La princesa Raspútitsa y el general Invierno

invierno ruso
Regimiento Panzer alemán atascado en la nieve en el frente ruso

El 3 de octubre de 1941, Hitler anunció solemnemente la derrota soviética. Y ya sabemos qué pasa cuando se anuncia tan solemnemente el final de una guerra. Que luego te dan por todos lados. Evidentemente el Führer no sabía la que se le iba a venir encima porque los rusos no estaban vencidos ni mucho menos. Hitler no había oído hablar de la raspútitsa, una de las armas secretas de origen natural con la que contaban los soviéticos. Es la consecuencia de las lluvias del otoño sobre el terreno reblandecido por la fusión de la nieve. Se genera un lodo casi líquido pero con la suficiente consistencia como para atrapar hombres, animales y…carros de combate. Los ejércitos alemanes se atascaron en la raspútitsa, un fenómeno característico de Bielorrusia, el oeste de Rusia y de Ucrania, y desconocido en Alemania. Siguieron avanzando, sí, pero mucho más lentamente. Los rusos ya se conocían el cuento. Cuando no se puede caminar por los caminos, mejor quedarse en casa. Y cuando termina el fenómeno de la raspútitsa, sobreviene el temible invierno ruso, ése que ha derrotado él solito a toda una Grande Armée. Que se lo digan a Napoleón, que cayó en la misma trampa que Hitler. Y es que uno parece que no escarmienta en cabeza ajena…

El barro de la raspútitsa se endureció por fin, pero por efecto de temperaturas de hasta cuarenta grados bajo cero, algo que los alemanes tampoco se esperaban. Además comenzó a nevar copiosamente. Los alemanes no estaban preparados para la que se les vino encima, pues vestían uniformes de verano, con la pretensión de acabar la campaña a finales de la estación o al comienzo de otoño como mucho. Sobre la nieve sus uniformes grises eran un blanco fácil para el enemigo. Además, para más inri, sus cascos de acero y los clavos de sus recias botas conducían el frío a la cabeza y los pies. Los alemanes no estaban equipados para resistir a las tropas del general Invierno y sufrieron casos de congelación cada vez más frecuentemente. Los motores de sus blindados se congelaban también y no conseguían arrancar. Para colmo, a pesar de todas las bajas que habían ocasionado en los ejércitos soviéticos desprevenidos, nuevas fuerzas procedentes de Siberia se les echaron encima como manadas de lobos hambrientos. Japón no estaba en guerra con la URSS ni lo iba a estar, lo que permitió a Stalin retirar millones de soldados siberianos en sus fronteras del este y traerlos al oeste para contener a los ateridos germanos. Recursos humanos no le faltaron al dictador georgiano, bien equipados con botas de fieltro, gorros de piel, ropa forrada de plumas y abrigos de algodón blancos para mimetizarse con la nieve. Además la infantería rusa fue apoyada por tanques T-34, cuyo motor no se congelaba nunca, y por una numerosa artillería.

A pesar de tantas y variadas dificultades, Hitler siguió en sus trece y ordenó avanzar como fuese hasta Moscú, donde se hallaba Stalin impartiendo órdenes a diestro y siniestro. La vanguardia del ejército alemán llegó a 35 km de Moscú, pero no pudo continuar. Los generales alemanes le sugirieron al Führer la conveniencia de retirarse a tiempo para reanudar la ofensiva cuando mejorase el tiempo, algo que no gustó ni un pelo a Hitler, que destituyó ipso facto a los generales “derrotistas”, incluido Guderian, el hombre que diseñó la guerra relámpago en el oeste de Europa. En ese momento Hitler se puso personalmente al mando de los ejércitos del Tercer Reich. Para echarse a temblar. Ni un paso atrás y resistir hasta la última gota de sangre para mantener las líneas era su lema. Al fin y al cabo era un veterano cabo austriaco de la Gran Guerra.

La Operación Gomorra y los Bombenbrandschrumpfleichen

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“Cuerpos encogidos por las bombas incendiarias” (Bombenbrandschrumpfleichen)

Entre los años 1942 y 1943, los aliados comenzaron a bombardear las grandes ciudades alemanas de forma rutinaria. A finales de julio de 1943 bombardearon durante una semana sin pausa la ciudad portuaria de Hamburgo. El nombre en clave de este ataque fue Operación Gomorra, por la ciudad de pecadores que según la Biblia destruyó Dios a base de una lluvia de fuego y azufre. Es lo que ocurrió en Hamburgo, arrasada por las ondas expansivas de las bombas explosivas y las bombas incendiarias de fósforo. Se originó una tormenta de fuego que destruyó la mayor parte de los edificios del casco antiguo. Murieron más de 30000 personas y 125000 fueron heridas de más o menos consideración.

