Ángel Sanz Briz, el Ángel de Budapest, “Justo de la Humanidad”

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Cuando en marzo de 1944, Himmler envió a uno de los apóstoles de la Solución Final de la cuestión judía, Adolf Eichmann a Hungría con las unidades SS para eliminar a “elementos subversivos judíos”, un español, Ángel Sanz Briz, secretario de la embajada española en Budapest, decidió tomar cartas en el asunto por cuestiones meramente humanitarias.

Angel Sanz Briz

Con la brutal orden bajo el brazo, Eichmann comenzó a deportar a los judíos hacia un destino incierto a los campos de exterminio. El gobierno húngaro pronazi de Ferenc Szálasi, miró para otro lado descaradamente, pues no pareció importarle la suerte de cientos de miles de sus compatriotas.  Pero a Sanz Briz, a la sazón joven diplomático de 32 años, sí que le importaron las vidas de esas personas que iban directas a la muerte en cámaras de gas. Se jugó la carrera y quizás su propia vida por salvar a los que buenamente pudo. Para ello se valió de una astuta argucia: expedir certificados falsos en los que se concedía la nacionalidad española a los judíos. Para lograrlo se basó en un Real Decreto de 1924 de la época del dictador Primo de Rivera en la que se reconocía dicha nacionalidad española a los judíos sefardíes, descendientes de aquellos que fueron expulsados por los Reyes Católicos, allá por 1492, según dijeron, en aras de la unidad religiosa. Y para dar satisfacción a las altas jerarquías eclesiásticas del recién unificado reino.

El gobierno español había concedido 200 pasaportes a la embajada española en Hungría, pero según contó años después Ángel Sanz, “los convertí en doscientas familias; y las doscientas familias se multiplicaron indefinidamente gracias al simple procedimiento de no expedir documento o pasaporte alguno con un número superior a doscientos”. Vamos, una falsificación en toda regla, pero con las mejores intenciones. La embajada española no podía albergar entre sus paredes a tanto “nacionalizado español” de nuevo cuño. Así que el sagaz e intrépido secretario se las compuso para alquilar los inmuebles suficientes para albergarlos a todos. En las viviendas alquiladas, se pusieron placas con el escudo de España y un letrero que decía: “Anejo a la legación española”.

Sanz Briz recibió la visita de dos fugitivos de Auschwitz que le relataron lo que estaba ocurriendo en los campos de concentración, y remitió al gobierno español un informe en el que denunciaba el exterminio de judíos en cámaras de gas. Parece ser que Franco, como tantas otras autoridades de la época, no se dio por enterado, aunque corrió por ahí el bulo de que salvó a muchos judíos. Franco, como amigo y aliado de Hitler, no tuvo problemas en incorporar a su discurso ideológico el antisemitismo nazi (aquéllo de la conspiración judeo-masónica…), aunque en España no había judíos (o había muy pocos) desde 1492. También es posible que el antisemitismo del régimen franquista procediese también de la Alemania nazi, pero a través de las ideas falangistas de Onésimo Redondo, que durante una breve estancia en el Tercer Reich, había quedado fascinado por el modus operandi y toda la parafernalia puesta en marcha por los nacionalsocialistas. Quizás lo que más le impactó fuese la movilización de grandes masas de gente aclamando los encendidos discursos del mesiánico líder.

La actitud de Ángel Sanz y otros diplomáticos españoles que también lograron salvar judíos (por iniciativa propia y no cumpliendo órdenes “de arriba”), ayudaron al régimen de Franco a lograr cierto reconocimiento en los países vencedores tras la guerra. Aunque estudios posteriores demostraron que su política al respecto fue obstruccionista. Ángel Sanz, el Ángel de Budapest, fue nombrado “Justo de la Humanidad” por instituciones judías después de la guerra.

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