La Muerte Blanca

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Simo Häyhä, apodado la Muerte Blanca por los soviéticos

En Finlandia siempre ha habido una gran tradición de caza mayor, y esa experiencia fue utilizada por el Ejército finlandés para obtener la mayor presa posible: el hombre, concretado en su variante de soldado soviético inexperto y sin preparación en la Guerra de Invierno entre Finlandia y la URSS.

Muchos cazadores expertos se unieron al Ejército finlandés cuando la guerra era inminente a finales de 1939. Fueron encuadrados en batallones como francotiradores de élite, que hicieron mucho daño en el sorprendido Ejército Rojo.

Simo Häyhä fue el más célebre de los francotiradores fineses. Era un hombre de baja estatura, apenas 1,52 m. Este detalle, junto al uniforme blanco de las tropas finlandesas, que las hacía mimetizarse con el entorno, le hacía invisible a los soviéticos, quienes le apodaron «La Muerte Blanca». Se tapaba la cara con una tela blanca. Formaba parte de la 6ª compañia del 34 regimiento de infantería. Logró matar a 505 soviéticos en solo 100 días, especializándose, como si de caza mayor se tratase (en realidad, así era), en oficiales. Era capaz de esperar varios días, a temperaturas de hasta 40 grados bajo cero al enemigo. Dejaba pasar al grupo de enemigos hasta que localizaba al que daba las órdenes. Entonces, con toda la sangre fría del mundo, le eliminaba. Se dice de él que podía derribar a su víctima a 450 m de distancia. Para evitar que el vaho de su aliento le delatase (no olvidemos las fechas y la latitud en las que se desarrollaron los combates), se llenaba la boca de nieve.

Los soviéticos intentaron tenderle trampas para acabar con él, utilizando la artillería o con francotiradores propios. Por fin, el 6 de marzo de 1940 Häyhä sufrió una espantosa herida a consecuencia de una bala explosiva que le destrozó la mandíbula izquierda y le reventó esa parte de la cara, una herida que le dejó en coma y marcado físicamente para el resto de su larga vida, ya que falleció en 2002. El día que recuperó el conocimiento, la guerra había terminado: la paz se firmó poco después de que cayese abatido. Tras la guerra fue ascendido a teniente por el mariscal Mannerheim, el máximo héroe nacional finlandés. Tardó varios años en recuperarse de sus heridas. Tras la Segunda Guerra Mundial se dedicó a la caza, sobre todo de alces, y a la cría de perros, Nunca dejó de ser un humlide granjero que hizo lo que se le ordenó lo mejor que pudo, según sus propias palabras.

Häyhä utilizaba un fusil M28 Pystykorva, variante finlandesa del rifle Mosin-nagant de fabricación soviética. Al contrario que sus compañeros francotiradores, no solía utilizar la mira telescópica de su arma para no dar pistas al enemigo, ya que en ocasiones, se delataban a sí mismos a causa del reflejo del sol en las lentes de estas miras. Además con las bajas temperaturas, las miras se empañaban o rompían con bastante facilidad. También utilizó el subfusil finlandés Suomi KP/31.