Muchos de los muertos en Hamburgo fueron sepultados por los edificios derribados, otros con los pies clavados en el asfalto derretido de las calles, otros en los propios refugios antiaéreos asfixiados por la falta de oxígeno, consumido para retroalimentar la propia tormenta ígnea. Otros en fin, asfixiados por el monóxido de carbono procedente del napalm-B de las bombas incendiarias de fósforo. Las personas que no lograron alcanzar los refugios murieron con los pulmones abrasados por el aire a tan altas temperaturas o directamente quemados por el fuego. Las altas temperaturas deshidrataban los cuerpos y algunas personas fueron convertidas en momias dentro de sus ropas. Los bomberos los llamaban “cuerpos encogidos por las bombas incendiarias” (Bombenbrandschrumpfleichen).

Tormenta de fuego en Dresde

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Residentes y personal de emergencia amontonan cuerpos antes de ser incinerados, en el Mercado Viejo de Dresde, tras los bombardeos.

Una tormenta de fuego o ígnea es el efecto físico que se genera cuando se unen los focos de varios incendios. El aire abrasador se eleva varios kilómetros en el cielo sobre el fuego, que crea a nivel del suelo una gran depresión atmosférica que succiona el aire del entorno, avivando el incendio con nuevo y constante aporte de oxígeno. En estas condiciones se originan vientos huracanados que imposibilitan la huida del fuego. En la tormenta ígnea las temperaturas son tan altas que pueden derretir el asfalto de las calles, que incluso llega a arder. Todo bicho viviente queda inmediatamente incinerado.

En el bombardeo de Dresde por los aliados, los bombarderos norteamericanos y británicos descargaron una brutal combinación de bombas detonantes e incendiarias en una primera oleada y más de medio millón de bombas incendiarias en una segunda pasada para alimentar el primer incendio que estaba devastando el centro de una ciudad superpoblada. La violenta tormenta de fuego desatada reventó los edificios e incineró todo el material susceptible de arder, es decir, casi todo, seres humanos incluidos. Después de los dos grandes ataques en menos de tres horas, la ciudad se convirtió en un gigantesco mar de llamas, porque los focos de miles de incendios se unieron en una sola tormenta ígnea de proporciones bíblicas.

En Dresde el alquitrán de las calles se derritió, aprisionando los zapatos de muchos desdichados que huían. Cayó plomo derretido sobre las cabezas de la gente, que en su desesperación buscaron salvarse arrojándose a las fuentes o canales de agua. Tampoco era solución pues las bombas de fósforo hacían hervir el agua, cociendo literalmente a los que se habían tirado al agua. Otros, en fin, perecieron en cualquier lugar de aquel infierno en la tierra con los pulmones sofocados por el humo. Esa noche del 13 al 14 de febrero de 1945 murieron en el bombardeo de Dresde, considerado el más brutal de la historia, unas 25000 personas en una ciudad superpoblada por la continua afluencia de refugiados que huían de la incontenible avalancha soviética. Aunque en su día, Goebbels dio la cifra de un cuarto de millón de civiles alemanes muertos. Propaganda, claro.

Los Aliados estaban devolviendo, ojo por ojo y diente por diente, pero elevados a la enésima potencia, los bombardeos alemanes a Inglaterra, incluidos los ataques de los incipientes misiles V-1 y V-2.

¿Por qué se arrasó esta desgraciada ciudad tan a conciencia? Algunos autores son de la opinión de que los angloamericanos querían demostrar a Stalin el poderío destructivo de las democracias occidentales, que lo tenían y en gran cantidad, como demostraron en este caso. Había que contener las ambiciones expansionistas del aliado soviético, un aliado necesario en aquellos momentos, pero que se convertiría en el enemigo poco tiempo después, una vez eliminado el enemigo común, el nacionalsocialismo hitleriano. La teoría oficial hasta el momento era que este tipo de ataque tan destructivo directamente sobre la población civil ocasionaría un problema de refugiados gigantesco y de derrumbe de la moral tanto en el frente de combate como en la retaguardia alemanas.

La batalla de Leyte

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La invasión de las islas Filipinas por los norteamericanos dio comienzo en la madrugada del 20 de octubre de 1944. La Armada de EEUU bombardeó durante horas para ablandar las defensas japonesas, hasta que a las 10:00 desembarcaron las primeras unidades del Sexto Ejército americano, que tomaron las playas de Leyte al asalto. Horas después habían conseguido desembarcar 60000 hombres y 100000 toneladas de material. Los japoneses se replegaron hacia el interior y esperaron ayuda procedente de otras islas del archipiélago filipino.

