Los alemanes saquean Europa

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Hitler y el arte

Cuando Alemania conquistó Europa, intervino las monedas nacionales, imponiendo un cambio muy favorable al marco alemán. Por ello, por ejemplo, a los soldados alemanes que estaban de guarnición en París les daba mucho de sí el salario que percibían. Pero no sólo era en París. A los soldados alemanes se les pagaba en la moneda del país ocupado y se les recomendaba comprar todo lo que se les ocurriese para enviarlo a casa, lo que hacía que las familias alemanas estuviesen encantadas con la guerra. Al menos mientras fue bien la cosa. Era una forma eficaz utilizada por los nazis para atraer lealtades, sin duda. Millones de alemanes vieron como se elevaba su nivel de vida, pues sus familiares soldados les mandaban los mejores productos de los países conquistados: seda, licores y café de Francia, miel y tocino de Rusia, arenques de Noruega o pieles de Ucrania por poner solo unos ejemplos. El pillaje y expolio de la Europa ocupada por los nazis enriqueció a los alemanes de la retaguardia, lo que unido a la propaganda de Goebbels explica en parte la falta de resistencia en este período a los desmanes nacionalsocialistas. Durante este tiempo, Alemania estuvo bien provista de todo tipo de bienes, mientras que en los países ocupados se pasaban calamidades por doquier e incluso hambrunas.

El Estado nazi requisó el oro de los bancos nacionales de las naciones invadidas, de las pertenencias (y dentaduras) de los judíos exterminados y lo vendieron a Suiza, ese país que extrañamente nadie tocó (ni toca). El país alpino pagaba este oro en francos helvéticos, y con ese dinero, Alemania hacía sus compras en países neutrales o no beligerantes, como Suecia, Portugal, España, Italia (antes de entrar en guerra) o Turquía. Estos países a su vez obtenían oro en Suiza a cambio del dinero que les pagaban los alemanes. Negocio redondo, y me parece que más para Suiza que para cualquier otro Estado.

En toda la Europa invadida, los costes de mantenimiento del ejército alemán corrieron a cargo de los países ocupados, como “indemnizaciones de ocupación” o “contribuciones para su protección general”. Con una excepción: la URSS, donde Stalin trasladó el oro y sus industrias allende los Urales. Además, millones de trabajadores extranjeros fueron enviados a Alemania a trabajar en condiciones de esclavitud en la mayoría de los casos.

Por no hablar de las colecciones de arte estatales rapiñadas por los nazis, algunos de cuyos jerarcas eran consumidores compulsivos de arte, como Göring. La recuperación por los aliados de millones de obras de arte expoliadas por los nazis al final de la guerra es la trama de la película de George Clooney, The Monuments Men. En honor a la verdad, decir que algún gerifalte aliado (y no tan gerifalte) se quedó con alguna de las obras que debían ser devueltas a las colecciones privadas y a los museos nacionales de donde había sido requisada en su día. Pero ésa es otra historia.

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