Masacre ¿inexplicable? en un bosque finlandés

Durante la “Guerra de Invierno”, (entre finlandeses y soviéticos, noviembre de 1939 y marzo de 1940), el ejército soviético utilizó una táctica errónea, pues atacó  el territorio finlandés con columnas motorizadas y mecanizadas apoyadas por centenares de tanques. En otro territorio hubiese constituido una guerra relámpago, pero en Finlandia y en invierno, eso fue un suicidio, pues las divisiones acorazadas se bloquearon en las estrechas carreteras heladas, rodeadas de bosques de coníferas, ríos y lagos. Los malos caminos obligaban a las larguísimas filas de vehículos del ejército soviético a avanzar muy lentamente. En cuanto uno de estos vehículos se detenía por cualquier causa, pequeños grupos de vehículos quedaban aislados del resto. Para colmo, los aguerridos soldados finlandeses, que conocían perfectamente el terreno, y camufladas en el blanco de sus uniformes de invierno, hostigaron sin descanso a los soviéticos, mal preparados y carentes de experiencia. Los incompetentes oficiales soviéticos carecían de mapas, por lo que batallones enteros se perdieron en los bosques helados, exponiéndose a una muerte segura, ya fuese por el frío, el hambre o los certeros ataques fineses. No es extraño que muchas veces se diesen situaciones de verdadera locura colectiva que acabasen en verdaderas carnicerías, provocadas por la desesperación y las condiciones extremas, que se prolongaron durante semanas y semanas. A lo largo de todo el frente se formaron bolsas de tropas soviéticas, a veces de decenas de miles de hombres, incapaces de dar un paso, sin suministros ni comida. Por eso, cuando alguna de esas bolsas era  aniquilada, las escenas que se encontraban los finlandeses eran dantescas. Miles de cuerpos congelados, muertos de pie, en  miserables jergones, en el interior de trincheras… Se dieron casos de canibalismo. En otros casos de desesperación, unidades enteras se lanzaban a un ataque suicida contra los finlandeses, con el ánimo de acabar de una vez por todas con tanto sufrimiento. También es cierto que los finlandeses, que conocían el carácter supersticioso de los rusos, y más de aquellos campesinos sin preparación militar que les había enviado Stalin, hicieron correr tremebundas historias de terror sobre monstruos y fantasmas que recorrían los bosques en busca de pobres diablos con los que saciarse. Era la táctica de guerra psicológica.

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Un soldado finlandés encuentra la piel desollada de un soviético

En este contexto de desesperación y miedo, se produjo el siguiente episodio. Un batallón finlandés encontró en el bosque helado todo un pelotón de soldados soviéticos muertos en extrañas circunstancias, pues muy pocos cadáveres estaban enteros, como si hubiesen sido atacados por alguna alimaña de gigantesco tamaño. Incluso había cuerpos desollados, como se puede observar en la foto. Posiblemente fue un caso de locura colectiva que llevó al batallón soviético a matarse entre sí con ánimo de devorar a los más débiles, antes de fallecer los más fuertes por el intenso frío y las privaciones.

John Huston en las islas Aleutianas

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John Huston, uno de los grandes directores de cine norteamericanos de todos los tiempos, y como otros cineastas como Frank Capra o John Ford, se involucró en la Segunda Guerra Mundial. Tras ser movilizado, fue destinado en principio a las ignotas islas Aleutianas, al norte del Pacífico, donde completó un documental que se tituló precisamente «Informe desde las Aleutianas» («Report from the Alautians» es el título original). La película es de 1943, con guión del propio Huston y música de Dimitri Tomkin. El metraje es de 47 minutos.

En este reportaje, el director de obras maestras como «El halcón maltés», «La Reina de África» o «El hombre que pudo reinar», consigue aunar su sabiduría cinematográfica con imágenes históricas espectaculares. En el documental, Huston cuenta la  construcción de bases militares norteamericanas en las gélidas islas Aleutianas, algunas de las cuales habían sido invadidas por los japoneses. Huston intentó reflejar la tensión a la que estaban sometidos un grupo de soldados norteamericanos ante la inminencia del combate en un ignoto rincón del mundo, cercano a Alaska. El director realizó tres documentales entre 1942 y 1945 para el US Army Signal Corps (USACS), organismo del Ejérito de EEUU que desarrolla comunicaciones y sistemas de informaciòn para las Fuerzas Armadas. Los otros documentales que realizó durante su servicio militar fueron «San Pietro» (1945) y «Hágase la luz» (1946). Este último abordaba un espinoso tema; el de los veteranos de guerra que retornaban psíquicamente enfermos a casa, como consecuencia de la descomunal tensión que supone cualquier conflicto armado.

Huston era un hombre alto, elegante, encantador y con un insaciable gusto por la vida, por los caballos, las mujeres, la bebida, el juego, la aventura, el trabajo, la lectura, el arte, Irlanda y por casi todos los asuntos mundanos, como refleja en sus interesantísimas y divertidas memorias. Un aventurero nato, cuya condición se nota en todas y cada una de sus películas.

Operación Dinamo

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Es el nombre en clave que los Aliados dieron a la evacuación de las tropas francesas y británicas bloqueadas en Flandes, operación para la que hubo que movilizar a todas las naves disponibles en las zonas controladas por los Aliados en la región.