La cabeza de puente establecida por los norteamericanos en Leyte fue atacada enseguida por los bombarderos japoneses, cuyos objetivos fueron las fuerzas de tierra y los barcos. Los “kamikazes” hicieron aparición por primera vez lanzando sus aviones cargados de explosivos contra los buques de la escuadra estadounidense, ocasionando graves daños, aunque las pérdidas japonesas superaron con mucho las norteamericanas, pues perdieron gran número de pilotos y aviones que a esas alturas de la guerra resultaban prácticamente imposibles de reemplazar.

La batalla de Leyte está calificada como la mayor batalla naval de la historia, pues los japoneses contraatacaron contra la Armada americana con todo lo que les quedaba. Aun así fueron derrotados: la flota japonesa prácticamente había dejado de existir.

A partir de este instante, los americanos recuperaron las islas Filipinas. Y no sólo eso: además sus fuerzas aéreas lograron dominar por completo los cielos del Pacífico, lo que les permitió bombardear centros industriales en el propio territorio japonés.

El alzamiento del Ejército Patriótico polaco

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Ruinas de Varsovia tras ser sofocada la rebelión

El Armia Krajowa, el Ejército Patriótico polaco, estaba en contacto con el gobierno de su país, exiliado en Londres. Se sublevaron contra los alemanes e intentaron liberar Varsovia. Se alzaron 25000 miembros del Armia, precariamente armados, el 1 de agosto de 1944, apoyados por la Royal Air Force británica, que intentaron lanzar con poco acierto armas y suministros a los sublevados. A pesar de su precariedad, los miembros del Armia lograron dominar parte de la antigua capital polaca y sostuvieron fuertes combates en las calles contra los invasores nazis, pero no lograron dominar ni los puentes del Vístula ni los aeropuertos. Pero convirtieron su gesto en todo un símbolo de afirmación de una patria polaca independiente para después de la guerra.

El intento no fructificó, pues a pesar de la resistencia del Armia, al mando del general Tadeusz Komorowski, las unidades de las SS, dirigidas por el general Erich von dem Bach-Zelewski, dominaron el alzamiento a sangre y fuego. Los soviéticos estaban a muy pocos kilómetros de Varsovia, pero Stalin no tuvo ningún interés en ayudar al Ejército Patriótico polaco. El 2 de octubre los polacos capitularon: habían muerto 15000 miembros del Armia y 150000 civiles. En represalia, decenas de miles de vecinos de Varsovia (los que quedaban) fueron deportados a campos de concentración y la mayor parte de la ciudad, destruida sistemáticamente por los alemanes.

Operación Husky

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Es el nombre en clave del primer asalto a la “fortaleza europea”, es decir, la invasión de Sicilia por las fuerzas aliadas. Se inició la noche del 9 al 10 de julio de 1943 y participaron unos 400 aviones de los que saltaron miles de paracaidistas y 170 planeadores de carga. Después desembarcó un fuerte contingente de tropas desde 3000 unidades navales: 180000 soldados británicos, estadounidenses y canadienses, 1800 cañones, 600 blindados y otros 14000 vehículos. Más de 3000 aviones apoyaron el desembarco de estas fuerzas procedentes del norte de África. Los norteamericanos avanzaron rápidamente hacia Palermo y los británicos a Messina. Los defensores alemanes e italianos se concentraron en Messina, donde no pudieron mantener el frente mucho tiempo, pasando unos 100000 soldados del Eje a la “bota” italiana por el estrecho de Messina, que separaba el nordeste de la isla de Sicilia de la Italia continental. El 17 de agosto los Aliados habían ocupado la isla definitivamente.

