía el cargo de navegante en un bombardero Lancaster, y el avión regresaba sin haber cumplido la misión encomendada. En esos casos, los aviones aliados tenían orden de deshacerse de las bombas no utilizadas, y lo hacían  arrojándolas sobre una zona plenamente delimitada sobre el mar. Eso es lo que hizo el Lancaster de Shaw: soltar su mortal carga sobre una zona del Canal de la Mancha. Shaw miró hacia abajo para ver como explotaban las bombas, cuando vio un pequeño avión dabajo del bombardero, y que volaba a menor altura. La tripulación no fue capaz de discernir si la explosión alcanzó al monomotor o si este continuó viaje. Los tripulantes informaron del incidente, pero parece que no quedó constancia oficial en ningún documento, clasificado o sin clasificar. Los protagonistas olvidaron el hecho, hasta que bastantes años más tarde, Shaw vio una película en la que se narraba la misteriosa desaparición de Miller y el veterano aviador recordó lo sucedido sobre el Canal de la Mancha décadas atrás. El Ministerio de Defensa británico llevó entonces a cabo una investigación, pues hasta entonces no había querido tomar cartas en el asunto, al ser Miller ciudadano norteamericano, aunque también era cierto que el avión del músico despegó desde suelo británico. La investigación confirmó el relato de Shaw: una bomba descargada por algún bombardero que regresaba de Alemania pudo acabar con la vida de Miller y sus acompañantes, en una fecha en la que el mal tiempo impedía buena visibilidad para los aparatos que cruzaban el Canal. Pero en el momento en el que sucedió el hecho, contar que el mítico artista había caído derribado por fuego amigo, no era  políticamente correcto, y no habría hecho más que minar la moral de las tropas. El accidente aéreo, sin más, era mucho más vendible. Por ello, en realidad seguimos sin conocer qué le ocurrió realmente a Glenn Miller. Al menos nos queda su música.

James Stewart (Glenn Miller Story, The)_01
James Stewart, en «The Glenn Miller Story»

En 1953, se rodó la película biográfica «The Glenn Miller Story», dirigida por Anthony Mann y protagonizada por James Stewart. En España e Hispanoamérica, el film se comercializó con el título de «Música y lágrimas».

Operación Cicerón

Los espías nazis han mantenido siempre una aureola de fracasados. Pero puede ser efecto de la propaganda extendida por los vencedores al finalizar la guerra. En el delicado arte del espionaje y contraespionaje, que sirve nada más y nada menos que para ganar guerras, a menudo fueron superados por los Aliados. Pero siempre hay una excepción que confirma la regla. Y esa excepción se conoció como Cicerón, personaje denominado así por la razón que después veremos. Como siempre que hablamos de la Segunda Guerra Mundial, al menos en lo que se refiere a los entresijos de los asuntos de espionaje, hay diversas versiones que dependen de la fuente consultada.

Por ejemplo, es evidente que Cicerón no era el verdadero nombre de este espía. Unos lo nombran como Diello, otros como Verasevitch, aunque el nombre más probable de este espía al servicio de los alemanes era Elyesa Bazna, un hombre posiblemente nacido en una aldea albanesa, aunque otros investigadores sitúan su lugar de nacimiento en la ciudad kosovar de Pristina o en la macedonia Skoplje.

Von Papen
Franz Von Papen, el embajador alemán que escogió el nombre de Cicerón para el enigmático Elyessa Bazna

Todo comenzó en octubre de 1943. En Ankara, el agregado comercial alemán, que era en realidad el director de operaciones de espionaje nazi en Turquía (oficialmente neutral durante la guerra), recibió la sorprendente visita de alguien que le hizo una no menos sorprendente propuesta. Este hombre era Elyesa Bazna y pretendía vender a dicho funcionario germano una valiosísima colección de 4 documentos con información procedente de la embajada británica al precio de 5000 libras esterlinas por cada uno. 20000 en total. Ante las lógicas dudas del alemán, que desconfió en un primer momento de aquel hombre, pensando en alguna burda estafa o broma, Bazna se encogió de hombros y le dijo que quizás los rusos pagarian mejor la informaciòn ofrecida. Sintiéndose con la sartén por el mango, el supuesto y misterioso espía dio 48 horas al agente comercial para que consultase con el embajador alemán en Ankara, Franz Von Papen (que había sido canciller de la República de Weimar antes del advenimiento del nacionalsocialismo en Alemania) y tomasen una decisión al respecto.

Bazna trabajaba como mayordomo personal del embajador británico y lo único que deseaba era recibir un buen pellizco de dinero por la informaciòn extraida de la embajada. Le daba exactamente igual qué bando ganase la guerra. El quería ser pescador en río revuelto. Para los alemanes, el precio que pedía por sus cuatro documentos era algo elevado, pero finalmente, la intuición y la curiosidad de Von Papen pudieron más que la sospecha y la desconfianza iniciales y así se pudo efectuar el intercambio propuesto por el albanés, quien entregó su tesoro en forma de negativos fotográficos. Los alemanes se pusieron inmediatamente manos a la obra y revelaron los negativos obtenidos por Bazna. La sorpresa fue mayúscula, pues ahí, delante de sus atónitos ojos, se mostraba nada más y nada menos que la lista de todos los espías británicos que operaban en Turquía, datos de envíos de armamento de EEUU a la URSS y resúmenes de reuniones y contactos mantenidos por los Aliados. ¡Aquello tenía que ser verídico! Los alemanes no cabían en sí de gozo. Hitler ordenó explotar a fondo la relación recién establecida con el mayordomo de la embajada británica. ¡Era un filón!