Los Aliados se encontraban cercados por las divisiones Panzer alemanas, pero cuando éstas estaban a punto de aniquilar a tan nutrido contingente, recibieron la orden de detener su imparable avance, algo del todo incomprensible. Hitler quería reservar sus tropas para el ataque a París y el 24 de mayo dio orden de detenerse a sus divisiones acorazadas, en contra de la opinión del comandante en jefe del Ejército, el coronel general Walther von Brauchitsch. O quizá Hitler no quería someter a tan excesivo castigo a los británicos por si necesitaba emprender alguna negociación de paz. En cualquier caso, los sorprendidos aliados reagruparon sus fuerzas y se retiraron hacia la ciudad portuaria flamenca de Dunkerque. El 27 de mayo se inició la Operación Dinamo para evacuar a las tropas aliadas de Flandes hacia Gran Bretaña. La operación se saldó con gran éxito, pues fueron rescatados hasta 338000 soldados, trasladados al otro lado del Canal de la Mancha en todo aquello pudiese flotar sobre el mar: destructores, remolcadores, barcos de pesca y yates. Los soldados ingleses y franceses esperaron pacientemente en las playas de Dunkerque ser embarcados, por lo que se formaron grandes colas. Para aliviar la carga, dejaron abandonado parte de su equipo, como los cascos militares.

Cuando los alemanes fueron conscientes por fin de la gigantesca evacuación, Hitler anuló de inmediato la orden de detenerse a sus divisiones, y dio comienzo la batalla de Dunkerque. Los soldados aliados que todavía quedaban en la zona sufrieron el fuego de los aviones alemanes, quienes causaron un gran número de bajas. Unos 40000 aliados, en su mayoría franceses, cayeron prisioneros. Con la conquista de Dunkerque finalizó la primera parte de la ofensiva alemana en el frente occidental. En menos de un mes, la Wehrmacht había alcanzado sus objetivos iniciales, sin graves pérdidas gracias a una minuciosa planificación táctica y estratégica.

La invasión de Bélgica

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Leopoldo III, rey de los belgas

En la madrugada del primer día de la Operación Sichelschnitt, los alemanes desembarcaron tropas aerotransportadas en el interior de la fortaleza de Eben-Emael en el norte de Lieja, considerada hasta entonces inexpugnable en un ataque terrestre. El 18 de mayo de 1940, en Bruselas, Amberes y Lieja ondeaba ya la bandera nazi. Los Aliados habían pensado que el grueso de la ofensiva alemana se efectuaría contra el norte de Bélgica, y hacia allí desplazaron sus unidades, pero a costa de dejar desguarnecido el flanco derecho, la región de Las Ardenas. Habían caído en la trampa que los alemanes les habían tendido.

El Grupo de Ejércitos A alemán cruzó las Ardenas desde el sur de Bélgica y Luxemburgo, y el 14 de mayo cruzaba el río Mosa. La retaguardia del norte de Francia estaba desprotegida. Al oeste del Mosa, los blindados alemanes siguieron el plan preestablecido, y avanzaron hacia el Canal de la Mancha. La escasa oposición con la que se encontraron en su irresistible avance carecía de armamento y conocimientos para enfrentarse a los carros de combate. Por esta razón, el ataque alemán fue tan rápido y sorpresivo, y empujó a la infantería aliada hacia el mar. El 20 de mayo, la 2ª División Panzer llegó hasta la desembocadura del río Somme, en el Canal de la Mancha. La Operaciòn Sichelschnitt había culminado con éxito. Al norte de esta línea, las tropas aliadas quedaron bloqueadas en Flandes, dentro de una gigantesca bolsa que iba desde el río Escalda hasta el Somme.

El 28 de mayo, el Ejército belga capituló por orden del rey Leopoldo III, quien se entregó a los alemanes como prisionero de guerra, en contra de la voluntad de su gobierno. El 31 de mayo, el Parlamento belga, exiliado en Limoges, lo depuso.

