Tormenta de fuego en Dresde

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Residentes y personal de emergencia amontonan cuerpos antes de ser incinerados, en el Mercado Viejo de Dresde, tras los bombardeos.

Una tormenta de fuego o ígnea es el efecto físico que se genera cuando se unen los focos de varios incendios. El aire abrasador se eleva varios kilómetros en el cielo sobre el fuego, que crea a nivel del suelo una gran depresión atmosférica que succiona el aire del entorno, avivando el incendio con nuevo y constante aporte de oxígeno. En estas condiciones se originan vientos huracanados que imposibilitan la huida del fuego. En la tormenta ígnea las temperaturas son tan altas que pueden derretir el asfalto de las calles, que incluso llega a arder. Todo bicho viviente queda inmediatamente incinerado.

En el bombardeo de Dresde por los aliados, los bombarderos norteamericanos y británicos descargaron una brutal combinación de bombas detonantes e incendiarias en una primera oleada y más de medio millón de bombas incendiarias en una segunda pasada para alimentar el primer incendio que estaba devastando el centro de una ciudad superpoblada. La violenta tormenta de fuego desatada reventó los edificios e incineró todo el material susceptible de arder, es decir, casi todo, seres humanos incluidos. Después de los dos grandes ataques en menos de tres horas, la ciudad se convirtió en un gigantesco mar de llamas, porque los focos de miles de incendios se unieron en una sola tormenta ígnea de proporciones bíblicas.

En Dresde el alquitrán de las calles se derritió, aprisionando los zapatos de muchos desdichados que huían. Cayó plomo derretido sobre las cabezas de la gente, que en su desesperación buscaron salvarse arrojándose a las fuentes o canales de agua. Tampoco era solución pues las bombas de fósforo hacían hervir el agua, cociendo literalmente a los que se habían tirado al agua. Otros, en fin, perecieron en cualquier lugar de aquel infierno en la tierra con los pulmones sofocados por el humo. Esa noche del 13 al 14 de febrero de 1945 murieron en el bombardeo de Dresde, considerado el más brutal de la historia, unas 25000 personas en una ciudad superpoblada por la continua afluencia de refugiados que huían de la incontenible avalancha soviética. Aunque en su día, Goebbels dio la cifra de un cuarto de millón de civiles alemanes muertos. Propaganda, claro.

Los Aliados estaban devolviendo, ojo por ojo y diente por diente, pero elevados a la enésima potencia, los bombardeos alemanes a Inglaterra, incluidos los ataques de los incipientes misiles V-1 y V-2.

¿Por qué se arrasó esta desgraciada ciudad tan a conciencia? Algunos autores son de la opinión de que los angloamericanos querían demostrar a Stalin el poderío destructivo de las democracias occidentales, que lo tenían y en gran cantidad, como demostraron en este caso. Había que contener las ambiciones expansionistas del aliado soviético, un aliado necesario en aquellos momentos, pero que se convertiría en el enemigo poco tiempo después, una vez eliminado el enemigo común, el nacionalsocialismo hitleriano. La teoría oficial hasta el momento era que este tipo de ataque tan destructivo directamente sobre la población civil ocasionaría un problema de refugiados gigantesco y de derrumbe de la moral tanto en el frente de combate como en la retaguardia alemanas.

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