Operación Mercurio

Kreta, Vormarsch deutscher Fallschirmjäger, Leichen

Durante la mañana del 20 de mayo de 1941, saltaron sobre Creta unos 15000 paracaidistas de elite alemanes desde setecientos trimotores Ju 52 y otros tantos planeadores DFS 230, en la mayor operación alemana aerotransportada del conflicto. La necesidad de ocupar un emporio estratégico en el Mediterráneo hizo que el Alto Mando alemán preparase minuciosamente la invasión, aunque tal y como sucedió en general durante toda la guerra, los servicios secretos aliados, en concreto los británicos, estaban un paso por delante de los nazis. Así que durante la Operación Mercurio, que es como se denominó en clave, los paracaidistas alemanes se encontraron con más resistencia de la prevista por parte de los defensores británicos, neozelandeses, australianos y griegos de la legendaria isla de Minos, quienes jugaron al tiro al blanco con los alemanes colgados de su paracaídas mientras descendían hacia el suelo. Aun así, eran demasiados para los defensores, por lo que una vez en tierra, se entablaron duros combates en terrenos abruptos. No obstante los alemanes lograron conquistar los aeródromos cretenses en cuatro días. Se tardó más en culminar con éxito la operación de lo que habían previsto los jerarcas nazis, unos siete días. Fue una operación conjunta de la Luftwaffe y de la Kriegsmarine, pero la conquista de la isla fue pírrica, pues costó bastantes bajas a los invasores, de manera que ya nadie pensó en el Alto Mando alemán en diseñar una nueva operación aerotransportada de este calibre. El Führer, siempre tan visionario, sentenció que “la época de los paracaidistas ha pasado”. Desde luego se equivocó, como tantas otras veces.

Los británicos tampoco se fueron de rositas, pues los aviones alemanes lograron echar a pique hasta tres cruceros y seis destructores de la Royal Navy. Los ingleses tuvieron que retirarse ante la que se les vino encima, y el 29 de mayo evacuaron por mar y aire hasta 17000 soldados a sus bases egipcias, mientras que 12000 cayeron prisioneros. Con la invasión de Creta, el Eje lograba una excelente posición estratégica en el Mediterráneo entre Italia y el norte de África, pues dificultaba las comunicaciones entre las distintas posesiones británicas.

La Batalla de los rodamientos a bolas

fabricapanzer-Esta batalla, que pudo ser definitiva y que por cuestiones desconocidas se quedó en «agua de borrajas» es la conocida por «La batalla de los rodamientos a bolas».

Schweiunfurt era una ciudad alemana en la que estaba concentrada la fabricación de los cojinetes de bolas, imprescindibles para el montaje de los tanques, cañones, etc.

En agosto del 43 los bombarderos americanos destruyeron el 38% de esta importante industria. Pero de una manera inexplicable dejaron de bombardear estas fábricas y cambiaron sus objetivos.

Según Speer, que era el Ministro de armamento, dijo que si hubieran seguido bombardeando, habrían producido tal colapso en la producción de armamento que se hubiera perdido la guerra en ese momento.

Un importante fallo de la inteligencia Aliada, ya que, evidentemente desconocían el mal tan grande que estaban ocasionando.

Operación 25: la conquista de Yugoslavia

Last day in Yugo 12-28-1944
Miembros del ejército yugoslavo

De nuevo el fracaso de las tropas italianas en una de sus aventuras militares provocó la intervención alemana para corregir defectos. La fallida intervención del Duce en Grecia ocasionó fuertes desajustes en toda la península de los Balcanes. Las alianzas de países como Hungría, Rumanía y Bulgaria con Alemania permitió a los nazis partir de bases relativamente seguras para dominar la península balcánica.

Así el 6 de abril de 1941 comenzó la ofensiva de los Balcanes, contra Yugoslavia y Grecia. Nos ocuparemos en este post de la Operacion 25, el nombre en clave de la invasión de Yugoslavia desde las bases alemanas de Austria. Hungría, Rumanía y Bulgaria. Los alemanes, quienes en esta ocasión contaron con la ayuda de unidades italianas, húngaras y búlgaras, atacaron en una serie de rápidas incursiones, según su costumbre. El avance de las divisiones acorazadas y la infantería alemanas fueron apoyadas desde el aire por la Luftwaffe, que bombardeó Belgrado, la capital del país, y algunos puntos estratégicos. El Ejército yugoslavo no pudo oponerse a la que se venía encima. Para colmo, los croatas de las fuerzas armadas yugoslavas aclamaron a los invasores como sus liberadores, pues simpatizaban con la causa nazi. El 12 de abril se conquistó Zagreb y el 14 del mismo mes, Belgrado. El 17 de abril capitularon las fuerzas armadas yugoslavas, un país que dejó de existir. Los vencedores se repartieron la extinta Yugoslavia de la siguiente manera: Alemania e Italia se repartieron Eslovenia; Hungría ocupó parte de Voivodina; Italia unificó Montenegro, parte de Macedonia con su provincia de Albania; Bulgaria ocupó el resto de Macedonia; Serbia fue ocupada militarmente y quedó administrada por un gobierno títere de los nazis; Croacia se convirtió en Estado vasallo del Tercer Reich y gobernado por el movimiento Ustacha, de la misma cuerda que fascistas y nazis.

