Un beso de ¿pasión? (y de alivio) en Times Square

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Un beso de ¿pasión? (y de alivio) en Times Square

El fotógrafo

El beso de Times Square. Alfred Eisenstaedt
El fotógrafo. Alfred Eisenstaedt

Alfred Eisenstaedt fue un fotógrafo nacido en Alemania, en el oeste de Prusia (actualmente Polonia) en 1898 que salió por patas de su país en 1935 espoleado por las malas praxis del régimen nacionalsocialista, pues Eisenstaedt procedía de familia judía.  Fue autor de la fotografía del beso en Times Square (Nueva York) entre un apasionado y emocionado marinero y una más recatada enfermera, a la que, sea dicho de paso, parece que le pilló de sorpresa la fogosa actuación del marino. Eisenstaedt se había nacionalizado americano y vivía en la ciudad de los rascacielos. Solía salir a la calle con su cámara Leica M3, como buen fotorreportero de vocación que era. El día 14 de agosto de 1945 (el V-J Day, Día de la Victoria sobre Japón), cuando el Japón se rindió después de sufrir en sus propias carnes la explosión de sendas bombas atómicas que se llevaron por delante varias decenas de miles de vidas de forma instantánea (más las que fallecieron en los meses y años subsiguientes a consecuencia de espantosas quemaduras y de la radiación subyacente), la gente se echó a la calle en las ciudades americanas para celebrar el fin de la guerra. El fotógrafo captó varias imágenes del acontecimiento y de la felicidad reflejada en el rostro y en la actitud de la gente, que por fin se había liberado de una pesadilla que ya duraba largos años.

Los protagonistas del beso de Times Square

Los protagonistas del beso de Times Square

Una de las fotografías de Eisenstaedt fue la que representa a una pareja que no se conocía entre sí y que se besaba apasionadamente. O mejor, él besaba con arrebato a ella. Él, marinero. Ella, enfermera. Ninguno de los tres protagonistas (fotógrafo incluido) no lo sabían en ese preciso instante, pero la imagen se convirtió en un icono de la Segunda Guerra Mundial, el que representa más que ningún otro la alegría y el alivio por la conclusión del conflicto más cruel y destructivo que vieron jamás  los tiempos.

El marinero

Los protagonistas más probables del hecho fueron el marinero del destructor USS The Sullivans, George Mendonça, que salía del Radio City Music Hall acompañado de su novia Rita. No sabían nada del revuelo que se habia organizado en la calle hasta que algún alborozado viandante les comunicó que la guerra había terminado. George ya no tendría que volver al frente del Pacífico, donde había combatido. Entusiasmado por la sensacional noticia, decidió celebrarlo a su manera, y lo que le salió del corazón fue darle un sonoro beso, de pasión (y de alivio también) a la primera enfermera a la que echase el ojo. Sin importarle lo que pensase Rita. Lo hizo para agradecer el sacrificio de las enfermeras en la guerra. Parece que Rita no se lo tomó demasiado a mal (debía conocer lo impulsivo que era su George), pues posteriormente se casaron, fueron felices y comieron perdices, como aseguran los finales de los buenos cuentos infantiles y no tan infantiles.

La enfermera

Los protagonistas del beso de Times Square en los años 40

La enfermera receptora del beso (nunca sabremos a ciencia cierta el porcentaje de reciprocidad, si es que la hubo) de pasión, agradecimiento y alivio del marinero Mendonça fue Greta Friedman, que a la sazón tenía 21 añitos. Ella misma relata el fugaz encuentro con el joven marino:

era ayudante de un dentista, por eso vestía de enfermera. Aquella mañana, salí a desayunar y decidí acercarme a Times Square; de repente, un marinero me agarró de la cintura y, sin decirme nada, me besó. El tipo simplemente se acercó y me agarró; no fue mi elección que me besaran y, por supuesto, el beso no fue nada apasionado, ni romántico“.

(Versión recogida del libro La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos, de Juan Eslava Galán)

Las imágenes parecen desmentir a la enfermera Greta, pero si ella lo dice…Otra cosa: Greta era ciudadana norteamericana, judía de origen austriaco. Sus padres murieron en el Holocausto.

Después del beso

Tras el beso no se volvieron a ver, hasta que la revista Life los reunió, ya ancianos, en 2012. Pero la magia del momento ya no existía, pues las circunstancias habían cambiado por completo. Ni los protagonistas eran los jóvenes llenos de vida de antaño, ni acababa de terminar la guerra de las guerras. Eran, siempre lo fueron, dos desconocidos que coincidieron durante unos pocos segundos en un día muy especial. En el mismo lugar y a la misma hora había un fotógrafo. Todo este cúmulo de factores alumbró uno de los iconos del siglo XX. ¡Y sin haberlo preparado, nos ha salido un pareado! ¿O es que Eisenstadt les pidió que posaran de esta guisa, sabiendo que la foto sería tan trascendental? Pues mire usted que lo dudo mucho, pero torres más altas han caído…

Hubo más candidatos a protagonistas del hecho, como Glenn McDuffie y la enfermera Edith Shain, pero son Mendonça y Friedman quienes se llevaron el gato al agua en esto del beso de Times Square.

El encuentro entre Eisenstadt y Goebbels

Alfred Eisenstadt también fotografió a otros personajes (la maravillosa Marilyn Monroe incluida), como fotógrafo de la revista americana Life. En 1933, durante una reunión de la  Sociedad de Naciones en Génova, captó dos imágenes de Joseph Goebbels, en las que el ministro de Propaganda nazi aparece con un semblante tan diferente como la noche y el día. En una se le ve sonriente y agradable (dentro de un orden, eso sí), y en la otra con una expresión de odio reconcentrado y ganas de matar a alguien. Las dos instantáneas fueron tomadas con pocos minutos de diferencia. ¿Qué había pasado entre una y otra? Algo muy simple. Goebbels no sabía en la primera que el fotógrafo que le inmortalizaba era judío, y por eso mostraba su sonrisa más seductora. En la segunda, alguien de su séquito se lo había soplado. La mirada de rencor del nazi lo dice todo. No hay más que verle…

El beso de Times Square. Goebbels antes y después de saber que el fotógrafo Eisenstadt era judío
Goebbels antes y después de saber que el fotógrafo Eisenstadt era judío
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