Lo primero que pensó Von Papen fue mantener en secreto esta operación y darle un nombre apropiado en clave al informador. El antiguo canciller era hombre de vasta cultura y denominó al espía Cicerón, en reconocimiento a la elocuencia que partía de los documentos fotografíados, ya que Cicerón, el verdadero, había sido un célebre escritor, político y orador romano de la época de Julio César. Parecía que toda la información aportada por Cicerón era auténtica, pero más de uno sospechaba de la facilidad con  que era obtenida y si no sería más bien algún montaje del servicio secreto británico para despistar a los alemanes. Parecía que no, que los británicos estaban en Babia en este asunto. Se siguió, pues, confiando en Cicerón. El agregado comercial alemán del comienzo de esta historia, consiguió ganar la amistad del desconfiado albanés y obtuvo por la buenas el modus operandi. La historia de Bazna era la siguente. En su día había respondido a un anuncio en prensa en el que la embajada británica solicitaba chófer para el primer secretario. Pero como además, Cicerón tenía experiencia como mayordomo, fue contratado y puesto al servicio directo del embajador. Un buen día en que limpiaba un pantalón del embajador, encontró una llavecita. Descubrió que abría el maletín donde el diplomático guardaba la documentación más sensible, esa que llaman Top Secret en las películas. El astuto espía hizo una copia de la llave y la volvió a depositar en el lugar donde la había encontrado. Aquí no había pasado nada. Como el embajador padecía de cierto insomnio, tomaba potentes somníferos para conciliar el sueño. En esos momentos en que se hallaba en los brazos de Morfeo, el mayordomo se introducía subrepticiamente en el dormitorio del veterano diplomático, abría el maletín, se llevaba los documentos y en una habitación contigua, bajo una potente lámpara, los fotografiaba impunemente. Después los volvía a depositar en su sitio.

Por fin los británicos comenzaron a sospechar de que algo raro pasaba, pero a nadie de la embajada se le ocurrió sospechar del anodino mayordomo del embajador. Aún así tomaron estrictas medidas de seguridad dentro del edificio, tratando de identificar, mediante una sofisticada alarma, los posibles movimientos sospechosos en el interior de la embajada. Como el propio Cicerón ayudó a instalar el sistema, evidentemente no sirvió para nada y la fuga siguió su camino hacia el servicio secreto nazi. Algunos documentos se revelaron posteriormente vitales para la marcha de la guerra, pues en aquella valija diplomática estaba el plan de los Aliados para desembarcar en Europa. Cayó en manos alemanas en marzo de 1944, pero éstos pensaron que esta informaciòn tan sensible sí que podía ser una trampa tendida por los británicos, y no le dieron la importancia que merecía. Tres meses después, los Aliados desembarcaban en Normandía y abrían un nuevo frente en el oeste, un hecho que fue fundamental para el desarrollo final del conflicto. Los alemanes fallaron aquí estrepitosamente por la existencia de rencillas internas en el régimen nazi: el ministerio de Asuntos Exteriores y los servicios secretos no se soportaban y aprovechaban el mínimo resquicio para ponerse zancadillas. Una de esas zancadillas provocó el giro definitivo de la guerra.

Aún así, Cicerón seguía trabajando como si nada, ganando sus buenos emolumentos, hasta que en abril de 1944 se descubrió su juego. Pero no fueron los británicos sino una secretaria alemana antinazi introducida por los servicios secretos norteamericanos en la embajada alemana de Ankara, quien se chivó a los ingleses de que tenía al enemigo en casa. Sorprendentemente, Cicerón fue tan solo despedido, y no se tomó ninguna medida de represalia contra él. Al despistado embajador británico

Operacion ciceron
Cartel en España de Operaciòn Cicerón, película protagonizada por James Mason

que había permitida tan enorme fuga de información al enemigo se le endosó una dura reprimenda y un discreto retiro, próximo como estaba  a la edad de jubilación. Quizás los propios británicos trataron de tapar en la medida de lo posible el caso para no quedar en entredicho, incluso en ridículo, pues habían cometido un gravísimo error en asuntos de espionaje y contraespionaje. No habían sido capaces de detectar durante tantos meses al topo que horadaba sus archivos.

Se dice que Cicerón se trasladó a Sudamérica, donde vivió del suculento botín obtenido. En los años 60, Elyesa Bazna reapareció (o alguien que se hacía pasar por Cicerón), y comenzó a mantener entrevistas en los medios de comunicación, llegando a publicar sus memorias sobre el azaroso período de tiempo en que trabajó en la embajada británica de Ankara. Parece que ganó bastante dinero con sus actividades divulgativas, pues no en vano fue quizás el espía más famoso de la Segunda Guerra Mundial. Pero parece que en su momento también los alemanes le estafaron a él. Las libras esterlinas con que pagaron al albanés sus brillantes servicios eran falsificaciones. Eso sí, muy buenas, por cierto. Los nazis pagaban en numerosas ocasiones con billetes falsos a sus proveedores e informadores locales, para dañar cuanto más pudieran a la economía británica. Así que el misterioso espía que tomó el pelo a los británicos, a su vez fue engañado por los alemanes.

La historia de Cicerón fue llevada al cine con el nombre de «Operación Cicerón». Dirigida en 1953 por Joseph L.  Mankiewicz, y protagonizada por el excelente actor británico James Mason. Este film ha sido considerado muchas veces como la mejor película de espías en la historia del Séptimo Arte.