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Josip Broz, «Tito», líder partisano

A partir de este momento, los partisanos yugoslavos ocasionaron serios problemas y fuertes reveses a las tropas de ocupación del Tercer Reich. Según transcurría la guerra, el número y la efectividad de los partisanos yugoslavos se fue incrementando y adquiriendo una fuerza notable en la región. La actitud de los invasores, odiosa para la población civil, favoreció el apoyo a los partisanos. La represalia indiscriminada contra la población autóctona por el apoyo a los partisanos no hizo más que favorecer la resistencia interior. Los partisanos fueron una apoyo constante de las operaciones militares aliadas en la región e impulsaron a su vez crueles acciones contra los ocupantes. Uno de sus líderes, Josip Broz, “Tito”, se convirtió al finalizar la guerra en el presidente de una Yugoslavia rediviva, y uno de los impulsores de la denominada “Tercera vía”, una idea política y estratégica más o menos independiente de los bloques soviético y occidental.

El Día del Águila

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El Día del Águila fue el día que comenzó la mayor ofensiva aérea de la Segunda Guerra Mundial. Fue el 13 de agosto de 1940. La Luftwaffe, la fuerza aérea alemana, atacaba con un gran contingente de aviones a la desesperada Gran Bretaña, que se había quedado sola en Europa resistiendo la embestida nazi, tras la caída de la otra potencia occidental europea, Francia. Este día de marras, cientos de aviones nazis (1000 bombarderos escoltados por 700 cazas) despegaron de los aeródromos y aeropuertos de Holanda, Bélgica y la Francia septentrional, ocupadas hacía poco tiempo, para atacar las bases de RAF (Royal Air Force, la fuerza aérea británica) en el sur de Gran Bretaña, instalaciones de radar en la costa y de la Marina real británica. Los británicos lograron capear el inmenso temporal que se les venia encima porque disponían del mejor sistema detección del mundo: el radar (radio detection and ranging, detección y medición de distancias por radio), que localizaba al enemigo según salía de sus bases, por lo que cuando llegaba a su destino, ya le estaban esperando las defensas inglesas. Antes de que los pilotos alemanes alcanzasen la costa inglesa, los cazas británicos estaban en el aire, dispuestos a hacerles frente.

El Alto Mando alemán pensaba que si la mayor parte de la aviación británica estaba defendiendo las costas del sur de Gran Bretaña, sería fácil atacar la zona norte de la isla, por lo que la Quinta Flota aérea alemana atacó allí el 15 de agosto. Un error de cálculo, pues los atacantes fueron recibidos por la potente defensa antiaérea británica, que logró derribar a numerosos bombarderos alemanes, causando pérdidas tan enormes a la Quinta Flota alemana, que no pudieron reponerse antes de finalizar la batalla de Inglaterra. Si este día, los británicos ganaron el encuentro, el 18 de agosto, se produjeron por ambas partes el mayor número de pérdidas de toda la batalla aérea, pues la RAF perdió 136 aviones y 30 pilotos, por 100 aparatos y 62 pilotos de la Luftwaffe. Las pérdidas de pilotos alemanes eran más importantes, pues muchos de ellos, si conseguían salvar la vida, caían prisioneros de los británicos, siendo irreemplazables. Los británicos, caían sobre el suelo de su patria, y eran capaces de volver a combatir de nuevo, si había aparatos disponibles, claro. Otro de los problemas de los bombarderos y cazas alemanes es que cuando atacaban objetivos muy alejados de sus bases, solían tener que volver por quedarse sin combustible sin haber conseguido llevar a cabo su triste misión de muerte y destrucción.

Como los ataques alemanes sobre instalaciones militares no surtieron el efecto deseado, Hitler ordenó atacar objetivos estratégicos en el entorno de Londres. Es posible que algunos pilotos se desorientasen y bombardeasen objetivos civiles, algo que tenían absolutamente prohibido, al menos hasta ese momento. Churchill envió sus aviones a bombardear Berlin en represalia. En concreto destruyeron el aeródromo Temperholf y una fábrica de Siemens. Además, Churchill, astuto él, hizo coincidir el bombardeo con la visita del ministro soviético de Exteriores, Molotov, a Berlín. Hitler se quedó atónito ante la respuesta británica, y ordenó a su vez el bombardeo de las ciudades inglesas. La batalla de Inglaterra había comenzado. Y Molotov debió pensar que Inglaterra no estaba tan acabada como le había dicho su homólogo alemán, Ribbentrop. Todavía había partido.