El último esfuerzo alemán en las Ardenas

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American soldiers of the 289th Infantry Regiment march along the snow-covered road on their way to cut off the St. Vith-Houffalize road in Belgium.  January 24, 1945.  Richard A. Massenge.  (Army) NARA FILE #:  111-SC-199406 WAR & CONFLICT BOOK #:  1079
Soldados norteamericanos en la región de Saint-Vith, enero de 1945.

El avance de los aliados en el frente occidental obligó a Hitler a intentar un plan desesperado, ejecutando una contraofensiva que echase al mar a los invasores. El plan concebido por la mente fanatizada aún más de Hitler era prácticamente imposible de llevar a cabo con éxito pues necesitaba de ingentes recursos materiales y humanos que Alemania ya no estaba en condiciones de ofrecer. Aún así, el Führer ordenó al mariscal von Rundstedt, que dirigía el Alto Mando alemán en el frente occidental, cargo al que había accedido sustituyendo a Rommel, caído en desgracia y posteriormente suicidado, alcanzado por rescoldos del incendio que supuso el fallido atentado del 20 de julio de 1944. El plan alemán se basaba en superar el río Mosa, entre las ciudades de Lieja y Namur, a fin de alcanzar la costa a la altura de Amberes, donde se concentraban numerosas tropas angloamericanas, entre el frente alemán y el mar del Norte. El objetivo, que se antojaba muy ambicioso, consistía en liquidar estos contingentes aliados. Es la conocida batalla de las Ardenas, el último gran esfuerzo alemán no por vencer la guerra, que ya se veía como una quimera (excepto Hitler, que vivía en su propio mundo), sino en retrasar lo inevitable.

El 16 de diciembre de 1944, 27 divisiones de infantería y motorizadas y 8 divisiones blindadas, que incluían algunas de las más aguerridas unidades de las SS, comenzaron un ataque sorpresa que descolocó de momento a los aliados, pero no consiguió los objetivos previsto, aunque retrasó durante algunas semanas la ofensiva aliada. Además de suponer importantes pérdidas humanas y materiales. Peor les fue a los alemanes, pues con esta ofensiva perdieron numerosas fuerzas que ya no era posible reemplazar, pues ya no había más cera que la que ardía. Al contrario que en el bando aliado, cuyos recursos, con la puesta en marcha sobre todo de la descomunal economía de guerra norteamericana, eran prácticamente inagotables. El 3 de enero, una vez repuestos de la sorpresa y reorganizadas las tropas anglonorteamericanas, los aliados lanzaron una mortal contraofensiva que les había de llevar a sobrepasar las fronteras alemanas y a combatir en el territorio del Tercer Reich. El intento alemán de recuperar la iniciativa en las Ardenas quedó así en agua de borrajas. La suerte de la Alemania nazi, por si quedaba alguna duda, estaba completamente echada.

Por mucho que todavía el 12 de abril de 1945, Hitler dijese cosas como éstas: “Es una lucha que hay que plantear, por una y otra parte, hasta el agotamiento, y por lo que a nosotros respecta sabemos que lucharemos hasta la victoria o hasta la última gota de sangre”. Debía estar ciego.

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