El golpe a Holanda

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El general holandés Henri Gerard Winkelman

El Grupo de Ejércitos A alemán atacó Luxemburgo y el sur de Bélgica, y el Grupo de Ejércitos B, invadió el norte de Bélgica y Holanda. En Holanda, el Ejército holandés mantenía una línea de defensa, la Festung Holland, que protegía las ciudades de Amsterdam, Utrecht y Rotterdam. Los paracaidistas alemanes saltaron detrás de esta línea defensiva para apoderarse de objetivos estratégicos. Los holandeses, sin embargo organizaron una enconada resistencia que ocasionó numerosas bajas a los alemanes, que no pudieron conquistar los aeropuertos de La Haya. Las tropas aerotransportadas germanas lograron apoderarse de los puentes sobre los ríos Mosa, Waal y Lek, por donde se lanzaron los blindados alemanes, que se internaron en Holanda cortando la comunicación terrestre entre las fuerzas holandesas y los aliados del sur. En Rotterdam, las tropas de élite de la marina holandesa, se defendieron con gran tenacidad, pero los refuerzos franceses e ingleses enviados por mar no lograron salvar la ciudad. Para obligar a los neerlandeses a rendirse, el comandante en jefe de la Luftwaffe, Hermann Göering, ordenó el bombardeo de Rotterdam. Cuando los bombarderos nazis iban de camino a cumplir su siniestro cometido, la guarnición de Rotterdam capituló, pero la orden de regresar a sus bases sólo llegó a una mínima parte de los aviones alemanes. El resto arrasó el centro de Rotterdam. Para evitar más bombardeos, el comandante en jefe holandés, el general Henri Winkelman firmó la capitulación de Holanda, después de que la reina Guillermina y el Gobierno se exiliasen en Inglaterra.

Holanda fue ocupada y gobernada por una administración civil. Arthur Seyss-Inquart fue nombrado comisario del Reich en los Países Bajos.

Operación Sichelschnitt

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El general alemán Erich von Manstein

Tras la rápida ocupación de Dinamarca y Noruega, el denominado Plan Amarillo (Fall Gelb), el nombre el clave de la gran ofensiva alemana en el frente occidental, se retrasó hasta en 29 ocasiones. Por fin, en mayo de 1940 parecieron darse las condiciones necesarias para llevarla a cabo con éxito.

El plan de operaciones Sichelschnitt («golpe de hoz»), diseñado por el teniente general Erich von Manstein desde otoño de 1939, fue considerado por el Alto Mando del Ejército alemán como muy arriesgado. Quizás por eso mismo fue por lo que lo escogió el Führer. Consistía en invadir Holanda y Bélgica, a fin de atraer a las tropas británicas y francesas hacia Bélgica. La previsible maniobra aliada debía facilitar así el principal ataque alemán a través de Luxemburgo, las Ardenas y el norte de Francia hacia el Canal de la Mancha, lo que acorralaría a las tropas aliadas en el norte de Bélgica, como así habría de ocurrir. Hitler, para variar, no tenía ningún problema en invadir 3 estados neutrales: los países del Benelux.

Contra la potente línea Maginot, creada por los franceses a lo largo de la frontera franco-alemana después de la Gran Guerra (se construyó entre 1922 y 1936), y en previsión de una ataque alemán, los alemanes sólo habían previsto efectuar ataques de distracción. A lo largo de esta frontera, la potencia de las tropas alemanas y francesas era bastante similar, aunque se diferenciaban en cuanto al número de efectivos y armamento. No obstante, y debido a esta relativa proporción de fuerzas, la táctica y la estrategia se iban a revelar decisivas. Y ahí, los alemanes eran superiores, al menos en los primeros estadios de la guerra.

El 10 de mayo de 1940 comenzó la ofensiva alemana en el frente occidental, a través de Luxemburgo, llegando hasta la ciudad holandesa de Nimega, un movimiento que sorprendió a los Aliados, absortos como estaban en los diversos movimientos fronterizos de las tropas del Tercer Reich, que habían durado varias semanas sin asestar el golpe definitivo.

La Guerra de Invierno

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Al finalizar la invasión de Polonia, la URSS se lanzó a mejorar sus posiciones en el mar Báltico, para lo que debía ocupar los países bálticos y algunas zonas de Escandinavia, que habían sido antiguas posesiones rusas. Esta estrategia estaba destinada a mejorar sus posiciones en la región, en previsión del conflicto con Alemania, que llegaría más tarde o más temprano, a pesar del Pacto de No Agresión Germano-Soviético firmado entre los ministros de asuntos exteriores Von Ribbentrop y Molotov, alemán y soviético, respectivamente. Una forma como otra cualquiera de ganar tiempo por parte de ambas potencias.

