La influencia de Martin Bormann sobre Hitler

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Martin Bormann, el mayordomo del Führer

Según muchos investigadores, Martin Bormann gobernó secretamente el Tercer Reich. Y posiblemente eso fue así porque conocía cosas sobre Hitler que éste no deseaba que saliesen a la luz, y que hacía que el Führer fuese condescendiente con Bormann. A Bormann le traían sin cuidado los aspectos externos del poder. Él aspiraba a conseguir la realidad intrínseca del mismo, y según muchos, lo consiguió. Eso sí, a costa de ser contemplado con desdén por numerosos jerarcas de la Corte hitleriana, como Ribbentrop, sediento de títulos y honores (y considerado como un completo estúpido en muchos círculos); como Albert Speer, el arquitecto de Hitler, un intelectual snob; o Alfred Rosenberg, ese alocado idealista apóstol de la religión nazi, quien trataba al campesino Bormann como un vulgar iletrado.

Según Walter Schellenberg, antiguo jefe del servicio de espionaje alemán en el extranjero, Bormann controlaba a Hitler, haciéndose imprescindible al Führer, algo que ya sucedía mucho antes de que estallase la Segunda Guerra Mundial. Schellenberg aseguraba de Bormann que tenía la memoria de un elefante y la constitución de un buey, fornido, de poderosos hombros y cuello corto y grueso. Sabía exactamente qué decir y cuándo decirlo, al menos respecto a Hitler. Parecía tener el papel de una inteligente esposa que liberaba al Führer de las responsabilidades derivadas de las preocupaciones cotidianas, permitiendo que se centrara en los aspectos más importantes de su liderazgo.

Es posible que el poder y la influencia ejercida por Bormann sobre Hitler comenzase con el asesinato de la sobrina del Führer, Angela (“Geli”) Raubal, víctima de las perversiones sexuales de su tío. Según Ernst Haustaengl (periodista y jefe de prensa del partido nazi, que tuvo una gran cercanía e influencia en la ascensión hacia el poder de Hitler en la República de Weimar), unos dibujos realizados por Hitler mostraban a Geli en “posiciones y con detalles que una modelo profesional no habría permitido”. Estos dibujos fueron a parar a manos de un comerciante muniqués, que se los vendió a Bormann, que siempre parecía estar al acecho respecto a los temas que afectasen a su jefe. El 18 de septiembre de 1931, Geli fue asesinada en su apartamento de lujo de la Prinzregentplatz de Munich. Por entonces Bormann ya era una especie de mayordomo, el hombre de confianza de Hitler, pero posiblemente fue en este momento cuando comenzó su completo control sobre el Führer, tejiendo una espesa tela de araña en torno a él que ni siquiera los más allegados podían traspasar sin permiso del siniestro Bormann. Sigamos con el asunto Geli Raubal. Al lado de la pobre mujer se encontró el revólver de Hitler y su cuerpo desnudo presentaba variadas y contumaces contusiones. Estaba embarazada, pero no de Hitler, sino de un amante judío que se había agenciado, algo que su tío no le perdonó. Según Otto Strasser, antiguo gerifalte radical nazi rival de Hitler en el control del NSDAP, Hitler “no era capaz de desenvolverse normalmente en el terreno sexual”. No sabemos si Strasser decía estas cosas en venganza por perder el poder dentro del partido tras forcejear con su rival austriaco. Otto Strasser, al contrario que su hermano Gregor (que fue asesinado), logró escapar a Canadá (en su exilio canadiense se le conocía como el “prisionero de Ottawa”), donde permaneció hasta el final de la guerra. El caso es que, a pesar de las apariencias, Bormann se deshizo del cadáver de la chica y posiblemente fue él quien hizo circular el rumor de que Geli se había suicidado, para proteger a su jefe.

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Geli Raubal y su tío Adolf

Bormann siempre fue lo suficientemente inteligente para hacer un juego sucio al tiempo que ejercía de perro fiel de Hitler. Aunque de Hitler nunca se ha demostrado una abierta homosexualidad, miraba a su bovino y fiel servidor como el símbolo de masculinidad y su disgusto ante las relaciones sexuales normales suscitaron en el antiguo cabo austriaco admiración por el viril Bormann, hombre de primitivos instintos y casado con una recia alemanota con la que engendró diez hijos. Parece que fue el mismo Bormann quien facilitó el encuentro de Hitler con la mujer que, según su “sirviente”, convenía al Führer: una joven y asexual entusiata mujer llamada, claro, Eva Braun, que fue la amante oficial de Hitler hasta el final. Bormann debió de asignar a esta mujer el papel sustitutivo de una madre, un rol que la obligaba a escuchar (y aguantar) las inacabables diatribas que Hitler parloteaba sobre sí mismo. Sí, Eva Braun debió ser una mujer muy paciente.

Goering, el Mariscal de Campo, jefe de la Luftwaffe entre otros cargos en el régimen nazi (era el número dos del Tercer Reich), en una declaración efectuada poco antes de suicidarse (y privar así a los aliados de la satisfacción de ejecutarle tras ser declarado culpable de tropecientos delitos de lesa humanidad en los Juicios de Nuremberg), declaró textualmente que “Bormann estaba día y noche junto a Hitler, sometiéndolo gradualmente a su voluntad, de suerte que gobernaba su entera existencia”. ¿Envidia?¿Odio?¿Todo a la vez? Bormann controlaba al hombre que controlaba el Tercer Reich, lo que no hacía ninguna gracia al resto de los señores de la guerra de la camarilla nazi.

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