La batalla de Kurks, quizás la batalla más grande de la Historia

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mapa kursk

El Ejército Rojo, había derrotado a las tropas alemanas en Stalingrado, gracias a un formidable esfuerzo que dejó exhaustos a ambos contendientes. Pero Stalin jugaba en casa y le fue relativamente más fácil recuperar el resuello, algo que ahora les faltaba a los alemanes. Los soviéticos establecieron contacto con el norte del país, donde Leningrado continuaba asediada, y comenzó a avanzar en todos los sectores, contando con la inestimable ayuda de un gigantesco Ejército regular y de los partisanos que hacían la vida imposible a las tropas alemanas en el territorio soviético ocupado por el Tercer Reich. Tras Stalingrado, donde la capitulación alemana se produjo en pleno invierno ruso, en febrero de 1943, los soviéticos desencadenaron una ofensiva invernal que abrió en canal a los alemanes en el frente central, en torno a Kurks. Tras el avance invernal, a finales de marzo se pactó una tregua, para recuperar aliento. En ese momento, el Alto Mando alemán, que tenía que contraatacar para no perder comba, decidió aislar la zona de Kurks, donde se estaban concentrando fuertes contingentes del Ejército Rojo, del resto de fuerzas soviéticas. Fue el último gran esfuerzo de la Wehrmacht en el frente oriental, una operación bélica gigantesca donde los alemanes tenían que jugarse el todo por el todo si no querían perder más terreno. Era la Operación Zitadelle (Ciudadela), iniciada el 5 de julio de 1943. Como no era posible recuperar los territorios perdidos, el objetivo de los estrategas alemanes era causar el mayor número de bajas a los envalentonados soviéticos, y evitar el cerco de las tropas del Reich en la línea que va desde Orel a Jarkov. Además la ofensiva nazi debía garantizar la defensa de la cuenca del río Don, necesaria para continuar el conflicto con éxito.

Los alemanes intentaron efectuar una operación rápida que sorprendiese a los soviéticos antes de que pudiesen reconstruir sus defensas y recabar nuevas tropas ofensivas. Los alemanes necesitaban una operación de este tipo, un triunfo rápido, pues si se empantanaban en una batalla de desgaste como la que tuvo lugar en Stalingrado meses antes, su acción estaba destinada al fracaso. No olvidemos que todo un cuerpo de Ejército, el VI, había desaparecido en Stalingrado. Más de 250000 hombres, muertos, heridos o prisioneros. Pero se volvía a repetir la jugada, pues el IV y el IX Ejército blindado alemán se estrellaron contra las líneas soviéticas, habiendo avanzado entre 6 y 8 km al norte del frente y de 30 a 35 km en el sur. Habían fracasado en su intento de volver a tomar la iniciativa en el frente oriental y el 12 de julio tuvieron que suspender el ataque. Un nuevo y gigantesco revés para los alemanes, pues los soviéticos contraatacaron el mismo día 12. El 23 de agosto los soviéticos recuperaban Jarkov, el 24 de septiembre, Smolensko y el 6 de noviembre, Kiev. La cuenca del Don estaba de nuevo en manos del Ejército Rojo. Como consecuencia del retroceso nazi, cuyas tropas eran empujadas con fuerza por los soviéticos, a finales de verano de 1943 el frente centro-meridional del este se había desplazado hacia occidente entre 500 y 1300 km en algunos puntos. El Ejército Rojo cruzó el río Dnieper y a comienzos de noviembre, superaban la península de Crimea.

En la batalla de Kurks participaron unos tres millones de soldados, más de 6300 tanques y alrededor de 4400 aviones. Los alemanes sufrieron pérdidas irreparables, tanto en hombres como en material. Los soviéticos también, pero ya era evidente que los recursos de Stalin eran muy superiores a los alemanes. A partir de Kurks, los soviéticos ya no pararon hasta conquistar Berlín. El frente oriental se había desmoronado, aunque los alemanes todavía mantuvieron una resistencia casi numantina en muchos puntos.

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