Ante la insistente presión militar y política de la URSS, los denominados Estados Bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, se vieron obligados a firmar con su poderoso vecino los llamados «pactos de asistencia mutua», con lo que permitían que los soviéticos instalaran bases aéreas y marítimas, además de establecerse tropas soviéticas en el territorio de estas repúblicas. Pero si bien la agresiva política soviética tuvo éxito en estos pequeños países, antiguos territorios del imperio de los zares, fracasó estrepitosamente en otra región que en tiempos también había formado parte del viejo imperio ruso: Finlandia. El país escandinavo era independiente desde 1918 y se opuso enérgicamente a la presión de Stalin.

En octubre de 1939, los delegados finlandeses desplazados a Moscú para tratar «cuestiones políticas concretas», según las palabras de los dirigentes soviéticos, recibieron una serie de exigencias, algunas de ellas inaceptables. La frontera finlandesa del istmo de Carelia, cercana a Leningrado (San Petersburgo), debía trasladarse al norte para proteger la antigua capital de los zares de un hipotético ataque enemigo a través de territorio finlandés. Los soviéticos no se quedaron ahí. Querían más: la cesión de varias islas en el golfo de Finlandia, la región de Pétsamo, en la costa ártica, y el arrendamiento de la península de Hanko, en el sur de Finlandia. Los soviéticos ofrecieron contrapartidas, pues ofrecían la ampliación del territorio central finlandés hacia oriente. Los finlandeses se mostraron dispuestos a aceptar todos los draconianos puntos excepto el que se refería a la península de Hanko, pues significaba dejar en manos soviéticas una base militar próxima a Helsinki, capital del país escandinavo. Por ello, el 13 de noviembre de 1939, se rompieron las negociaciones. Así que los soviéticos, que ya esperaban la negativa finesa, pasaron a la acción y provocaron la guerra fino-soviética amparándose en un supuesto incidente fronterizo. Los soviéticos aseguraron ante la opinión pública mundial que el 26 de noviembre, la artillería finlandesa había abierto fuego contra tropas soviéticas en la población de Mainila, y al día siguiente denunciaron el Pacto de No Agresión Fino-Soviético, firmado en 1932. Comenzaba así la denominada Guerra de Invierno, en la que Stalin confiaba con obtener un rápido y rotundo triunfo. Pero no fue así…

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Mariscal Carl Gustaf Emil Mannerheim

El 30 de noviembre y sin declaración previa de guerra, un poderoso ejército soviético cruzó la frontera con Finlandia. Helsinki fue bombardeada. A pesar de la manifiesta inferioridad finlandesa tanto en armamento como en soldados, el Ejército escandinavo, bien dirigido por el mariscal Mannerheim (considerado hoy en día héroe nacional finés) consiguió resistir la avalancha soviética, a cuya vanguardia iban divisiones blindadas. Los tanques soviéticos fueron inútiles ante el conocimiento del terreno que demostraron los defensores finlandeses, cuya habilidad en la técnica del esquí, provocó la apertura de brechas en el frente, hostigando constantemente la retaguardia soviética. En los frentes del norte y centro, los finlandeses lograron aniquilar hasta cuatro divisiones soviéticas. Hasta mediados de diciembre, los soviéticos quedaron retenidos en todos los frentes y los ataques aéreos no sólo no quebraron la voluntad de resistencia de los finlandeses, sino que la incrementaron.

Pero la superioridad soviética terminó por imponerse, pese a las graves e inesperadas pérdidas sufridas ante un ágil enemigo al que habían considerado muy inferior. El problema de subestimar al contrario puede jugar malas pasadas, como le ocurrió a Stalin en esta ocasión. Además los fineses recibieron muy poca ayuda por parte de las naciones amigas, temerosas de que después los soviéticos se volviesen contra su inestable neutralidad. Como fue el caso de Noruega y Suecia, que mantuvieron la neutralidad oficial, aunque grupos de voluntarios combatieron en las filas del ejército finlandés.

Por fin, en enero de 1940, los soviéticos reorganizaron su ejército, que fue reforzado notablemente, lanzando una gran ofensiva sobre el istmo de Carelia. Los finlandeses se vieron obligados a retroceder, pues sus fuerzas estaban ya muy justas y escaseaban las municiones. El 29 de febrero, el Gobierno finlandés ofreció a los soviéticos el inicio de negociaciones de paz que Stalin aceptó. Los finlandeses, contra todo pronóstico habían conseguido defender la soberanía e independencia de su país y con la Paz de Moscú, el 12 de marzo de ese mismo año, el país salió relativamente bien parado y a pesar de la situación extremadamente crítica. A consecuencia del tratado de paz, Finlandia perdía varias islas del golfo de Finlandia, gran parte de Careiia y franjas de la Finlandia central y septentrional, y cedían en arriendo la península de Hanko durante 30 años. A cambio, mantuvieron la independencia.

 No obstante, el número de bajas soviéticas fue muy superior a las de los finlandeses, un hecho que dañó muy seriamente la reputación de las fuerzas armadas soviéticas, pues desde la Guerra de Invierno, tanto Hitler como las potencias occidentales tendieron a infravalorar la capacidad bélica de la URSS. Moscú reaccionó reformando la instrucción militar y la estrategia del Ejército Rojo, efectuando sobre él una profunda y amplia reorganización.

La Música Clásica en la Segunda Guerra Mundial

La musica no quedó interrumpida por la guerra pese a las dificultades que esto acarreaba. De hecho se compusieron varias obras de alto nivel. paso a relatar algunas de ellas :

Olivier Messiaen – Cuarteto para el fin de los tiempos (Quatuor pour la fin du temps)

Messiaen fue un soldado del ejército francés durante la Batalla de Francia. Fue hecho prisionero en 1940 en Verdún, e internado en un campo de prisionero, en Görlitz. Allí encontró a varios músicos cautivos : jean Le Boulaire (violinista), Étienne Pasquier (violonchelista) y Henri Acoca (clarinetista),para los que compuso un trío. Más adelante, a finales de 1940 y principios de 1941 compuso el “Cuarteto para el fin de los tiempos”, inspirado en un pasaje del Apocalipsis bíblico, unido a las privaciones y el encierro al que estaba sometido. Lo hizo para piano, violín, violonchelo y clarinete, porque eran los instrumentos que tenía disponibles.

Los arriba señalados, más Messiaen al piano, estrenaron el cuarteto el día 15 de enero de 1941, con una audiencia compuesta de prisioneros y guardianes,que escucharon con enorme atención.

Durante ese año 1941, Messiaen fue liberado del campo de prisioneros, y pudo retomar su actividad como músico en Francia.

La simbología del NSDAP

En agosto de 1920, el partido nazi tomó el nombre definitivo de Nationalsozialistche Deutsche Arbeiterpartei (NSDAP), el Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores. Entre esa fecha y 1921, inició su transformación en movimiento paramilitar. En junio de 1921, Hitler se adueña prácticamente del partido, desaparecido de la escena el fundador Karl Harrer y relegado el otro fundador del movimiento, Anton Drexler, a la presidencia honorífica. El NSDAP comienza a forjar su nueva ética agresiva contra los débiles partidos burgueses de la República de Weimar. Con el pretexto de preparar la defensa de sus propios comicios contra las acciones callejeras de sus adversarios políticos, socialdemócratas y comunistas, fundamentalmente, organizaron en agosto de 1921 las primeras «secciones de asalto», las SA (Sturmabteilungen).

Hacia finales de 1920, el NSDAP había progresado adecuadamente a juicio de sus líderes en cuanto a su actividad propagandística. El partido se hace con un órgano de prensa, el Völkischer Beobachter, que posteriormente, y de la mano del ideólogo nacionalsocialista Alfred Rosenberg, se convertirá en el portavoz de la lucha antidemocrática, antibolchevique, nacionalista, pangermanista y antisemita, señales de identidad del NSDAP. El Partido Nazi aparece así estructurado, pero es necesario todavía un símbolo: la bandera roja con la cruz gamada sobre disco blanco.

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La bandera del NSDAP, símbolo de su ideología

El propio Hitler explica la simbología de la bandera que representa en principio al partido, y que, más tarde, con la victoria del NSDAP en las elecciones de noviembre de 1932 y el acceso a la cancillería de su mesiánico líder en los inicios de 1933, será la bandera de todo un país.

«En el color rojo simbolizamos la concepción social del movimiento; en el blanco, la nacionalista; en la cruz gamada, la misión de luchar por la victoria del hombre ario y, al mismo tiempo por la victoria de la idea del trabajo creador, que siempre ha sido y será antisemita»

Adolf Hitler – Mein Kampf